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La Calle Maceo

La Calle Maceo Manifestación: Generales 

Elemento básico del entorno es la calle Maceo. Partiendo del centro de la villa —el barrio de la Iglesia Mayor, más tarde de la Parroquial Mayor; actual parque Agramonte y zonas aledañas—, y entre la segunda mitad del siglo XVII y el siglo XVIII, surgió un sendero que vinculaba al referido centro con la salida hacia los embarcaderos de la costa norte.

Para ir al Jigüey y, más tarde a La Guanaja, se remontaba el camino que dio lugar a la calle de la Reina (hoy República). Ese sendero, que también permitía el enlace con el barrio y templo de La Soledad, constituiría más tarde la calle de San Pablo (hoy Torres Lasquetti).

Así, en los primeros tiempos, San Pablo se extendía desde Soledad (hoy Mayor General Ignacio Agramonte; y durante la república neocolonial, Estrada Palma) hasta la Plazuela del Puente, y conectaba con el Paso Real del Hatibonico, más tarde puente de La Caridad.

Con el tiempo, se segregó de ella el tramo comprendido entre las plazas de La Soledad (también conocida como plaza de "El Gallo", por un antiguo establecimiento comercial homónimo; redenominada Plaza de la Solidaridad luego del triunfo de la Revolución) y de Paula (hoy, plaza de Maceo), es decir, la actual calle Maceo.

El paso de Puerto Príncipe, hacia 1800, de ciudad ganadera a ciudad comercial, y su paso a la modernidad, originó que aparecieran en esas dos cuadras de algunas casas que se dedicaban a la venta de géneros y vituallas, que en un inicio venían de España y eran desembarcados por La Guanaja. Esto hizo que empezaran a conocerse como calle de los Mercaderes.

Tiempo después se les llamó calle de los catalanes, por la presencia de numerosos negociantes de ese origen, que se establecieron aquí procedentes de Santiago de Cuba. En esa época eran dos los tipos de establecimientos presentes —y abundantes— allí: baratillos, bazares o mercerías, los que vendían géneros y efectos no comestibles; y pulperías, las que vendían víveres y comidas y bedidas.

Así, en las primeras déçadas del siglo XIX, esta porción de la calle de San Pablo era ya conocida por el Comercio; el Cabildo acordó llamarla oficialmente de ese modo. A la vez, el síndico capitular, don Juan de Dios Agramonte y Betancourt, propuso y fue acordado que se retirasen las pulperías y sólo quedasen los baratillos y los bazares.

En 1840 se describía de este modo a las tiendas de ropa de Puerto Príncipe: «De pocos años a la fecha se han abierto muchas de estas lujosamente exornadas donde se encuentran toda clase de géneros, surtiéndose de La Habana [...] Por las noches se hallan iluminadas de hermosas lámparas de quinqués a varias luces, las que con sus reflejos comunican con la mayor claridad a las calles en que están situadas, que sin duda alguna son las más concurridas, principalmente a esas horas. Puede decirse que es el más ameno paseo nocturno que tenemos [....]».

Ya a mediados de siglo, de 28 inmuebles en la calle, 27 tenían instalaciones comerciales. Era una vía digna, atractiva, cuya animación duraba hasta la hora en que se cerraban los establecimientos, que fue fijada a las once de la noche por las Ordenanzas Municipales de 1856. Y aún hoy la moderna calle Maceo sigue siendo la artería principal de la ciudad.

La calle del Comercio tuvo como tradición las «tertulias», en las puertas de determinados establecimientos, sentados los vecinos en taburetes o «asientos de cuero», de 7 a 10 u 11 de la noche, hora del cierre. Fueron célebres las de la puerta de "El Vapor", una de las mejores tiendas de ropa, y que suministraba por contrato las vestimentas de las tropas coloniales españolas destacadas aquí. De ellas participaban también autoridades, oficiales y personalidades notables de Puerto Príncipe.

Fundada por don Luis Fernández Rodríguez, a inicios de siglo, sustituyó a un baratillo de igual nombre, y tuvo su mayor auge en la etapa en que fue su propietario don José Álvarez Flores. Desapareció por incendio en 1905 cuando era propietario Ceferino Díaz.

El 10 de diciembre de 1898 se le comenzó a denominar calle de Maceo, oficializado en enero de 1899, como tributo de recordación del Camagüey al lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales.

Autor: Héctor Juárez Figueredo