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Nace María Villar Buceta

María Villar Buceta

El 21 de abril de 1899, en el poblado Pedro Betancourt, en la provincia de Matanzas, nace María Villar Buceta. Escritora autodidacta, desde que tenía 16 años comienza a publicar trabajos y poemas en distintas publicaciones de La Habana. Y su calidad hizo pensar a los críticos que se debían a un autor consagrado, oculto tras un seudónimo. En 1921 se traslada con carácter definitivo hacia la capital cubana y empieza a trabajar como secretaria de redacción y redactora del diario La Noche, y después en El Heraldo de Cuba. Igualmente, colabora con otras publicaciones y después labora en la organización y desarrollo de bibliotecas.

Familia:

Nació el 25 de abril de 1899 en Corral Falso de Macuriges -actual Pedro Betancourt. Hija de Froilán Villar González, natural de Santander, España, y de Petra Buceta, natural de Colón, Cuba.

Primeros estudios:

Hasta la edad de 11 años María logró cursar su enseñanza primaria en el Centro Escolar Varela, estos fueron los únicos estudios formales que realizó. La muerte temprana de su madre la obligó a abandonar la escuela y a enfrentar la crianza de sus hermanos menores, las labores rutinarias y extenuantes de ama de casa y la difícil conquista del pan en pleno inicio de la adolescencia. La pobreza imperante en el hogar y el atraso cultural predominante en el entorno provinciano, conspiraron contra sus apetencias de desarrollo intelectual.

Estos contratiempos habrían amilanado cualquier espíritu, mas no el suyo; María se convirtió en una verdadera autodidacta. Su afán por la lectura le ofreció nuevos horizontes a sus sueños e inquietudes líricas. Y así en un medio nada favorable, inició el cultivo de su poesía.

Inicio de su obra:

Alrededor de 1915, comenzaron a publicarse en algunos diarios los primeros poemas de María. El 3 de abril, su soneto titulado “Desilusión” , apareció en el Diario de la Marina. En 1916, decidió incursionar también en el campo periodístico. El 3 de octubre, apareció en el Heraldo de Cuba, su primer trabajo, “El hombre nuevo”, artículo que describía el triste modo de ser y de actuar de la burguesía, mediante un diálogo entre un burgués y un bohemio. Sin embargo, no es hasta su traslado a La Habana , en 1921, que María se convirtió oficialmente en periodista.

Mientras tanto, seguía con su obra poética. En 1917 María le dirigió una carta al director de la revista El Fígaro para ofrecerle su poesía. Esta carta, publicada con tres de sus poemas, el 14 de enero, sentó las bases de su colaboración con la revista hasta el año 1925. También en otras revistas comenzaron a aparecer los versos de la joven autora. Así en 1918 tres de sus poemas –“Ascensión”, “Canto de redención” y “Psiquis”– vieron la luz en la Revista Social, que publicó sus poesías hasta 1929.

Hasta 1921 María colaboró desde su localidad en la revista habanera Castalia, dirigida por Roger de Lauria y Paulino G. Báez. Pero ese mismo año se trasladó con su familia a La Habana, donde comenzó a trabajar como secretaria de redacción y como redactora del diario La Noche, que dirigía Leopoldo Ros. Más tarde, desempeñó los mismos cargos en El Heraldo de Cuba, órgano del liberalismo político, dirigido por Manuel Márquez Sterling.

Publicaciones:

El 24 de febrero de 1923 María publicó en La Noche el artículo titulado “El 24 de febrero y yo”, en conmemoración del aniversario de ese acontecimiento histórico. El artículo revelaba sus sentimientos revolucionarios y su inclinación hacia el internacionalismo. Estas ideas le propiciaron el primer encuentro con Rubén Martínez Villena. A partir de aquí se selló una amistad y comunión de ideales entre María y Rubén, que duraría por siempre.

El año 1923 resultó trascendente en el desarrollo histórico, político, social y cultural de Cuba, porque en él y a partir de él, se produjeron acontecimientos que cualitativamente marcaron para siempre el devenir de la isla. La creciente toma de conciencia del proletariado, la reforma universitaria en varios países latinoamericanos y el movimiento estudiantil sirvieron para abrir el camino; y en 1923 había en Cuba condiciones, tanto objetivas como subjetivas, para que se produjeran hechos como la “Protesta de los Trece”, la formación de “La falange de acción cubana” y “El movimiento de veteranos y patriotas”, en los que estuvieron involucrados jóvenes deseosos de darle un vuelco no solo a la cultura, sino a la chata vida nacional. Esos jóvenes, que no pertenecieron a ningún partido u organización política y que provenían, clasistamente, de la pequeña burguesía, alcanzaron un prestigio nacional e internacional porque, entre otras razones, impulsaron el rompimiento del atraso cultural que existía en Cuba, aunque supieron valorar el pasado y, a la vez, asimilar las más novedosas corrientes artísticas de su época.