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La casa natal de Gertrudis Gómez de Avellaneda

Casa natal de Gertrudis Gómez de Avellaneda, grabado Manifestación: Patrimonio 

De todas las épocas existen casas que han devenido en hitos dentro de la historia del arte, según determinados valores como la antigüedad, la ocurrencia de ciertos eventos históricos o ser paradigmas arquitectónicos y/o artísticos, entre otros.

Sin embargo, un suceso que las señala especialmente es el nacimiento de alguna figura descollante, como es el caso de la vivienda colonial número 22 de la calle San Juan, reconocida en el contexto actual como Avellaneda 67, donde viniera al mundo Gertrudis Gómez de Avellaneda, La Avellaneda, también conocida con los sobrenombres de Tula y La Peregrina.

Inmensa en todos los géneros literarios, La Avellaneda fue reconocida en vida por otros grandes talentos que la coronaron con el laurel del triunfo. Todavía hoy es merecedora de elogiosas críticas, tanto por el dominio del oficio, como por el mensaje de su obra.

La pasión por la senda que escogió para sus pasos, le permitieron salir airosa del desafío con la muerte al quedar inmortalizada entre los imprescindibles de las letras hispanoamericanas.

A través de los años, la vetusta casona colonial donde naciera Gertrudis Gómez de Avellaneda perdió muchos elementos constructivos originales del período colonial, pues participó como testigo y reflejo del quehacer de los hombres en distintas épocas. No obstante, al mismo tiempo que la investigación se adentra en un pasado aún cercano, todavía es posible develar detalles entre sus límites espaciales, donde transcurrió la intimidad de la vida privada y familiar.

El dato más antiguo acerca de la existencia del inmueble, hasta ahora encontrado, data del 17 de marzo de 1794, cuando Dª. María de la Soledad Rodríguez reconoció, ante Francisco León López, la capellanía fundada por Feliciana Sánchez y Torres.(1)

Le sobreviene un período de silencio de 25 años que queda roto el 6 de febrero de 1849, gracias a D. Saturnino Carrias, quien, con un poder otorgado en la ciudad de Segovia, España, por el Coronel de Infantería D. Isidoro Escalada y su esposa, Dª. Francisca de Arteaga, vende la casa a D. Juan de Dios Romero y Zaldívar por la suma de $ 6 000. Para satisfacer el testamento del fallecido D. Manuel Gómez de Avellaneda, Comandante de Marina, primer esposo de Dª Francisca y padre de La Avellaneda, le fueron entregados a sus hijos D. Manuel $ 572 002 reales y a su hija Dª Gertrudis, $ 2 572 003 reales,(2) a partir de este momento, la familia perdió su vínculo con la casa.

En el documento de la compra de Romero consta que la casa linda, por la derecha, con la número 20 de la sucesión de Dª. Concepción de Varona; por la izquierda, con la número 24 de Dª. Olimpia Ronquillo y, por el fondo, con los terrenos de la número 63 de la calle de la Reina, hoy República, siendo su extensión superficial de 400 metros planos.(3)

La Avellaneda murió en el año 1873 y, como reconocimiento a su fructífera vida, ese mismo año se confeccionó una placa de mármol donde aún hoy se lee: Aquí nació y vivió Gertrudis Gómez de Avellaneda 1814- 1873, sin embargo, la negativa del dueño de la casa a su colocación en la fachada, dio lugar a la queja del Sr. Enrique José Varona en la sesión del Ayuntamiento del 16 de agosto del propio año 1873(4). En respuesta, el día 23 del propio mes, se encargó la solución del asunto al Teniente Alcalde D. Antonio de Varona y al Regidor D. Federico de Varona(5); no se recoge en este documento la fecha de su colocación.

Al ocurrir la muerte de D. Juan Romero, la casa pasa a ser propiedad de su viuda Dª. Dolores Zayas Bazán, pues la otra heredera, hija del fallecido, expresa su voluntad de que sea su madre la única propietaria, hecho que se oficializa el 3 de septiembre de 1892 ante el notario Federico Castellanos y Arteaga. La tasación del inmueble le otorgó un valor de $ 6 000 oro, por lo que es de suponer su valor como edificación, su buen estado constructivo y las mejoras llevadas a cabo por el señor Romero entre las que se encuentran el cambio de las rejas de madera por las de hierro en la fachada.(6)

El 11 de febrero de 1918 la casa, valorada en $ 12 000, se inscribe a nombre de D. Joaquín Recio y Romero, D. Nicolás Agustín Recio y Zayas Bazán y Dª. Eva Angélica, D. Mario Emilio y D. Osvaldo Adán y Romero como herencia intestada en comunidad y proindiviso ante el notario José Julio Martínez Giralt, tras el fallecimiento de Dª. Isolina Romero y Zayas Bazán[7]. Los hermanos Mario Emilio Adán y Romero, Osvaldo y Eva Angélica, le vendieron a Nicolás Agustín Recio y Zayas Bazán por $ 8 000 moneda oficial ante Omelio Freyre y Cisneros el 21 de mayo de 1920[8].

A la muerte de D. Nicolás, la casa pasa a ser propiedad de su hijo Joaquín Recio Romero, quien la inscribe ante Mario Recio Fons el 17 de abril de 1926.(9) Dos meses después, decide venderla por $ 23 000 a Esther Montell Rivero, esta vez el encargado de los trámites correspondientes fue el notario Gaspar Barreto Castellanos(10).

La nueva propietaria solicitó permiso al Ayuntamiento para efectuar mejoras en la casa entre las que se especifica la construcción de una nueva cocina con el techo de hormigón armado y cabillas de acero, el piso de losa hidráulica (mosaico) y la colocación de dos fregaderos que ocuparon el lugar de los antiguos lavaderos; se indica además que la casa está entroncada con el alcantarillado(11).

La última inscripción de esta casa, tiene fecha de 3 de septiembre de 1985 cuando María Esther Maciá Montell la hereda de su madre ante el notario Héctor Don Varona(12). Miguel Alonso Maciá es su actual propietario, vive aquí desde hace 51 años y es nieto de Esther Montell.

En la vivienda se aprecia la amplia fachada apaisada con pretil liso y la asimilación de los códigos eclécticos en la carpintería de sus puertas y ventanas y en las rejas de hierro. También se aprecia el uso de las molduras alrededor de los vanos, y las ventanas a ambos lados de la puerta, con el zaguán a un costado, igual a como fue construida en la etapa colonial.

La sala conserva el techo de armadura con tapajuntas, tirante pareado y los cuadrales en las esquinas para consolidar su estructura. El arco trilobulado es sencillo y permite el ingreso a la segunda crujía que tiene techo de colgadizo. En la zona correspondiente a la galería que comunica con el amplio patio, existe un bajante pluvial para la recogida del agua y se conservan las cuatro columnas de fuste redondo sobre su pedestal coronadas con sencillo capitel.

A la derecha del patio se alinearon los cinco enormes tinajones que antes estaban ubicados en distintos lugares del mismo, mientras que en el centro se colocó una fuente de estilo ecléctico. También se construyó un espacioso comedor en la galería del fondo del propio patio decorado con enchape de losa cerámica de gran belleza y techo de losa catalana.

En uno de los laterales se construyeron siete habitaciones donde también se aprecia el uso de la placa catalana. La esposa del actual dueño, apunta que fue entre 1958 y 1959 cuando se colocó la persianería de cristal.

Al entrar al zaguán, que hoy hace de garaje, se descubre el buen estado del techo a cuatro aguas con sus correspondientes cuadrales. También se conservan de la carpintería colonial las puertas de painel de las habitaciones que comunican con la sala y con la de la segunda crujía y las dos ventanas de balaustre torneados con dos callos que dan a la galería.

A través de los elementos arquitectónicos que se conservan, la vivienda evidencia su origen colonial en las dos primeras crujías hasta la galería mientras que con la llegada del siglo XX, se suman elementos del código ecléctico en la fachada de la vivienda, el lateral izquierdo con los dormitorios, el comedor y la fuente del patio. No obstante, la integración entre "lo viejo"y "lo nuevo" se hizo de forma tan respetuosa, que acentúa su valor como ejemplo logrado de adaptación arquitectónica a las nuevas funciones y necesidades que aparecieron con el tiempo.

Preservar este inmueble de indudable valor arquitectónico e histórico, contribuirá a fortalecer la esencia de nuestra identidad cultural a la vez que un lugar de reconocimiento a Gertrudis Gómez de Avellaneda.

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Notas

1. AHPC, Anotaduría de Hipotecas, libro 6, folio 1v.

2. AHPC, Protocolo Notarial Juan Ronquillo, folio 74.

3. Registro de la Propiedad, tomo 45, folio 223, # 2370

4. AHPC, Ayuntamiento de Camagüey, Fuera de caja # 50, folio 160v.

5. Ibíd..,folio 162v.

6. AHPC, Ayuntamiento de Camagüey, Fuera de caja 53, folio 195.

7. Registro de la Propiedad, tomo 323, folio 148.

8. Ibíden.

9. Ibíd.., folio 156.

10. Ibíd.., folio 157.

11. AHPC, Ayuntamiento de Camagüey, legajo 104, expediente 19, s\ f.

12. Registro de la Propiedad, tomo 323, folio 160v.

Autor: MsC. Lilian María Aróstegui Aróstegui, Tomado de www.ohcamaguey.co.cu