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Conservar como oro el ingenio El Oriente, exponente de la identidad camagüeyana y cubana

Paisaje camagüeyano Manifestación: Generales 

El ingenio El Oriente, construido en el actual municipio camagüeyano de Sibanicú y a 64 kilómetros de la cabecera provincial, constituye el conjunto monumentario de la industria azucarera cubana más conservado. Cuenta con 14 000 m2 de área total.

Su desarrollo se inicia en 1844 como batey azucarero, en 1903 pasa a ser hacienda ganadera y en la etapa revolucionaria posee un uso mixto al convertirse en centro administrativo y de servicio de la granja Oriente Rebelde.

Después de una larga etapa de abandono, en 1987 se somete a un proceso de investigaciones históricas, arqueológicas, arquitectónicas, técnico-constructivas y las relacionadas con el proceso industrial azucarero, y se realizan levantamientos arquitectónicos, fotográficos, de deterioros y de materiales, para poder establecer la línea de conservación a seguir.

Con la información recopilada se pudo corroborar la relevancia histórica del lugar. Fue allí donde el 11 de noviembre de 1868 Ignacio Agramonte y Loynaz se incorpora a las filas insurrectas; sus propietarios, pertenecientes a una opulenta familia principeña, los Luaces Iraola, tuvieron una destacada participación en la guerra grande, fue punto de reunión de los principales jefes del movimiento insurreccional en el territorio camagüeyano; el generalísimo Máximo Gómez Báez acampó en El Oriente y el 30 de julio de 1895 combatió en sus potreros.

Dice la tradición oral que la campana, aún existente, llamaba al inicio de las faenas diarias en el antiguo batey, y que quizás repicara ante la fuga de algún esclavo.

En 1903 el latifundista Bernabé Sánchez Batista adquiere la finca y la dedica a la cría, ceba y ordeño de ganado mayor; radica en ella una fábrica de queso Gruyere que en 1937 elabora 1000 libras diarias.

Durante la investigación arqueológica se realizaron calas, calicatas y trincheras, descubriéndose tres tipos de ladrillos que ayudaron a datar las construcciones del recinto y comprobar la existencia de dos etapas constructivas. Además, se sacaron a la luz conductos, aljibes industriales y la cimentación de la maquinaria utilizada en la producción del azúcar, surgieron las canales soterradas de alimentación del aljibe industrial y doméstico desde colectores pluviales adosados a la fachada de la casa de vivienda.

También se pudo determinar la cocina bodega para blancos y perimetral a la casa de molienda. Por su parte las trincheras aportaron la evidencia de los restos de la casa de calderas, casa de purga y casa de tonelería.

Fue posible realizar la reconstrucción hipotética de los componentes del recinto en los tres periodos:

En la etapa colonial mantiene todos sus componentes como una instalación industrial azucarera.

En la república, con el cambio de uso como hacienda ganadera pierde tres grandes edificaciones industriales: la casa de calderas, la casa de purga y la de bagazo; se construye una tapia perimetral y la casa del mayoral; se producen grandes transformaciones en el barracón de negros.

En la etapa revolucionaria pierde la casa de tonelería, que ya había cambiado su uso original, usándose para vaquería y ordeño; es la etapa de mayor afectación al conjunto, con la alteración de espacios y la construcción de añadidos. Gracias a la investigación del proceso industrial azucarero del ingenio, se pudo conocer que el mismo atravesó por dos etapas: el inicial trapiche de masas horizontales y tracción animal se sustituye por la máquina de vapor instalada a fines de la década de 1850 con lo que se convierte en el mayor de la jurisdicción. Contaba con 128 caballerías y una dotación de 120 esclavos. En la zafra de 1859–1860 se producen 14210 quintales, lo que representa el 5,5% de la producción total de azúcar del Puerto Príncipe.

El batey lo forma un grupo urbanísticamente coherente de ocho objetos de obra destacándose por su conservación y originalidad la casa de vivienda, la casa de molienda y el barracón de negras.

La Casa de Vivienda consiste en una añeja casona colonial con algunos elementos del neoclásico imperante en la época, fue construida en 1858 y usada posteriormente como oficina y vivienda.

De forma octogonal, la Casa de Molienda, con su complicado y genialmente elaborado techo de armadura, fue convertida en círculo social, aula y taller.

El Barracón de Negras no sufre transformaciones. Fue usado como almacén, ferretería y viviendas.

El Barracón de Negros que llega a nuestros días no es original, se demuele parcialmente en 1920 y con él la segunda planta para montar una fábrica de queso y mantequilla. Se le construyen los sótanos para nevera, este es el objeto de obra que sufre mayores transformaciones. Funcionó como bodega y servicios a la población.

La Caballeriza-Enfermería fue punto de embarcadero de ganado para la venta y exposición, aun conserva el embarcadero; se usó además como almacén.

Al convertirse en albergue para los trabajadores y viviendas, la Cocina-Bodega sufre transformaciones.

La Casa del Mayoral se edificó en 1919. Anteriormente el mayoral vivía en parte del barracón de negras. Se transforma al convertirse en cocina comedor para los trabajadores albergados.

La investigación técnico–constructiva permitió conocer los materiales y técnicas empleados; se realizó el registro general de deterioros para estudiar sus causas y proponerles solución.

En la Casa Molienda un total de catorce horcones de jiquí hincados en el terreno soportan una armadura octogonal compuesta por rollizos, ocho limas y ocho pectorales de sección rectangular que se apoyan en soleras trancadas con cuadrales. En su parte más alta cerrando la estructura se coloca a compresión un piñón de dieciséis rayos asociados con las limas y los pectorales.

Perimetralmente a esta estructura se desarrolla un colgadizo formado por rollizos, ocho limas y tablazón, apoyado sobre soleras que descansan en dieciséis horcones hincados en el terreno. En la cubierta de tejas criollas se destacan ocho carreras de tejones en la transición de un faldón a otro.

La investigación arqueológica realizada en la parte central de esta construcción sacó a la luz un conjunto de conductos y canales así como la cimentación de las maquinarias utilizadas en la obtención del azúcar, los que aparecieron a diferentes profundidades y confeccionados a base de piedra y ladrillos. Los pisos son de ladrillo.

Partiendo del registro general de deterioros realizado, consideramos que las causas fundamentales que han propiciado el deterioro son la humedad, la falta de mantenimiento, las fallas estructurales, la edad y la acción del hombre.

Entre los deterioros más comunes se encuentran el colapso generalizado de techos y cubiertas, un fuerte agrietamiento en la torre chimenea y uno de los más graves lo ha propiciado la acción humana sometiendo al conjunto monumentario a diversos usos distantes del antaño batey azucarero.

El desuso es el peor uso que se le puede dar a cualquier construcción, esto unido a usos inadecuados y a la falta de mantenimiento ha llevado a esta joya del repertorio industrial azucarero a un estado de deterioro avanzado y a la irreparable pérdida de algunos de sus componentes, los cuáles según referencias de documentos históricos poseían valores arquitectónicos y relevante majestuosidad.

Un diagnóstico general arroja dos alternativas: si se le otorga un nuevo uso adaptativo garantizamos su permanencia, pero si no somos capaces de dotarlo de una política consecuente y permanente de rescate y mantenimiento perderemos lo que aún queda de lo que fuera el próspero ingenio El Oriente.

La conservación del mismo constituye un reto y debe abordarse con visión panorámica de orden social y económico.

Lo mejor que le puede suceder al conjunto monumentario de "El Oriente" es que mantenga su vida, acumulando a lo largo del tiempo el aporte de nuevas generaciones.

La Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, apoyada en las autoridades del territorio, promueve y estudia las vías apropiadas para su conservación y valorización; pero, sin duda alguna, urge el concurso de todos.

El Oriente es motivo de orgullo nacional, su arquitectura e historia integran la configuración de la nación cubana; sus vetustos muros y su gloriosa campana son también testigos y partes de la construcción de nuestra identidad.

Autor: Teresita García García del Busto, Tomado de www.ohcamaguey.co.cu