Sello de Calidad
Portada » Patrimonio Camagüeyano » Camagüey Legendario » Incendio de Guáimaro: una corona de hogueras

Incendio de Guáimaro: una corona de hogueras

Obelisco en Guáimaro Manifestación: Generales 

La historia de Cuba es rica en hechos que muestran el sacrificio del pueblo por lo más sagrado: la nación. En la épica Guerra de los Diez Años, el incendio de Guáimaro por los revolucionarios cubanos constituye un episodio digno de recordar. Guáimaro debe su nombre a una voz aborigen con la que los primitivos habitantes denominaban a un árbol que a la llegada de los españoles se encontraba muy extendido por toda la zona.

En 1868 era una villa y cabecera del partido pedáneo de su mismo nombre, con una población que pasaba los mil habitantes y una iglesia católica de sólida construcción de tres naves y una torre con reloj público que marcaba el tiempo citadino.

En la villa funcionaban alrededor de quince establecimientos de torcer tabaco y se decía entonces que en el pueblo se torcía el mejor tabaco de Vuelta Arriba.

Cada año, en dos oportunidades, se celebraban ferias comerciales a las que asistían importantes personalidades desde Puerto Príncipe hasta Bayamo y Manzanillo.

Cotidianamente, muchos de sus habitantes salían a las haciendas cercanas a trabajar como monteros o peones y en las tardes regresaban al calor del hogar. Los bailes, las verbenas, serenatas y lides diversas eran muy esperadas.

El 4 de noviembre de ese año, el mismo día del alzamiento de Las Clavellinas, una partida insurrecta dirigida por los hermanos Napoleón y Augusto Arango y Luís Magín Díaz, e integrada, entre otros, por Gregorio Benítez (Goyo) y Carlos Agüero García, ocuparon el poblado defendido por una guarnición de 30 hombres.

La posición geográfica de Guáimaro, territorio intermedio entre Camagüey y Oriente y dominado por los revolucionarios, determinó que fuese el lugar seleccionado por los mambises para efectuar la reunión o constitución de un único poder revolucionario.

El 10 de abril de 1869 se inició la Asamblea Constituyente de la que nació la República de Cuba en Armas. "Constitución", "Cámara de Representantes", "Presidente", "Céspedes", "Ejército Libertador", "General en Jefe", "Manuel de Quesada", "!Libertad!" eran relámpagos en momentos de tormenta brava o "feria de almas" (1) como lo describió José Martí.

El olvidado poblado se convirtió en noticia diaria en los periódicos integristas de La Habana que exigían a las autoridades coloniales operaciones militares contra los "asesinos e incendiarios", como llamaban a los insurrectos que se habían levantado en armas.

Días después el mando español dejó correr la información que preparaba una fuerte columna con fuerzas de las tres armas ―infantería, caballería y artillería― para recuperar el poblado.

El mayor general Manuel de Quesada envió noticia al Gobierno en Armas y ordenó a sus colaboradores en Puerto Príncipe corroborar la noticia. Comprobado el ajetreo de los militares en la ciudad, decidió destruir la localidad por medio del fuego. Envió al patriota José Manuel de la Torre comandante de armas de la Villa, la orden de incendiarla y para ello decidió que 100 hombres, bajo las órdenes del coronel Manuel de Jesús Valdés Urra (Chicho) fuesen al lugar para colaborar en la ofrenda patriótica.

También el Gobierno en Armas y pobladores del lugar acordaron incendiarlo ―como se había hecho en Bayamo― y entregar al enemigo solo las cenizas. En la mañana del 10 de mayo, en la plaza pública, se acopió aceites, vinos y otros combustibles que facilitaran el incendio de casas de mampostería y tejas de muy buena factura y elegancia.

Las primeras edificaciones que esparcieron sus llamas fueron las del entorno de la plaza, especialmente la oficina del telégrafo, ubicada en la esquina de las calles de Las Banderas y Príncipe. El incendio se fue extendiendo a otras partes del pueblo y destruyó aproximadamente ocho manzanas que no estaban urbanizadas del todo. La iglesia, aunque fue afectada, no quedó destruida.

Ana Betancourt, la patriota que más alto defendió los derechos de la mujer cubana en estos años, abandonó la villa con su esposo enfermo, cuando el espeso humo lo envolvía todo. Años después recordaría: "[…] todo mi ser se conmueve al recuerdo de aquella noche, noche terrible en que se oían por todas partes el rumor de las llamas y el ruido que producen lo techos y puertas al caer para ser devoradas por las llamas" (2)

En la Villa, consumida por la llamas, no quedó nadie en los primeros momentos, sus vecinos se refugiaron en poblados cercanos como Berrocal, Borbollón y fincas como La Caridad, donde un año después fue capturado Oscar Céspedes y Céspedes, hijo de Carlos Manuel de Céspedes. (3)

El Ejército Español necesitó siete meses para organizar la fuerte columna de las tres armas, bajo el mando del mariscal de origen dominicano Eusebio Puello, y ocupar los restos del pueblo heroico.

Nuestro Héroe Nacional, José Martí, que consideraba a Guáimaro un símbolo de unidad, valoró justamente el sacrificio de los patriotas, continuadores del ejemplo bayamés. Un mes después [de la Asamblea], se ordenó, con veinticuatro horas de plazo para la devastación, salvar del enemigo, por el fuego, al pueblo sagrado, y darle ruinas donde esperaba fortalezas. Ni las madres lloraron, ni los hombres vacilaron, ni el flojo corazón se puso a ver cómo caían los cedros y caobas. Con sus manos prendieron la corona de hogueras a la santa ciudad, y cuando cerró la noche, se reflejaba en el cielo el sacrificio. Ardía, rugía, silbaba el fuego grande y puro; en la casa de la Constitución ardía más alto y bello […] (4)

Notas

1. José Martí. Obras Completas Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. t 4, p. 389.

2. Nidia Sarabia: Ana Betancourt, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p. 67-68.

3. La detención del hijo del presidente de la República, determinó que en mayo de 1870 el capitán general de la Isla, Caballero de Rodas, le enviara un mensaje comunicándole que su hijo menor, había sido capturado y condenado a muerte. Le proponía ofrecerle la vida del joven a cambio de un arreglo personal, cuyas bases se discutirían posteriormente. La respuesta de Céspedes fue tajante: "Oscar no es mi único hijo, soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución". Por tal actitud los cubanos lo proclamaron "Padre de la Patria". Oscar fue fusilado en la ciudad de Puerto Príncipe, en los muros del fondo del antiguo Cuartel de Infantería, hoy Hogar de Ancianos Manuel Ramón Silva. Un obelisco, erigido en las cercanías del lugar y a un lado de la Avenida Finlay, perpetúa la memoria de este y muchos otros héroes fusilados durante la Guerra de los Diez Años.

4. José Martí: Ibidem.

Autor: MC. Desiderio Borroto Fernández y MC. Ricardo Muñoz Gutiérrez / Tomado de www.ohcamaguey.co.cu