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Ganadería en la región histórica de Camagüey

Ganadería en Camagüey Manifestación: Generales 

Se decía en el siglo XIX que en la macrorregión de Puerto Príncipe, o Camagüey,(1) se encontrarían marcadas costumbres y rasgos singulares entre sus pobladores, entre otros, la hospitalidad, el uso de las voces castellanas, la afición por la lectura y el baile, y la religiosidad.

Las mujeres no tenían que quejarse de la naturaleza…, todas se parecen en la maravillosa negrura y brillantez de sus ojos; estas se preciaban de ser orgullosas.  Por su parte, los hombres eran ponderados según sus habilidades y conocimientos ante los rigores de la actividad económico-social-ganadera. Para muchos, estos ganaderos resultaban los mejores dotados de todos los de la Isla de Cuba.

Si bien la idea de desarrollar la ganadería en la Isla-archipiélago había partido del Gobernador Diego Velázquez, una vez colonizado el territorio en el año 1515, después sería introducido ganado de Castilla la Nueva y del sur de la Península, principal centro de cría de España y de Europa.  La ganadería vino a convertirse en la riqueza fundamental de Cuba.

Se sabe que el hato (rebaño de vacas)(2) contaba de 2 leguas de radio, determinando por esa medida un equivalente de 1 680 caballerías; mientras el corral (para la cría de puercos) podía contar de 1 legua de radio, lo que era igual a 420.  La caballería era equivalente a 13,4 hectáreas, el hato a 22 512 ha y el corral a 5 628 ha.

Puede suponerse que en tiempo transcurrido entre los años 1569 y 1600 en las sabanas-parque de la macrorregión del centro-este cubano se desarrollaron haciendas de una extensión aproximada de 26 000 hectáreas, si su radio era de 2 leguas.  Si calculamos que existieron en Puerto Príncipe 50 fundos pecuarios hacia mediados del siglo XVI, estos debieron ocupar una superficie de alrededor de 1, 125. 6 ha.(3), de manera que hasta la primera mitad de esa centuria no estaba completada la ocupación plena de la tierra.

Para entonces, alrededor de 5 000 km² de llanura sur eran del tipo sabanas-parque, tierras de muchos nutrientes para la alimentación del ganado.

En estas circunstancias, el bajo índice demográfico –con alrededor de 25 españoles, apenas– no garantizaba  la ocupación plena del espacio de silencio rural de más de 23 000 km² de superficie, aceptando que el río Jobabo señalara el límite Este con el territorio del cacicazgo de Cueiba y el extremo más oriental, mientras que por el Oeste aparecía el río Jatibonico, y sus posibles fronteras, con los territorios indígenas de Ornofay, Sabana, Cubanacán y otros.  Por el norte el litoral estaba flanqueado por una cayería y plataforma coralina bañada por el Océano Atlántico.

Si bien cerca de la actual bahía de Nuevitas había sido creada la villa en 1514, el sitio dejó de tener significado ante lo que pudiéramos suponer el proyecto de poblamiento colonial a gran escala.  Por el sur la región tenía al Mar Caribe, igualmente ventajoso al intercambio comercial. También protegía ese litoral la cayería del Laberinto de las Doce Leguas.(4)

Ante la mirada de la hueste guerrera capitaneada por Vasco Porcallo de Figueroa, el nuevo espacio a poblar se abría a modo de un suave peniplano central y llanuras meridionales y septentrionales a la cual se le extraería provecho para la cría extensiva de ganado.  El paisaje al centro y hacia las sierras interiores y zonas costeras norte y sur contenía una cubierta forestal y porciones de superficie tamizadas de vegetación natural y de húmedos bosques semicaducifolios típicos, costeros y subcosteros, y los subperennifolios, ricos en especies maderables y de abundante fauna, cubriendo no menos del 80 % de la superficie.(5)

Pronto los bosques servirían de fuente de recursos para las construcciones domésticas y navales, también de combustible natural.  Este sería uno de los primeros impactos negativos al paisaje y al clima insulano.

Contaba todavía esa enorme soledad de suficiente espacio para cada fundo que debía adoptar una forma geométrica circular, la cual podía verse afectada si por un exceso arbitrario de repartos de tierras –lo que en verdad ocurrió– se llegara a la saturación del área geográfica.  Ante tal "compactación" éstos debían adoptar una forma poligonal que les permitiera adaptarse mejor a las condiciones del hábitat.  Aunque pudieron existir excepciones, es probable que las mayores posibilidades de fundos poligonales se presentaran en el siglo XVII como consecuencia del aumento de los incontrolados repartos o "mercedes".(6)

Dentro del conjunto de irregularidades que debieron suscitarse figuraba el hecho de que si el centro del fundo había sido removido, el límite del hato se desplazaba hasta provocar una intrusión en los límites de los hatos cercanos.  Pero lo que no podía ocurrir era que la hacienda al expandirse no respetase los terrenos próximos a la villa, o ejidos.(7)

Por otra parte, la villa, desde 1528 entre los ríos Hatibonico y Tínima, en el centro del hinterland(8) de la región, debía promover el crecimiento del campo por ser ella el factor mercantil movilizador de la economía regional, relación región-sistema urbano de gran significación.  Su papel sería decisivo, no solo en la fundación de otros nodos poblacionales, sino para hacer estrechar las relaciones de mercado con otras regiones de la Isla y con El Caribe, a través, fundamentalmente, de la Cuenca del Cauto.

Ya hacia el año 1569 el obispo Juan del Castillo señaló que: "(…) la villa del Puerto del Príncipe… se va poblando de muy buenos hatos de vacas porque tiene aparejo para ello."(9)  Un siglo después cada hato llegaría a contener entre 2 000 y 6 000 cabezas de ganado vacuno.

La actividad económico-social-ganadera haría que el asentamiento español fuera estable, y daría lugar a una infraestructura productiva, aunque sin técnica desarrollada.  Tal crecimiento se apoyaría en la explotación extensiva de la ganadería y el comercio clandestino.

Muy pronto el espacio camagüeyano permitió la multiplicación del ganado para lo cual dispuso de cerca de 7 000 km² de superficie.  De su explotación a gran escala, el comercio de cueros (salado o semicurtidos) fue el factor que mucho contribuyó al predominio de la ganadería hacia finales del siglo XVI y comienzos del XVII.

Podríamos preguntarnos:

¿Qué causas permitieron la formación de la región ganadera en el centro-este de Cuba?

-La conformación del espacio de poblamiento monocéntrico en torno a la villa.

-La rapidez con que los "señores de hatos" desmontaron amplias zonas de sabanas, sabanas-parques y montes para su conversión en unidades productivas, en lo cual tuvo que ver el reparto acelerado de tierras y su explotación feudaloide.

-Las favorables condiciones geográficas y del clima

-Oportunidades y relaciones con el mercado regional interno y externo.

-Acumulación de capital controlado mayoritariamente por criollos y una vasta red de caminos.

Igualmente los nodos poblacionales abarcaron una misma unidad espacial, territorial e histórica, agrupándose en una unidad política, económica, social y comercial.

Por otro lado nada tendría que ver el trazado del núcleo urbano de la villa del siglo XVI con las leyendas y mitos sobre piraterías que les atribuyen a estos la paternidad de esa trama tan irregular.  Más bien todo parece deberse a la estrecha relación económica entre el poblado urbano y el hato.

Si bien durante el siglo anterior todavía la población mantenía cifras muy inestables, en 1608 en la villa residían 150 españoles, en 1628 alcanzó los 200 y en 1684 ascendían a 482.  En general la población era de 2 739  habitantes en 1689, menos que Bayamo con 4 180 y que Santiago de Cuba con 3 035.(10)  El Padrón Militar de 1684 señalaba 332 vecinos, de ellos, 212 solteros.(11)  Se decía que había  "mucha gente rica" con vínculo con La Florida.

Puerto Príncipe constituía uno de los territorios de mayor densidad de población de ganado vacuno.  Es probable que alrededor de 3 mil cabezas permitieran una densidad de 60 ó 70 animales por cada km².  Hacia 1617 puede suponerse una masa de alrededor de 140 000 cabezas.  Ya en el siglo XVIII las haciendas de crianza y ceba se multiplicarían hasta alcanzar las 1 554, reuniendo a 350 000 vacas y 22 171 caballos.

En 1777 existían 110 hatos de ganado mayor y 209 corrales de ganado caballar y mular.(12)  Entre los años  1789-1795 las exportaciones de la región destacan las 20 634 unidades de cueros y 65 912 reses.(13)  Al arribar al siglo XIX el número de hatos alcanzaba los 120, para una masa de 276 269 animales, los sitios de crianza 1 124, los potreros de cría y ceba 118.(14)

Es cierto que para entonces el territorio contaba con 23 000 km² de superficie, pero solo tenía incorporadas a la producción 6 400, lo que representaba el 21.3 % como área modificada del paisaje geográfico.  Con una población de 38 500 habitantes apenas reunía 8,2 % de habitantes por km².(15)

Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño, subrayó críticamente: "La rutina de criar vacas en comunidad, o mejor dicho, de que las críe la Naturaleza, ocupando una extensión inmensa con los mismos animales que pudieran criarse en pocas caballerías, es la más perjudicial a la industria y a la población del Camagüey."(16)

Con todo, el complejo regional camagüeyano se erigió en uno de los emporios económicos más sobresalientes de la Cuba colonial, proceso que se vino gestando a partir de los dos primeros siglos coloniales y que cobraría mayor auge en los siglos XVIII y XIX, un panorama que, en la larga duración histórica, tendría honda repercusión cultural y política en las mentalidades de los criollos principeños, orientados desde muy temprano el siglo XIX hacia las opciones independentistas bolivarianas surgidas en el continente Latinoamericano.

Notas

1. El 2 de agosto de 1515 el rey Fernando aludió al puerto del Príncipe y no a la villa. Por vez primera menciona a Camagüey, topónimo que había llegado hasta él por medio de Velázquez. No sabemos si esta fue la denominación usada por los aborígenes pues en el Memorial de Bartolomé de Las Casas al cardenal Francisco Jiménez Cisneros es donde está escrita la palabra Yumayey. Otra de las voces fue Camagüi. Igualmente se refería que un indígena naboría de Diego de Ovando era de la provincia de Yumacei.

2. Julio Le Reverend Brusone: Problemas de la Formación Agraria de Cuba. Siglos XVI-XVII. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1992. p. 79. El historiador y maestro aclara: "(…) posiblemente el uso de la frase "para poblar hato de vacas" fuera la forma en que se inició el cambio semántico hacia 1560".

3. Si entonces el estimado se realiza tomando como unidad de medidas la caballería los resultados serían: para el hato de 2 leguas = 1, 680 caballerías. Si eran 20 hatos debieron comprender 33, 600.00 caballerías. Si de 40, 67, 200.00 caballerías. Mientras, para 10 corrales el resultado pudo ser de 4, 200. 00 caballerías.

4. En Cayo Caballones fondeó su barco Cristóbal Colón en el segundo viaje el 22 de mayo de 1494.

5. Academia de Ciencias de Cuba: Nuevo Atlas Nacional de Cuba. Instituto de Geografía de la Academia de Ciencias de Cuba. La Habana, 1989. Ver: Flora y Vegetación. Hojas X.1.2.3., X.2.1. Consultar: Enrique del Risco Rodríguez: Los bosques de Cuba, su historia y características, Editorial Científico Técnica, La Habana, 1995.

6. Según Felipe Pichardo Moya en Puerto Príncipe y Sancti Spíritus había muchos hatos y corrales de 120 lados. Estos eran geométricamente poligonales. De manera que llegaban a tener 1, 1½, 2½, 3 y hasta 5 leguas de radio, algunos con dos centros.

7. El término proviene del latín exitus, y significa salida. Esta circunstancia se hizo más evidente sobre todo a partir de la aplicación de las Ordenanzas del año 1574, la cual fijaba una radio de 8 leguas.

8. Hinterland se trata de un término geográfico de origen alemán introducido en 1888 por el geógrafo y economista George G. Chisholm. Se emplea para designar a una región dependiente o relacionada con una ciudad que funciona como su cabecera.

9. Joaquín Llaverías: Papeles existentes en el Archivo General de Indias relativos a Cuba y muy particularmente a La Habana (Donativo Néstor Carbonell), Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1931, t. II, pp. 217-218.

10. AGI. Santo Domingo. Legajo 151.

11. Leví Marrero: Cuba: Economía y Sociedad. Editorial Playor, S. A., Madrid. 1975. t. II, p. 61.

12. Padrón General de Habitantes de la Isla de Cuba. 1777. Indiferente General, 127. Las cifras doblaban los 43 corrales y 13 potreros en ese año.

13. Padrón General de Habitantes de la Isla de Cuba. 1777. Indiferente General, 127. De esa cifra fueron exportadas 36 712 cabezas hacia La Habana, Santiago de Cuba y Trinidad. La industria azucarera produjo 17 447 @ de azúcar parda, mientras obtuvo 14 814 @ de blanca.

14. Cuadro Estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año 1827. Oficina de las Viudas de Arazoza y Soler. Imprenta del Gobierno y Capitanía General. 1829. A mediados del siglo el sacerdote escolapio, Antonio Perpiñá y Piberná, señaló que Camagüey era un Emporio del Cubanacán.

15. Eduardo Torres Cuevas y Eusebio Reyes: Esclavitud y sociedad. Torres Cuevas, Eduardo-Reyes, Eusebio: Esclavitud y Sociedad. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986. pp. 76-77.

16. Gaspar Betancourt Cisneros: Escenas Cotidianas. Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección del Ministerio de Cultura, La Habana, 1950. p. 32.

Autor: M.C. Fernando Crespo Baró / Tomado de www.ohcamaguey.co.cu / Foto: Otilio Rivero