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Revisitando Tener y no tener, una novela de visión circunstancial. A propósito del 80 aniversario de su publicación*

Ernest Hemingway, foto de internet

Para mi amigo Pablo Jané Concepción, que sabe más que yo de la importancia de la Revolución del ´30 y la necesidad de tenerla presente.

El sentido de homenaje que se le debe rendir a Ernest Hemingway siempre, y, en especial, por el 80 aniversario de la publicación de su novela Tener y no tener, nos obliga a una reflexión detenida del tema tratado en esa obra, si queremos ser responsables con nuestros criterios en toda la extensión de la palabra. 

En consecuencia, no podemos caer en la obnubilación de evaluar de forma trivial los veredictos vertidos en ella, y que aparecen con tremenda fuerza a tenor de quien los ha expresado, pues se involucra en una etapa del proceso histórico cubano, por cierto mal entendida por parte suya.

Ese proceso del que hacemos mención es, desde todo ámbito en que se analice, único, ininterrumpido y contradictorio, y lo que ha perdurado es la continuidad histórica del proceso y el ansia de libertad  de los cubanos.

A partir de estas reflexiones iniciales que hemos hecho, analizaremos a grandes rasgos las opiniones escritas por Hemingway en su novela Tener y  no  tener, texto  con  el que se introduce en el contexto histórico de  nuestro  país,  específicamente en la llamada Revolución del '30 del pasado siglo y sus años sucesivos, pero insistiendo en hacer alusiones confusas y erradas totalmente. 

De esa situación, di cuenta en forma extensa y exhaustiva en mi  ensayo  “Hemingway: ¿parodia o pastiche?”, que originalmente leí en el Coloquio Internacional Hemingway descubre La Habana, organizado por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en  1998,  aquí  en  esta ciudad, y  que incluí en mi libro titulado En la otra esquina del ring, dedicado íntegramente al escritor estadounidense, el cual ha gozado de dos ediciones (una en el 2004 y otra en el 2013), (1)  amén de la versión de ese ensayo publicada por la Universidad de Kent, en la compilación Hemingway, Cuba, and the Cuban Works, editada por Larry Grimes y Bickford Sylvester en el 2013, en Estados Unidos de América.

Ahora bien, si como sabemos el proceso que dio lugar a la llamada Revolución del '30 presentó características complejas a tenor de la realidad política, económica y social del país, no es menos cierto que una valoración de los integrantes de los grupos armados involucrados en ella –y sobre todo después de la muerte de Antonio Guiteras-  a veces han sido motivo de confusión en su examen de conducta, y tal actitud no puede ser tolerada bajo ningún concepto en el contexto historiográfico de nuestro país. Ese fue el caso de Hemingway en su novela aludida, y de la cual podrán tomar en consideración después de escuchar  mi análisis en este foro. 

En otro orden, la clarinada del 30 de septiembre de 1930, devino en aliciente para las fuerzas revolucionarias que se oponían a la dictadura de Gerardo Machado y a la injerencia del gobierno estadounidense, ya fuera esta intromisión por medio de la Enmienda Platt, o por  los Tratados de Relaciones y de Reciprocidad Comercial, respectivamente, o debido la usurpación de nuestra economía desde todos las aristas, sin contar con su presencia casi omnímoda en la sociedad cubana.

Por otra parte, cabe destacar que la diáspora de pensamiento existente en nuestra ciudadanía en esos años, creó una suerte de desviación en cuanto a lo que podía significar los intereses nacionales, aunque es obvio que los distintos hechos y manifestaciones ocurridos; así como las perspectivas emergidas de la contingencia política de la década anterior, vale decir, la de los años veinte, propició un clima de confrontación y esclarecimiento ante determinados rumbos a seguir para que germinara ese brote efervescente que generó un enfrentamiento directo con las huestes del Machadato. 

En primer lugar, sobresale el asesinato de Julio A. Mella, en México, en 1929 y, luego, la trágica muerte de Rafael Trejo, en la jornada gloriosa del 30 de septiembre de 1930; y, más tarde, la desaparición física de Rubén Martínez Villena en plena agonía en su lecho de enfermo, en 1934 vicisitudes que, además de ser golpes gravísimos para la causa revolucionaria, sirvieron como incentivo para la confrontación; así como la posterior caída en combate de Antonio Guiteras, en 1935. 

No en balde, uno de los hacedores de esa gesta memorable e integrante asimismo del aguerrido grupo de combate de esa generación, el Dr. Raúl Roa García, expresó: Es indudable que la minoría revolucionaria de la generación del 30 quiso más de lo que pudo: planteó el problema de Cuba a la altura del tiempo, pero no supo resolverlo. […]. El impulso revolucionario no tuvo cauce ni dirección congruentes con su ulterior desarrollo y, por eso, se despilfarró en una lucha desconcertada que propicia la revancha del imperialismo y las fuerzas a su servicio, especialmente las gavillas uniformadas de Batista, el ABC (partido político  de corte fascista), y el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), [entre otros aspectos de importancia digamos que tangencial]… (2)
 
Como puede verse de lo señalado en estas palabras, a partir de esa contingencia comenzó la gran paradoja de la  Revolución del '30, la cual desembocó en el derrocamiento de Machado y su régimen espurio el 12 de agosto de 1933, pero trajo también una contienda de intereses internos de honda repercusión política y social, y que fue el motivo por el que Hemingway confundiera a revolucionarios con bandoleros y mezquinos de toda laya -entiéndase pistoleros, asesinos, extorsionadores-  que con disfraces de seudorevolucionarios trataron de corromper a la sociedad de nuestra Isla.

Hemingway no se percató, o tuvo mala información en cuanto a quiénes eran esos individuos; así como al conjunto de tales problemas y, además, que el entorno imperante no podía analizarse de forma reduccionista como lo entendió él, Quizás quede justificado por ser un extranjero, pero Hemingway no era ya un simple espectador venido de afuera, era un periodista y un escritor escrutador, había pasado por guerras y otros combates y, en correspondencia con ello, debía manifestar un rasgo de apreciación justo, cosa que no hizo en su novela. 

La lucha de los revolucionarios cubanos fue presentada por él como un desatino, una suerte de discrepancia casi privatizada y caprichosa de grupos por el poder, donde el uso de las armas era más que todo una tendencia para aplicar la voluntad de un grupo sobre otro, y no como un instrumento de la lucha de clases en una máxima expresión de duelo frontal.

Con ello, generó un presupuesto de ver las cosas erradamente. Al respecto, en mi ensayo citado, expuse lo siguiente: La novela Tener y no tener fue realizada hace más de sesenta años (ahora son 80) y al revisar su trama se comprueba que se centra en la historia, digamos que denigrante, de un personaje que no magnetiza ni siquiera por su aridez. Este individuo, Harry Morgan, corre riesgos, sí, pero los corre porque ese es su deseo. Contrabandea bebidas y todo lo que le reporte dinero; […] y finalmente se enrola en una aventura con supuestos revolucionarios donde encuentra la muerte. (3)

La confusión de Hemingway, para definir revolucionarios y delincuentes, aparece como algo que no puede soslayarse en cualquier estudio que se realice de la novela. Para el contexto cubano eso es inadmisible desde todo punto de vista, porque el problema de lo político y lo social deviene en un anatema si no se realiza una disquisición equitativa. 

Los cubanos, desde que se enfrentaron a las tropas españolas en la manigua, deslindaron muy bien quién era un patriota y quién era un bandido que se aprovechaba de la situación para martirizar a los campesinos con saqueos, crímenes y avasallamientos, cosa que se repitió posteriormente, ya fuera durante la lucha contra Batista en los años cincuenta y, más tarde, cuando se generalizó una lucha de clases extremadamente fuerte con los alzados del Escambray y en otras zonas del país, en los primeros seis años después del triunfo revolucionario posterior al primero de enero de 1959. 

Aunque sea de apariencia como simple desliz o licencia literaria del escritor estadounidense, sobreviene como una mutilación histórica imperdonable e injustificable, y en un escritor como Ernest Hemingway, adalid de las palabras y las ideas, eso no puede ser admitido.

Es de advertir entonces, que los planteamientos de Hemingway en esa novela fueron  miopes desde todo ángulo en que se mire, pues se afianzó en fijar su foco visual hacia conductas poco éticas, además de ser impreciso en los discernimientos políticos difundidos, muy bien matizados gracias al vuelo imaginativo que él impregnó en las páginas de esa obra, y así inclina al lector hacia una concepción completamente equivocada de lo que ocurría en Cuba. 

Como se sabe, en la historia, todos los grupos involucrados en pugnas buscan recurrir a medios para justificar sus actos y estrategias, pero hay que sopesar el origen político y social de cada agrupación, y el ver las condiciones humanas de los que se involucran en la disputa es esencial, porque de lo contrario una reflexión distorsionada compromete la realidad.

En fin, preguntémonos si queremos entrar en el debate, ¿Qué fue lo que motivó a Hemingway a escribir esa novela desenfocada? ¿Acaso interiorizó el conflicto político y social con cierta dosis de frivolización, lo que generó una desinformación sostenida y una ausencia absoluta de responsabilidad intelectual, utilizando afirmaciones tan dañinas para los revolucionarios que podía provocar un colapso a sus intereses?. 

Es esa incertidumbre existencial la que se vislumbra de forma elocuente en su novela Tener y no tener, que puede ser entendida como una prueba de cómo se recurre a la narración de un hecho utilizando la excusa de confundir la lucha revolucionaria con acciones criminales o terroristas. 

Las razones son múltiples para  darnos cuenta de cuánto daño propagó Hemingway con ese texto en el medio cubano, aunque su difusión como novela ocurriera en el exterior (también se hizo un filme). La sangrienta represión del régimen de Machado fue siempre vista con hostilidad por el pueblo cubano; y de ahí que la protesta solía estallar en cualquier momento como una forma una manifestación de lucha, no era entonces para estar en contrabandos o ilegalidades. Convertir a los revolucionarios en pistoleros y contrabandistas es un error garrafal. 

En esta ocasión, la novela como fuente de información no silenció  el cotejo, sino que dijo lo que no era cierto, que es peor. Y es que el problema moral es particularmente intrínseco, y debe verse con un sentido de responsabilidad, pero no solo por la veracidad de lo que dice, sino por lo que resalta en ella.

En esa suerte, cuando analizaba el texto de Hemingway en mi ensayo citado anteriormente, señalé enfáticamente:  En comparación con otros escritores, Hemingway gozaba de esas vivencias y tenía un modo peculiar de expresar lo que absorbía de ese mundo. En realidad esto es lo que nos demuestra en sus obras; pero lo que queremos  dejar sentado es que en Tener y no tener los seres pintados dejaban de ser esas excepcionales  criaturas que dada su violencia intrínseca no despiertan admiración. Lo que normalmente atrae en sus obras, sin rehuir la violencia, es decir, toda esa carga de osadía y simplicidad, en esta obra se congela y no fluye. (4) 

Comoquiera que se mire, y a pesar de la importancia de la obra toda de Hemingway, y de Tener y no tener, en sus 80 años, la descontextualización de la realidad cubana que en ella aparece, resulta como un espectáculo de nuestra sociedad, y cómo una enajenación mental portadora de una conducta dañina, de manipulación de nuestra historia. 

A ese criterio he arribado después de leerla varias veces. No son cuestionamientos ociosos; no es  un examen post mortem a tenor de la causalidades, ni para minimizar al escritor. Es que el asunto no se limita al campo de una formulación inapropiada de la realidad, sino que si nos atenemos a la responsabilidad de un escritor  -y de esto hablé en mi ensayo “La responsabilidad intelectual, los años y la muerte”, incluido en mi libro En la otra esquina del ring, (5) -, ello lo obliga a ser imparcial a la hora de perfilar conductas de seres reales y con posturas ideológicas definidas.

Para concluir, creo oportuno señalar que el mejor homenaje que se le puede hacer a Hemingway en ocasión del 80 aniversario de la publicación de su novela Tener y no tener, es reconocer su trascendencia como escritor.  Por ello, he elegido que el objeto de mi crítica a esa obra sea dejar al descubierto los desaciertos especulativos en cuanto a los rangos políticos e ideológicos por él utilizados, y no así a argumento literario que me parece interesante desde toda conjetura. A ese nivel de compromiso con Hemingway he llegado, y es el que he pretendido brindarles.
                                                                         
Notas:
1.Véase Jorge Santos Caballero: En la otra esquina del ring. Las Tunas, coedición de Sanlope y Ácana, 2004, y la realizada en Camagüey por la editorial Ácana, 2013, que es la edición definitiva de ese trabajo. Una versión de ese texto ensayístico aludido, fue incluido en la compilación editada por Larry Grimes and Bickford Sylvester, Hemingway, Cuba and the Cuban Works, Kent, Ohio, The Kent State University Press, 2013.
2.Véase Ambrosio Fornet: “Tiene la palabra el camarada Roa”, entrevista realizada a Raúl Roa, aparecida en la revista Cuba, La Habana, octubre de 1968, incluida en Raúl Roa: La Revolución del 30 se fue a bolina, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales [3ra edición], 1978, Pp. 377-378.
3. Véase Jorge Santos Caballero: En la otra esquina del ring, Camagüey, Editorial Ácana, [edición corregida  y aumentada], 2013. Pp. 67.
4. Ibídem, p. 71. 
5. Ibídem, Pp. 95-100.
                                                                                 
* Fragmentos del texto leído en el XVI Coloquio Internacional Ernest Hemingway, el sábado 17 de  junio del 2017, en el Hotel Ambos Mundos, en La Habana. 

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: Sede de la UNEAC

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