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Reflejos de este siglo

Alid Nail Gérboles, foto: Adelante Digital

Algunos aficionados al arte abstracto encuentran en ese tipo de obras pintadas o esculpidas al parecer, sin un claro propósito, la cúspide de la creación. Mientras los admiran, hallan un placer quizá comparable al de permanecer tendido bajo una palmera, disfrutando de un paisaje playero. Otros solo ven rayas, puntos y colores que se entremezclan de manera desencajada. Al abstraccionismo de Alid Nail Gérboles Rondón no lo ocupan los vericuetos opináticos y se centra en una simple matemática: expresarse con libertad.

En la formación artística de Gérboles y la comprensión de ese universo “confuso” y “hermético” intervinieron tres hombres de culto dentro de la manifestación como Mark Rothko, Jackson Pollock y Piet Mondrian. Tanto influyó en él la tríada de pintores que sus primeros cuadros fueron firmados con las primeras letras de sus apellidos R.P.M. Sin embargo, Alid se ampara bajo una importante máxima del creador italiano Mauricio Cattelard: “La originalidad no existe por sí misma. Es una evolución de lo que se produce (…) se trata de tu capacidad para agregar”.

La exposición personal Lo que el siglo se llevó, situada en la galería Fidelio Ponce de León, en la sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, hace un paneo al quehacer y los conceptos abstraccionistas que Alid maneja en la actualidad, pese a sus continuos y alternados guiños al arte figurativo.

Al título nostálgico de la muestra —recuerda al clásico de la literatura, más tarde adaptado al cine, Lo que el viento se llevó— lo acompañan las tonalidades terrosas amalgamadas con pinceladas ocres, pálidos azules y rojos que se degradan y son absorbidos como por la sombra de un paraje cavernoso. Así pueden apreciarse en El apartamento de París, El hervidero del escándalo y en la Guerra subterránea.

Si no eres la solución, eres el problema.

Desde este nuevo resquicio para observar la subjetividad, en su estado más puro, Alid vuelve a retar al espectador con títulos provocativos, detonantes de emociones que de inmediato remontan al lienzo. Son varios los que buscan la víctima en Comida para tiburones, pero solo encuentran brochazos horizontales, casi grises, que deducen sea el voraz victimario.

The wall es un cuadro que remite de inmediato a uno de los temas más revolucionarios del mundo del rock, perteneciente a la banda Pink Floyd. A partir de esta alusión Alid construye diversos símbolos en su trabajo como dibujos infantiles, operaciones matemáticas incorrectas y frases que vierten un tinte de irreverencia y transforman el lienzo en un muro de historias y de pensamientos contenidos, quién sabe por cuánto tiempo. Y surge una pregunta: ¿Cómo derribarlo?

En Amargos monólogos de los científicos, la vista conduce a lo que simulan un par de siluetas. Cuando se mira al interior de los contornos la mirada se pierde. ¿Serán realmente dos hombres de ciencia o el autor nos ha tendido una trampa? Pues de eso se trata la abstracción, de conformar sin apegos una idea, de leer y releer las obras desde un solo ángulo, de encontrar una réplica para nuestros sentimientos en ese espacio cuadrado que puede ser, a su vez, tan engañoso y directo, como un espejo.

Autor: Yang Fernández Madruga

Fuente: Adelante Digital

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