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Raíces haitianas al sur de Camagüey

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(…) la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En los Reinos de los Cielos no hay grandeza que conquistar (…). Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el reino de este mundo.

Alejo Carpentier.

Santa Cruz del Sur, el más austral de los municipios de Camagüey, tiene en su historia, el hecho de ser el escenario del inicio y fin del proceso de expansión azucarera en Cuba, el cual se desarrolló paralelamente al proceso migratorio de braceros antillanos, fundamentalmente haitianos, quienes constituyeron la mano de obra barata para el desarrollo de la primera industria.

El territorio Santa Cruz del Sur que abarcaba parte de la costa sur camagüeyana dado su ubicación fue uno de los puntos de reunión de comerciantes, colonos y contratistas, convirtiéndose el puerto y los subpuertos de Manoplas y Guayabal en lugares de suma importancia en la travesía de braceros entre Haití y las provincias de Camagüey y Oriente. 

Este fenómeno migratorio fue tan masivo que influyó de forma determinante en el incremento y en la estructura demográfica del municipio a tal punto que este elemento condujo al aumento entre 1899 y 1931 de un total de 5308 habitantes a 31099, destacándose en esta cifra la raza negra y el sexo masculino, fundamentalmente: ejemplo la población negra aumento a 338 a 7712 habitantes (1931).

Esta oleada migratoria propició el surgimiento de numerosos asentamientos haitianos en Santa Cruz del Sur siguiendo para ello la ruta de las inversiones azucareras, de este a oeste surgieron los centrales Francisco (Amancio Rodríguez), Macareño (Haití) y Santa Martha (Cándido González Morales).

Nombres como Los Macutos, Los Raúles, Vigía, La Jagua, Los Pinos y La Caobita, se convirtieron en colonias pobladas por braceros provenientes de la hermana isla antillana. Estos asentamientos se convirtieron con el paso de los años en reservorio de la cultura haitiana. En ellos de generación en generación se han transmitido, costumbres, formas de vestir, hábitos alimentarios, bailes folclóricos, el uso del creole como recurso colectivo de comunicación y la práctica de cultos religiosos, matizados todos por el sincretismo resultante del intercambio de los haitianos y descendientes con otros grupos sociales existentes en Cuba. 

Otro elemento a destacar es la vigencia de las celebraciones religiosas, fundamentalmente en “Semana Santa” y en el mes de diciembre. Estas prácticas se mezclaron con otras religiosas, católicas y protestantes, además con la Regla de Ocha y otros cultos sincréticos de origen africano.

En este sentido ha desempeñado un importante papel la danza folclórica OKAY, integrada por 26 miembros, en su mayoría descendientes de haitianos, lo que revitaliza numerosas bailes como el Congo, el Merengue, Eliance, Kadrit, entre otros. El grupo fue fundado en 1980, dirigido por el Licenciado Diosorio Raberón Díaz, ha participado en numerosos eventos provinciales y nacionales, donde sobresale su actuación en la Tribuna Abierta de la Revolución celebrada en el municipio el 5 de mayo de 2001. Al concluir la actividad el General de Ejército Raúl Castro y los Comandantes de la Revolución Juan Almeida Bosques y Guillermo García Frías intercambiaron con ellos.

A través de los años se han ido sedimentando en la realidad cubana los valores provenientes de los haitianos, convirtiéndose en parte inseparable de la identidad cubana y local. Formaron parte de ese ¨ajiaco¨ cultural que es sustancia del pueblo cubano.

Durante el proceso mutuo de influencia cultural y de asimilación étnica cubano – haitiano, el haitiano ha tenido que defender sus hábitos, costumbres, folclor, identidad y creencias, ante la agresión, sojuzgamiento y discriminación sistemática a que estuvo sometido. 
Orlando Verges Martínez, Director de la Casa del Caribe afirma ¨se puede hablar de un sentimiento de haitianidad ampliamente defendido en el contexto de la cultura popular tradicional cubana; no así de un sentimiento similar, vinculados con otras nacionalidades inmigrantes (…) Conducido por estos descendientes, el sentimiento de haitianidad se ha multiplicado en las regiones donde se establecieron haitianos en Cuba, y está comenzando a llegar también con toda su carga de ¨encantamiento mágico¨ a otras zonas más al occidente del país¨ 

En la actualidad a comunidad rural ¨La Caobita¨ constituye el centro de la cultura haitiana en el territorio sureño, se toma como referencia para la investigación de la presencia haitiana en Santa Cruz del Sur por observarse en ella, relativa pureza, la permanencia de costumbres, manifestaciones danzarias, hábitos alimentarios y cultos religiosos.

Las pobladores de esta comunidad reproducen en sus entornos familiares determinadas conductas aportadas por los haitianos y sus descendientes, que van desde el uso de artículos e indumentarias de vestir, hasta los recursos de la memoria oral, pasando por la acentuada proliferación de platos pertenecientes a la cocina y repostería haitiana, en el que sobresalen el dulce de maní y coco, una variante del bombón, cremas, panes de maíz y boniato. Además el apetitoso calalú, el tontón, el bacalao, el ñame, el congrí con frijoles caballeros y gandul, y aceite de coco y maní, un casabe llamado ducunu y el empleo de muchos vegetales (berenjena, espinacas, col, acelga, habichuelas y otros.)

También se han transmitido de una generación a otra las memorias, mitos y hábitos de forma oral y se destaca el empleo de su amplio refranero popular. Sus mujeres trasladaron las formas de sus peinados y la manera de utilizar el pañuelo atado a la cabeza. 
Una de las costumbres más arraigadas en las descendientes de haitianos en Santa Cruz del Sur y particularmente en la comunidad rural ¨La Caobita¨ es la realización del CONVITE o también llamada JUNTA. Esta práctica consiste en invitar a varias de sus vecinos a sembrar algún producto (boniato, yuca, maíz, arroz.) para el final del trabajo repartir comidas y bebidas entre los participantes. 

Atención especial merece la practica celebraciones religiosas vinculadas al vadú haitiano El Vadú es una religión basada en los espíritus de los familiares de sus practicantes. Estos espíritus dan ayuda y protección a los miembros de sus familias. Las loas (espíritus ancestrales), representantes de los distintos aspectos de la vida, de la naturaleza, de las emociones y de las actividades humanas, actúan como intermediarias entre los hombres y las dieses. 

En el municipio existe una fuerte presencia de descendientes de haitianos, fundamentalmente de la segunda y la tercera generación. Según los resultados del censo realizado a partir del 2008, como parte del proyecto ¨ El Haitiano en Cuba¨ las cifras ascienden a 3000 localizados en Haití, La Caobita, Cándido González y La Jagua.

Autor: Sibelis Celidor García

Fuente: Museo Quinta Simoni

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