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A propósito de…

Apuntes en torno a la Guerra Cultural

Siempre he leído buenos e interesantes libros. He sido de los que a pesar de vivir en “provincia” podía recibir por las vías más insólitas, violando o rompiendo el bloqueo -de afuera y de adentro, porque este también ha existido cuando un autor no era proclive a las ideas vigentes al proceso revolucionario, o escribía haciéndole el juego a lo que ahora ni se menciona: “el diversionismo ideológico”. Vale entonces señalar que el bloqueo ha estado ahí, y para informarse había que quebrantar todo lo impuesto en atención a esas nuevas razones.

Gracias a mis padres y a los amigos donde quiera que estén o hayan estado -algunos han muerto- yo he leído todo tipo de literatura. Y estoy aquí, a pie firme, viviendo aquí -y no como muchos hijos de padres, que han abandonado el barco-. Y pese a todo, he leído de todo, unas veces con más posibilidades inmediatas; otras con retraso, pero he leído y he violado o roto los bloqueos impuestos de todo tipo con vistas a tener información.

En mi libro acerca de Hemingway, que va por dos ediciones,(1) puse dos exordios a tono con mi capacidad para violar los bloqueos. Uno, del eminente médico e intelectual español Gustavo Pittaluga, que reza: “He estado escuchando durante 30 años, ahora tengo que hablar”. El otro de ese inmenso poeta y ensayista argentino, Jorge Luis Borges, que dice: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Esos dos criterios se avienen a mi vida inexorablemente, y obvio tener que explicarlo en estas líneas. Mucha gente me conoce y sabe que ambos juicios están irremisiblemente ligados a mi persona.

Hoy me referiré, sí, a lecturas recientes que merecen ser analizadas con rigor en nuestro contexto por la importancia que revisten y la urgencia de asimilarlos en toda su extensión. Si bien a mis manos llegan múltiples materiales con puntos de vista a veces extravagantes, y no solo algunos que aparecen en Ferias del Libro; no es menos cierto que muchos pasan sin saber que pasaron ante nuestros ojos.

Pero desde hace algún tiempo para acá he tenido la suerte y también la oportunidad de leer materiales para mí imprescindibles en mi formación intelectual y en amplitud de conocimientos, que he devorado unos con más rapidez que otros por la densidad de los mismos, o porque la prosa es más fluida y preferible de leer velozmente.

Así he leído, uno a uno, como si fueran tabletas que ingiero para curar enfermedades, los siguientes libros, sin orden de prelación -y sin ser los únicos, pero sí de los que más me han aportado en este periodo de vida, son ellos: Las izquierdas Latinoamericanas en tiempos DE CREAR, de Nils Castro; América Latina en la Geopolítica IMPERIAL, de Atilio A. Boron; Cuba año 2025, de Juan M. Ferrán Oliva, Desde Abajo. Desde Arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de época en América Latina, de Katu Arkonada y Paula Klachko; La Doctrina del SHOCK. El auge del Capitalismo del desastre, de Naomi Klein; El Suicidio de la sabiduría (Notas sobre Cultura Audiovisual, Tecnologías Digitales y Creatividad), de Juan A. García Borrero; Apuntes en torno a la Guerra Cultural, de Abel Prieto, y Debatir en Revolución. Otras formas de hacer, otros modos de ser, de Yosvany Montano Garrido; sin olvidar algunos otros y muchas novelas como para relajarme, o para que no se me olvide la “otra literatura”.

No puedo decir que estoy informado, sería más que una infamia admitirlo, o una tontería, pero algo es algo. Y debo confesar que tampoco estoy medianamente informado, como dijera Mario Benedetti. De lo que se trata es que el reacomodo del Capitalismo; o la imperfección de las izquierdas en América Latina hasta con grados de corrupción; o la ineficacia con la que se ha llevado adelante el socialismo en Cuba; o lo que representan las nuevas tecnologías, o la guerra cultural en todas sus variantes contra Cuba; o la carencia de debate genuino en nuestro medio, nos obliga a reflexionar con un sentido más analítico que crítico de la realidad.

Quizás sea esa dimensión razonada la que merezca más urgencia de revisarse, y con más intromisión de todos los factores en el caso cubano, y no solamente visto como algo que viene impuesto por el rol estatal o partidista. Merece que todos digan su opinión, pero que todos oigan también al otro; y merece que todos planteen sin atrincheramientos dónde y cómo no funciona la estrategia aplicada, y que táctica conviene aplicar entonces.

Merece, por otro lado, que desde posiciones superiores se deje de creer que se sabe todo -a veces antes de que alguien lo esté planteando inclusive- y, sin embargo, el desperfecto continúa -y no falta quien ante lo que dice otro se frota las manos y hasta alardea de saber lo que esa otra persona está planteando (casi es una burla), pero olvida resolverlo, o quizás no sepa cómo hacerlo, pero asume esa postura autosuficiente-. Las cosas no se resuelven con planes que nadie lee o con leyes como la de Las Doce Tablas, que nadie cumplía.

Por ello, me pareció genial el debate aludido en la última sesión del Parlamento en relación con el Proyecto de Constitución que se dio a conocer. Hubo disenso en el articulado sobre tal o cual aspecto, y hubo explicaciones muy certeras de personas capacitadas y vinculadas a la redacción del Proyecto. Situaciones parecidas no han tenido igual repercusión hasta donde este articulista sepa.

Ese Parlamento nos convenció de su accionar y, particularmente, me persuadió con creces. Ese Parlamento analizó y discutió -cada diputado con su nivel de información previo y hasta donde conocía- y eso es válido. En el desarrollo del estudio del proyecto de Constitución, bien vale que salgan a relucir otras Constituciones de nuestro país, y hasta algunas extranjeras de mucha seriedad. La analogía no es injustificada, vale tomar en consideración todo lo que valga para nuestra nueva Ley de Leyes, y que se ajuste a estos tiempos.

En ese sentido, cuando los que transitamos por las calles todos los días y tratamos de comprender nuestra realidad, nos asaltan en no pocas ocasiones estas dudas insoslayables, como son: “¿existe un debate real de la situación? ¿tomarán en cuenta nuestros criterios?” Probablemente, esas sean las dudas moderadas del acontecer diario y el quid del asunto a resolver; y por ello, como cubanos, tenemos que encontrar una certeza y esperanza a propósito de nuestro futuro, como más o menos pusimos de título a este trabajo.

Los libros citados anteriormente -y que ojalá otros lean- me han abierto una esperanza; pero, también, una herida para nuestro caso. Porque comprendí la urgencia de hablar de todos nuestros temas, de debatir en torno a ellos, pero siempre pensando en Cuba y para Cuba.

Eso me hace recurrir a dos espacios que tengo mensualmente en Camagüey. El primero, titulado "Pluralidades: Debates Teóricos", que está próximo a cumplir doce años en el mes de octubre, y que llevo a cabo en la UNEAC de esta provincia, y el segundo, "Conversando en el café con Jorge Santos", que se realiza en el Patio La Avellaneda, de la librería Antonio Suárez, en la popular calle Maceo, el cumplió siete años en este mes de julio.

Ambos me sirven para que se analicen los más variados temas en relación con la política, la historia, la cultura, la antropología, la sociología, entre otros, de nuestro medio y del mundo.

Sin embargo, no han faltado personas de la más diversa índole y con aviesas formulaciones, que se nos han acercado para decirnos que corremos peligro, o que por discrepar con determinado funcionario me pueden cerrar el espacio, o para qué me busco problemas con los temas tradados, que para qué hago esos programas si no van a resolver nada.

Y mi respuesta siempre es la misma: los espacios son para debatir con respeto en relación con nuestra realidad, para que se vean las cosas desde otras perspectivas, pero siempre para defender a Cuba. No caben en esas dos suertes de tertulias, o espacios de diálogo, los mercenarios, ni lame botas, criticones, o agentes provocadores y, mucho menos, los que amenazan a veces con que se puede cerrar el espacio. Eso sí, en "Pluralidades…" y en "Conversando…" pueden participar los que defiendan a Cuba y la honren con sus criterios, los que la tienen como la máxima expresión de vida y esperanza, que es igual a la mía.

A pesar de los pesares, lo fundamental es que los libros leídos y citados anteriormente en este material, me han servido para ilustrarme y para saber que América Latina está en un proceso de retroceso y de cambio, pero al final la luz saldrá, y que las izquierdas hoy diezmadas volverán, pero más lúcidas, menos viciadas y más enlazadas con sus pueblos; y Cuba, ahí, como siempre, enhiesta, viva, no le quepa dudas a nadie. Podremos tener en la etapa de tránsito, que es el socialismo, altibajos. Pero la esperanza no se ha perdido, porque el futuro es de los cubanos, y "a propósito de" (Cuba) hemos reflexionado.

Notas:
(1). Véase Jorge Santos Caballero. En la otra esquina del ring, Editoriales Sanlope y Ácana, La Tunas, Cuba, 2004, y en segunda edición (corregida y aumentada) por Editorial Ácana, Camagüey, Cuba, 2013.

*El autor es un ensayista cubano, con varios títulos publicados. Miembro de la UNEAC.

Autor: Jorge Santos Caballero*

Fuente: Sede de la UNEAC

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