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Para Julio García Espinosa, primer rumbero que llega a viceministro

Julio García Espinosa, foto: cdn0.cibercuba.com

El nuevo cine Latinoamericano nunca fue excluyente. Nunca fue insensible a cualquier obra cinematográfica que mostrara un mínimo de pasión por esta América Nuestra. Ese fue su rasgo más alto y generoso. Como lo fue también alentar siempre cualquier germen de poesía y verdad. Por eso, treinta años después puede ver con alegría que sus riberas son desbordadas por los jóvenes de hoy. ¿El Nuevo Cine Latinoamericano ha muerto? En todo caso digamos que « no desaparece en la nada, desaparece en el todo». Contribuyó a crear y a fomentar el único movimiento cinematográfico al cual se le reconoce un carácter continental. Logró que se hablara en el mundo de cine Latinoamericano como un concepto global. Pues bien. Hablemos simplemente de Cine Latinoamericano. El de ayer, el de hoy, el de mañana, el que nos une a todos en nuestra diversidad. El que siempre luchará por un mundo donde no haya necesidad de ser egoísta paras ser feliz. (1)

Con estas ideas expuestas por el cineasta Julio García Espinosa el 4 de marzo de 1994 en el II Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, no solo concluía su ensayo “Por un cine imperfecto, 25 años después”, donde realizó una vasta introspección acerca del porqué había escrito su conocido texto en 1969,  sino, que con su presencia, su pensamiento y su larga experiencia  en el cine cubano, latinoamericano y la cultura en general, avalaba la importancia de este evento surgido en el momento más complejo de la nación cubana;  la presencia y apoyo de Julio se mantuvo de forma directa mientras sus fuerzas físicas y mentales se lo permitieron,  por eso, para mí es además de un inmenso placer, un motivo de justicia plena, escribir estas nobles ideas en nombre de todos los que durante 22 años hemos dedicado parte importante de nuestras energías al desarrollo de cada nueva edición del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica,  como  homenaje al “primer rumbero que llega a viceministro”(2) en su 90 cumpleaños. 

Julio García-Espinosa nació en el barrio de Los sitios en la Habana el 5 de septiembre de 1926, y se crió en el barrio de Cayo hueso, y aunque desde pequeño tomó clases de piano, teoría y solfeo, con apenas 15 años debuta en el mundo del teatro con la obra Un negro en la real fuerza aérea, en ella interpreta el papel del legendario negrito del teatro vernáculo cubano, gracias sobre todo a sus grandes dotes como rumbero.  Para la segunda mitad  de la década del 40 es un conocido anunciante de la radio con frases como:“si su pelo hablara pediría Glostora”, a la vez que escribía el programa de SMQ, Misterios en la historia del mundo, para lo cual durante un año creó un cuento diario de doce minutos; su amigo Justo Rodríguez Santos le enseñó buena parte de los misterios de la radio y también lo presentó en el año 1950 a Raúl Roa ---quien entonces era Director de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación---, que buscaba a alguien para dirigir un proyecto nombrado Misiones culturales.

Pese a su juventud Julio enseguida simpatizó con Roa y lo recuerda con extrema simpatía: “Nada más que conocerlo y presencié esta escena con la periodista Mariblanca Sabas Alomá, mujer cincuentona, alta y corpulenta. Mariblanca le dice a Roa que, como se sabe era muy flaco:«Eres la estampa viva de la rebelión de las masas».  Y Roa, con aquella gracia que le caracterizaba, le respondió: «Y tú cada día estás más crepusculona». No podía uno dejar de simpatizar enseguida con Roa. Era un hacedor de palabras, una fuente inagotable de buen humor.”(3)

Las misiones culturales a las que Julio dedicó un año de trabajo: “[...]eran un camión- rastra que iba recorriendo el país presentando en los pueblos  distintas manifestaciones artísticas [...].(4) Incluyendo por supuesto el cine con lo que se convirtió en un  antecedente del futuro proyecto de los cines móviles llevado a cabo por el ICAIC a partir de 1961.

Pero este joven empeñado en hacer arte a como fuera, antes de su experiencia en Roma, también fue fundador junto a Odilio Urfé, Manuel Romero Fraginals y Alfredo Nieto, del Instituto Musical de Investigaciones Folklóricas, a la vez que asistía a las clases de cine que impartía José Manuel Valdez Rodríguez en la Universidad de la Habana.

Tras su regreso del Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma (donde permanece de 1951-1953), ingresa en la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, allí conoce y entabla amistad con Alfredo Guevara, José Massip, Jorge Haydú y Santiago Álvarez. Desde 1954 hasta el triunfo de la Revolución hizo muchísimas cosas por el cine y por la cultura nacional, fundó Teatro estudio junto a Raquel y Vicente Revuelta, realizó mucha publicidad para la naciente televisión, impartió charlas sobre el Neorrealismo a cuanta persona se le puso delante, trabajó de asistente hasta del mismísimo Juan Orol, quien hasta lo reto a duelo.

Finalmente junto a estos amigos y otros artistas como Juan Blanco y Servando Cabrera, emprenden el rodaje de El megano, por fin podía hacer una película con una parte de la ruda realidad de ciertos sectores nacionales, pese a que el mismo Julio manifestó con el paso de los años. “Hoy lo veo como una película naif, sin encanto formal alguno y, lo que es peor, con una visión de la realidad muy simplona […]” (5), lo cierto es que la obra fue bien acogida por la crítica y por el público, y hasta el siniestro jefe del SIM le llamó la atención El megano, que además de interrogar a Julio, incautó la que parecía ser su única copia; todavía hoy es considerado como el antecedente histórico del actual cine cubano y como uno de los títulos fundacionales del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano. 

Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, es nombrado Jefe del Departamento de Arte  de la Dirección de Cultura del ejército rebelde, allí  dirige el documental La vivienda, y unos días más tarde forma parte del núcleo fundacional del ICAIC (24.03.59). En los festejos del 26 de julio de ese año dirige el primer documental hecho por el Instituto, Sexto aniversario.  Al año siguiente emprende el rodaje de una de las dos primeras películas de ficción producidas por el ICAIC, Cuba baila, una sátira sobre algunas de las costumbres de la pequeña burguesía en su empeño de estar a  la altura de los más pudientes como fórmula mágica contra el qué dirán, lamentablemente los esquemas sociológicos de Cuba baila, son hoy parte indisoluble de buena parte de la familia cubana, hay quienes no tienen ni techo, pero eso sí, los quince de la niña tienen que llevar toda la parafernalia de la moda de hoy, porque si no, que dirán los vecinos y las amigas del colegio, nada que la lección de Cuba baila y que Memorias del subdesarrollo, no es que siga gustando aún como dice Carlos Varela, es que está presente hoy más que en los entusiastas sesenta.

Durante los siguientes siete años dirige varios documentales y una película de ficción,   además de ser guionista de varios de los filmes producidos por el ICAIC, y de participar en el proceso de enseñanza de los nuevos cineastas que se forjaban con el quehacer diario del Instituto,  será en 1967 con Las aventuras Juan Quin Quin, que  definitivamente rueda la obra que lo consagran con el público y con la crítica. 

Aunque el cineasta pasó varios años si volver a dirigir un largometraje de ficción, es impresionante la cantidad de obras trascedentes de nuestra cinematografía en que realizó o fue parte del guión, basta recordar a Lucía, La primera carga al machete, Los días del agua,Viva la República,  No tenemos derecho a esperar, Girón, Ustedes tienen la palabra,El extraño caso de Rachel K, El otro Francisco, De cierta manera, Mella, La Batalla de Jigüe, así hasta una extensa lista que sobrepasa las 25 películas.

Entre 1979 y 1982 es nombrado Viceministro de Cultura, para atender la esfera de la música, etapa en que dirige también el festival de Varadero, además de promover el festival del Son, el de la Guitarra, el de Música electroacústica y el Carifesta; asimismo fue el organizador del primer encuentro entre músicos cubanos y norteamericanos celebrado en el teatro Karl Marx del 2-4 de marzo de 1979. En esa etapa de vinculación directa con la música y los espectáculos encontró tiempo, espacio e inspiración para rodar en 1980,  Son... o no son, obra con la cual se acerca al universo del cabaret cubano más conocido en el mundo entero, para dejar entrever con cierto tono de comedia los avatares de esos seres humanos a la hora de producir cada espectáculo, con independencia del carácter experimental de la propuesta y de la afirmación del propio Julio cuando expresó: […] me propuse hacer el filme más feo del mundo. Quiero decir que me propuse eliminar las fascinaciones habituales: intriga de suspense, primacía de la imagen, virtuosismo de la puesta en escena, actores seductores, bella fotografía, etc. Se trataba de sostener el filme únicamente con la propuesta dramatúrgica. Propuesta que se plantea destruir el núcleo central de la dramaturgia tradicional o aristotélica. Era y es un filme experimental.Porque la historia de Son o no son es sencilla: un ensayo, sin maquillaje, en Tropicana, para, a través de éste, reflexionar sobre los medios y la cultura popular en general (6).

El filme también tiene el valor añadido de conservar para la posteridad la imagen de un grupo importante de artistas del espectáculo criollo, que hasta para los que ya éramos adultos en esa época nos resultaba de mucho agrado poder disfrutarlos en la pantalla grande.

En 1983 es nombrado presidente ICAIC, responsabilidad que desempeñó hasta 1990, a la vez que preside El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,  y es miembro fundador del Comité de Cineastas de América Latina. En 1985 crea junto a Gabriel García Márquez la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y un año después trabaja con todas las energías en la gestación y puesta en marcha de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, institución que también dirige en los primeros años del presente siglo y desde la cual continúo apoyando el Taller de Crítica de Camagüey.

En 1989 vuelve a ponerse tras las cámaras de cine, esta vez lleva al celuloide una versión de la obra teatral de Eugenio Hernández: La inútil muerte de mi socio Manolo, película un tanto experimental con el propósito  de homenajear el teatro desde el cine y reflexionar sobre algunas de las pasiones más bajas de los seres humanos.

Esta pasión por la experimentación como el más joven de los cineastas, la vuelve a poner en práctica en sus dos siguientes filmes El plano(1993),  filme donde además, deja entrever sus dotes de pedagogo  y un año después con el rodaje de  Reina y Rey, nos entrega una película con ciertos aires neorrealistas, pero sobre todo una historia simple y la vez compleja, aguda, azarosa, sobre la batalla por el afecto y la supervivencia de una anciana y su pequeño perro, en medio de la desesperada noche de 1994 en que nos vimos sumergidos la gran mayoría de los cubanos.

Pero Julio no solo ha sido el artista total del cine, las artes escénicas, la música, la televisión y la radio; del mismo modo ha sido uno de los intelectuales más acuciosos de las últimas cuatro décadas con más de veinte textos, en su mayoría enjundiosos ensayos sobre el cine y demás medios audiovisuales, hoy imprescindibles para todos aquellos que se interesen por la cultura cubana y latinoamericana. 

No es posible terminar estas líneas  sin mencionar también, su labor como embajador de la cultura cubana y latinoamericana en el resto del mundo y muy en especial en Norteamérica y Europa, donde en múltiples tribunas prestigió con su voz y con su obra el cometido artístico de esta pintoresca región.  A ello se añade su intensa obra pedagógica desde el naciente ICAIC en 1959 hasta la dirección de la EICTV, junto a su paso por la Universidad de las Artes y otras altas casas de estudios en varios países, lo que lo hizo acreedor entre otros grandes reconocimientos de la condición de Doctor Honoris Causa de la Universidad de las Artes de Cuba y de  la Concordia University de Montreal Canadá.

En resumen deseo expresar a Julio y a su entrañable compañera Lola,  que el Camagüey legendario y los amantes del cine seguidores del Taller de Crítica y de lo mejor del cine cubano y universal, le agradeceremos por siempre lo que en cada visita aprendimos de su verbo y de su prosa, de sus filmes y de su ética, que le hace un digo agramontino de esos que el Mayor acogía en sus huestes tan solo armados con la vergüenza. Personalmente me sirvió de mucho aliento para mi labor profesional de entonces y todo lo que realizado después,  aquel bello mensaje que Julio me envío en diciembre del 2004.

Mi estimado Armandito: El taller de crítica cinematográfica de Camagüey bien puede considerarse como un importante hito en nuestra cultura. Hubo una vez en que la reflexión cinematográfica descansaba prácticamente en los propios cineastas. Una nueva generación de críticos, entre los que se destaca Juan Antonio García Borrero, emergió con rigor, audacia y amplia mirada, a las turbulentas aguas de nuestro cine. Promover, como tú lo hiciste, todo un movimiento encaminado a unir, no a enfrentar, a críticos y cineastas, permitió que al fin se diera una relación adulta entre nosotros y un pensamiento más contemporáneo en nuestro 7mo arte. Fue hermoso, estimulante, enriquecedor, que se diera en Camagüey, es decir en provincia, poniendo en evidencia la necesidad de descentralizar la cultura, de abrir puertas y ventanas por todo el país. (7)

Estas ideas las escribí el pasado mes de marzo con motivo del homenaje que los organizadores de la XXII edición del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica quisimos brindar a Julio por su 90 cumpleaños; el paso inexorable del destino nos arrebató su presencia física; pero ni siquiera la inevitable muerte nos podrá privar de seguir teniendo entre nosotros y entre todas las generaciones de artistas que están por venir, el legado de su obra, la profundidad de su pensamiento, la dignidad de su espíritu, que  lo elevó a la condición de ser humano auténticamente libre, que es la única manera de ser un artista verdadero, como fue y será por siempre nuestro entrañable Julio García Espinosa,  “El primer rumbero que llegó a Viceministro”, pero sobre todas las cosas a un creador que respiraba cubanía. 

Camagüey, 25 de abril de 2016.

Notas:
1.García-Espinosa, Julio:Por un cine imperfecto 25 años después en: Un largo camino hacía la luz. Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada, Casa de las Américas, 2002. Casa, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2002.p.123.
2.Fowler Calzada, Víctor: Conversaciones con un cineasta incomodo: Julio García-Espinosa, Ediciones ICAIC, La Habana, 2004, p. 20.  
3.Víctor Fowler Calzada:Conversaciones con un cineasta incómodo. La Habana. Ediciones. ICAIC, 2004. pág.25.
4.Ibíd.
5.Ibíd.p.41
6.Citado por Juan Antonio García Borrero en: Guía crítica del cine cubano de ficción, Editorial Letras Cubanas, La  Habana, 2001, p.
7.Julio García Espinosa: Carta a Armando Pérez Padrón. La Habana, 26 de diciembre del 2004. Archivo personal de Armando Pérez Padrón.

Autor: Armando Pérez Padrón

Fuente: UNEAC Camagüey

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