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Palabras de despedida a Enrique Cirules

Enrique Cirules

En la tarde de hoy, en la sede de la UNEAC, nos damos cita para despedir al amigo, al escritor y al revolucionario Enrique Cirules. Muchas cosas se nos agolpan en la mente en este momento, pues en nuestro caso, Cirules fue un entrañable compañero con el que compartimos durante muchos años.

Escritor cubano de honda repercusión, incansable investigador,  hacedor de planes sin otra pretensión que exaltar la cultura por encima de todo -y la cubana, en particular-, era, además, un amigo incondicional, un hombre bueno. Ese fue Enrique Cirules, con quien sostuve una sólida amistad, que provenía de la que él había compartido con mi padre anteriormente; y por un profundo respeto mutuo que nos invadía. De extensa obra literaria, en la que se advierten textos de narración, testimonio e investigación; fue acreedor, además, de importantes Premios como el 26 de Julio, Casa de las Américas y el de la Crítica Literaria; pero, sobre todo, lo que más sobresalió en él fue su dimensión humana y el dejar un sedimento de afecto en quienes gozamos de su reconocimiento y su amistad.

Con una vida que comenzó como trabajador simple en su natal Nuevitas, se armó de una vasta cultura y de una capacidad para analizar los disímiles problemas en los que fijaba su atención. Fue, sin dudas, un reflejo de su época, de las premisas de un hombre de su tiempo, con los mismos conflictos, contradicciones, sueños y esperanzas que cualquier cubano. Eso sí, difícilmente haya un nuevitero tan amante de ese litoral y bahía, y de los recovecos en la zona del Guincho, como él.

Estudioso de Ernest Hemingway, se acercó al gran escritor estadounidense, no desde la óptica intimista o turística, sino que lo hizo con el ánimo de escrutar en las peripecias psicosociales de un creador genuino y, como tal, así lo plasmó en sus textos “Hemingway en la cayería de Romano” –que tuve el privilegio de editar para Ácana en el 2004- y “Hemingway, ese desconocido”, amén de las charlas y conferencias que brindó en los Coloquios Internacionales que, en honor al Dios de Bronce de la Literatura, se llevan a cabo en nuestro país cada dos años.

Enrique Cirules será siempre recordado, porque es un claro exponente de la literatura cubana de los últimos cincuenta años, y un digno representante de la misma. Habría mucho que decir sobre su quehacer autoral, pero no es nuestro interés estar hoy haciendo un examen de su ejecución. Su deceso, más que inesperado, es extremadamente doloroso. Este gran fabulador nos deja para desconsuelo de sus familiares y de nosotros, sus amigos. 
          
Estas son mis palabras de homenaje para ti, Enrique, al que siempre recordaré; al fiel miembro de la troupe de Hemingway.  Tú eras uno entre ellos, estimado Cirules. Gracias, hermano, por haberme dado la posibilidad de conocerte, de leer tus obras, de apreciar tu talento y la bondad que emanaba de ti. 

*Palabras pronunciadas por Jorge Santos Caballero, en ocasión de haberse depositado las cenizas del escritor Enrique Cirules, en la sede de la UNEAC de Camagüey, el jueves 22 de diciembre del 2016. 

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: UNEAC Camagüey

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