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Memorables Willis hablan del Ballet de Camagüey

Ballet de Camagüey

Los festejos que por el 38 aniversario del Ballet de Camagüey tuvieron lugar en el pasado mes de diciembre de 2005, marcaron en este redactor cierta añoranza, y es que no precisamente hay que esperar celebraciones cerradas en años para hablar sobre una de las compañías danzarias más prestigiosas de Cuba y de América Latina.

Pero hagamos antes un necesario recuento histórico. En las primeras décadas del siglo XX, la enseñanza de la danza en Camagüey estuvo regida por instituciones como la Escuela de Gilda Zaldívar Freide y el Salón de Ballet del Colegio Privado Zayas, este último fundado por iniciativa de la pedagoga Ondina Montoya.

En uno de los principales periódicos que circulaban en aquel entonces, El Camagüeyano, han sido encontradas las primeras referencias a la danza en la provincia. En su edición del 3 de diciembre de 1937, puede ser leído que el tema de actualidad palpitante es el gran recital de bailes clásicos que ha organizado la bella señorita Gilda Zaldívar Freide.

A mediados de 1951 continúa como profesora de ese  Salón del Colegio Zayas una joven de 25 años que dedicaría su vida a la danza y a su tierra natal: Vicentina de la Torre Recio. En esos años Vicentina participa en un cursillo de verano que entonces impartía la Escuela de Ballet "Alicia Alonso" fundada en 1950 en La Habana por Fernando y Alicia. Logra una beca a fin de continuar allí sus estudios de ballet. En noviembre de 1956, al cerrar temporalmente la escuela, la joven regresa a Camagüey y se incorpora al nuevo Salón de Ballet del Colegio Zayas, donde se mantiene hasta la apertura de su propia Academia de Ballet, el 12 de septiembre de 1957. Todos sus esfuerzos los dedicaría entonces a tratar de crear un colectivo danzario camagüeyano.

El 1ro de diciembre de 1967 sus sueños se hacen realidad: es creada oficialmente la Compañía de Ballet de Camagüey. La dirección le fue entregada en homenaje a sus esfuerzos y su amor por la danza.

El espectáculo inaugural se desarrolló en el Teatro Principal con un programa que incluía "La fille mal gardée", "Las Sílfides" y el pas de trois del primer acto de "El lago de los cisnes". La primera presentación en La Habana acontece seis meses después en el Teatro de la CTC y en la Sala García Lorca del actual Gran Teatro de La Habana respectivamente, con las obras "Coppelia", "El lago de los cisnes" y "Don Quijote".

Hasta 1980 el trabajo del Ballet de Camagüey estuvo basado principalmente en obras del repertorio tradicional. Más a partir de ahí se abre una nueva etapa definida por la ampliación del elenco y por el surgimiento de jóvenes talentos coreográficos. En esa época es imprescindible resaltar el trabajo realizado para la compañía por coreógrafos como Azari Plizetski, Iván Tenorio, Gustavo Herrera y Alberto Méndez, quienes habrían de merecer la aclamación del público y la crítica, a la vez que dieron los primeros pasos en la diversificación conceptual de la danza; una danza contemporánea que sin estar desligada del rigor clásico, era su consecuencia lógica. Este compromiso apareció en ballets tales como "Saerpil", "Cantata", "Sikanekue" y "La bella cubana". Notables figuras como Lourdes Álvarez, Haydeé Delgado y Adelaida Gómez marcaron época con estas obras largamente ovacionadas durante sus presentaciones en Cuba y el extranjero.

En 1975 le es confiada la dirección del Ballet de Camagüey al maestro Fernando Alonso, fundador de la Escuela Cubana de Ballet y pedagogo de gran prestigio mundial, quien con su larga experiencia, logra el perfeccionamiento profesional de la compañía y mantiene equilibrados los desafíos estilísticos que la habían caracterizado hasta el momento.

Importantes personalidades de la danza internacional como Elena Vinogradova, del Ballet del Teatro Kírov; el desaparecido Jorge Lefebre, director artístico del Royal Ballet de Wallonie, Bélgica; Edik Aroutinian, Ramiro Guerra y Víctor Cuéllar, ampliaron el espectro coreográfico adicionando sus creaciones danzarias  a un gran repertorio formado en la actualidad por más de 250 obras. Hoy la Compañía cuenta con más de cincuenta bailarines, de un promedio de edad de 23 años, y es dirigida por la Licenciada Regina Balaguer Sánchez, graduada de la Escuela Nacional de Ballet, quien ha realizado un meritorio e importante trabajo en la Compañía, gracias al cual el Ballet agramontino no colapsara en los momentos más difíciles del período especial cuando la agrupación sintió la ausencia por tiempo indefinido la casi de totalidad de sus primeras figuras.

Quizás fue este el momento propicio para que otras muy jóvenes y talentosas bailarinas y bailarines demostraran que el Ballet de Camagüey podía resurgir como el ave fénix, tal y como lo hizo.

En este artículo, que si bien no pretende contar la historia de la compañía, realzaremos el paso de cuatro importantes figuras que a lo largo de estos casi cuarenta años marcaron una época y que aún hoy descuellan como figuras del universo danzario principeño. No por ello quiero dejar de mencionar a Christine Ferrando, Celia Rosales, Dulce Maria Diaz, Osvaldo Beiro, Victor Carnesoltas, Pedro Martín Boza, Lídice del Río y Guillermo Leyva quienes, entre otros, llenaron de largas y sostenidas ovaciones los espacios del Teatro Principal y de otras sedes.

Pero vayamos tras las confesiones de cuatro willis, y digo así porque entre ellas existieron denominadores  comunes, uno que todas interpretaron, según cada estilo, el ballet Gisselle, otro que sueron primeras figuras de la compañía camagüeyana, y finalmente que la mano maestra y sabia de Fernando Alonso tuvo influyó en su formación como bailarinas profesionales. Los nombres, si bien no constituyen sorpresa para los lectores, no dejan de ser una grata recompensa luego de muchos años.

AIDA VILLOCH, BARBARA GARCIA, YICET CAPALLEJAS Y SIUCHEN AVILA.

Cuando por la vía del correo electrónico tuve la suerte de contactar a Aidita, como cariñosamente muchos la recordamos, quedé, al igual que ella, fuertemente emocionado al tener como respuesta esta confesión:

El haber pertenecido al Ballet de Camagüey fue una enorme bendición, un regalo que seguro el destino y Dios me tenían reservado. Esta compañía me permitió hacer una carrera estupenda rodeada de muchachos jóvenes donde la edad promedio eran los 20 años, en un lugar rodeado de vegetación al aire libre, donde me sentía como una mariposa que da rienda suelta a todas las interpretaciones desde el amanecer hasta el atardecer. Camagüey me acogió como su amada desde 1975 hasta 1992. Esos años hablan de la calidad humana de esta jovencita que prefirió el campo, el calor de la gente de provincia, a los contratos que tantas veces tuvimos en las manos. Nunca abandonamos ni decepcionamos a los pocos que creyeron en mí que con sólo 19 anitos asumí importantes responsabilidades.

Pudiera mencionar varias obras en las que me sentí a gusto, en especial mencionaría "Gisselle", pues sentía a todos los bailarines tan cerca como si fueran parte de mí, y verlos a ellos llorar mientras yo interpretaba la locura o al final, en la muerte es algo para mi emocionante e imborrable. "La fille mal gardée" fue otro ballet que disfruté mucho, así como el segundo acto de  "El lago de los cisnes" y hasta una versión cubana en Bélgica del ballet "Carmen". O sea, pienso que no  me haya quedado nada sin bailar. Me faltaron la fuerza y la salud física para seguir más tiempo, pues tenía muy lastimadas las rodillas, a lo que se unía el desgaste durante tantos años bailando día a día. De lo contrario hubiese seguido hasta largar los pies, pero, bueno no siempre hacemos lo que quisiéramos. El ballet es sacrificio, dedicación, esfuerzo. Lo que el público ve desde sus butacas es el resultado de ello.

Y es que precisamente ese público al cual me dediqué en cuerpo y alma era como el termómetro, el medidor. Sentía la responsabilidad de seguir desarrollándome, de buscar en cada salida una entrega diferente para que ellos nunca se defraudaran, para mantener el teatro lleno, el respeto por la calidad. En fin, sin ese público que tanto calor me dio  no hubiese tenido el nombre y el éxito que logré.

Gracias a Fernando Alonso ello pudo ser posible. Él significó todo, absolutamente todo, a nivel profesional y persona. Fue el hombre que me llevó a la cumbre, que compartió mi juventud y mi madurez. El amigo Fernando marcó todo en mi carrera, y sigue constituyendo un ejemplo que admiro y quiero muchísimo. Aún cuando tengo alguna duda, está ahí con esa sabiduría y modestia  que solo los grandes mantienen. Le agradezco todo su empeño por hacer de mí una gran bailarina y de estar a su lado para formar esa compañía que nos hizo crear lazos más allá de lo profesional.

Fue el deber cumplido , más allá de las expectativas del gobierno cuando a los dos solitos nos soltaron a 600 kilómetros de La Habana, lejos de nuestros fans y de todo lo nuestro, a él para hacer de esa una compañía de nivel internacional,  y a mí con él para que pudiera seguir bailando en Cuba. Verdaderamente me siento muy orgullosa de todo lo vivido y si volviera a nacer haría exactamente lo mismo, pues para mí ha sido un honor compartir con el gran maestro de maestros Fernando Alonso Rainiery y de formar parte de su historia, así como del ballet en Cuba y especialmente en Camagüey.

Luego de Aidita vendría Bárbara García, quien rápidamente ocuparía el lugar de privilegio que todo artista desea tener siempre ante su público.

Definida por muchos analistas y críticos de la danza como una de esas bailarinas que nace cada cien años, Baby, como le llaman sus más cercanos admiradores y compañeros de trabajo, es poseedora de una cuidadosa y depurada técnica que en cada salida a escena asombra a todos. Nacida en la oriental Santiago de Cuba rápidamente ocupó lugares de privilegio en las filas del Ballet de Camagüey, donde llegó proveniente de su ciudad. Luego de haberse graduada en la Escuela Profesional agramontina, tuvo la dicha de ser formada desde sus inicios por Fernando Alonso.

Precisamente por ello el maestro no dudó en sus cualidades naturales para la danza y le confió con sólo 19 años el rol de Gisselle en calidad de debut; debut que Bárbara aprovechó en toda su dimensión  bajo las orientaciones sabias de Fernando y de la maître y joya del Ballet Nacional de Cuba, Josefina Méndez. Esa obra desde entonces marcaría su carrera. No es difícil para mí recordar las siete cortinas abiertas y cerradas al concluir ese primer acto de aquella largamente ovacionada noche. Vendría luego el difícil segundo acto donde se creció en cada instante hasta lograr una interminable jornada de aplausos al final de la puesta.

Pero no sólo "Gisselle" llegó a Bárbara García para que ella demostrara lo grande que es: "Otelo", "El mirlo negro", "La concurrencia", "Formas para concierto", el inolvidable "Grand pas de quatre yoruba" y "El primer intento", harían de la García una bailarina imprescindible y deseada por cualquier compañía de Cuba y el mundo.

Imposible olvidar también su debut en "Coppelia", "La fille mal gardée" o en el segundo acto de "El lago de los cisnes", en el que, gracias a su potencial técnico arrancó del público camagüeyano y cubano las mas recordadas ovaciones. Otra obra que supo dibujar en toda su dimensión fue el grand pas de "Paquita", interpretado según la adaptación de la maître rusa, Elena Vinográdova.

Después de varios años de ausencia de los escenarios de Camagüey, reaparece ante su público como primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba interpretando el personaje de Gretta en "La Cenicienta": Volver a donde me inicié fue para mí como un regalo de hadas, había muchas añoranzas, nostalgias, recuerdos de mi Camagüey, ese andar por sus plazas, parques, teatros me  hicieron retornar ante el mismo público que más de una década después me ha vuelto a aplaudir largamente. Fue una puesta que a muchos dejó boquiabiertos tras constatar su alto nivel artístico, técnico y profesional, del cual, sólo las grandes estrellas del ballet internacional pueden dar fe.

Fernando Alonso marcó su carrera y luego de haberla perfilado y formado como también lo haría décadas antes con Alicia y las cuatro joyas, se sentiría alegre y muy feliz de aún disfrutar lo que sólo un maestro de su talla puede lograr de una bailarina como Bárbara García.

Pero también y por cuestiones de la vida y los momentos que cada persona proyecta en su futuro profesional y personal, vendría otra willi que también con el decursar del tiempo sonaría entre las figuras mas aplaudidas en el Camagüey.

Hablamos de Yicet Capallejas: Recuerdo con mucho cariño  los 14 años que bailé en el Ballet de Camagüey. Llegué a esta ciudad muy jovencita, angustiada de miedo por ser un lugar nuevo y lejos de mi familia, pero llena de muchas ilusiones y ganas de ser alguien en el mundo de la danza. Ahora vienen a mi memoria  algunas grandes bailarinas del Ballet Nacional de Cuba en aquel entonces, como Charín, las que fueran mis maestras. Loipa Araújo y Silvia Marichal me felicitaron por irme para el Ballet de Camagüey, pues era la compañía donde de verdad conocería, bajo la dirección del maestro Fernando Alonso, la carrera de una bailarina.

Y ahora te puedo decir con toda seguridad que tenían mucha razón. Estoy muy contenta de haber llegado aquel septiembre de 1986 y sobre todo de haber logrado ser una de sus primeras bailarinas. Serlo significó y significa mucho, pues era una agrupación muy buena, con un gran repertorio y excelentes bailarines donde además no se llegaban a cumplir tus sueños, como el de llegar a primera figura, cuando ya estabas mayor. Acá te daban muy buenas oportunidades bailando como solista desde muy joven, sin dejar claro, de hacer papeles en el cuerpo de baile. Si tú sabías aprovecharlas y, además, tenías las condiciones y el talento, veías tus sueños hechos realidad  en buen tiempo.

Me gustan mucho los estilos clásico y moderno, pero siempre y cuando éste último se haga con una buena técnica clásica. Creo que el clásico es la base de todo, por su limpieza. Una buena bailarina debe ser capaz de poder demostrar muy bien las dos cosas y de haber tenido en su carrera la oportunidad de hacerlo. Axial se es una bailarina completa. A mí en lo particular me queda mejor lo clásico y me siento más a gusto,  pero cuando he tenido que interpretar algún moderno, también lo he hecho con mucho placer y entrega.

Bailar GISELLE  es el gran sueño de toda bailarina y se baile donde se baile es un gran privilegio. Haberlo hecho en el Ballet de Camagüey fue muy especial, pues me dieron la oportunidad cuando aun era solista, y muy joven, siendo un rol que tradicionalmente se le confiere a las primeras bailarinas. Además,  el Ballet de Camagüey tiene una característica especial que espero no haya perdido, y es que hay en él un ambiente muy sano en cuanto a las relaciones humanas.

Es sabido que en todas las compañías de Ballet del mundo, existe un entorno bien pesado, lleno de envidias y rencores. En el Ballet de Camagüey esto no pasaba, todo el mundo se quería y se ayudaba. El trabajo era mucho mejor, por eso cuando tú te veías bailando un ballet como GISELLE, donde tienes tanta relación con el cuerpo de baile y sientes el apoyo y el amor  sincero de todos tus compañeros,  todo toma un carácter muy distinto y lo que se puede sentir es casi inexplicable y se recuerda para siempre.

Pensar en el retiro siempre implica tristeza y ansiedad, pero en mi caso es algo ya inevitable, no pensaría en eso jamás, pero hay muchos factores que me obligan a ello. Fui operada de mi pie derecho a los 14 años, cuando aún estaba en la escuela. Desde hace varios meses padezco de muchísimo dolor y creo que ya es hora de parar. Estoy muy contenta y satisfecha con mi carrera, el retiro no deja de ser un paso difícil y doloroso, pero cuando miro atrás lo hago con gusto y convencimiento: es lo que me queda. Trataré siempre de recordar a Camagüey entre lo más querido y siempre su público estará en un lugar importante de mi corazón

Hasta aquí las confesiones de estas willis. ¡Cómo olvidar a la más reciente, a la que  cosecha importantes éxitos para el Ballet de Camagüey, junto Liuba Corzo, otra grande y no menos importante! La próxima gira que llevará a la compañía desde la década del 80.

Gracias al teléfono pudimos conversar durante una fría noche de diciembre, víspera del aniversario 38 de la agrupación. Por la vía del imprescindible teléfono, Siuchén Ávila me dijo esto que ahora reproduzco: Siempre me gustó ser integrante del Ballet de Camagüey. Cuando comencé mis estudios de nivel elemental en Santiago de Cuba y luego vendría el pase a nivel medio en la ciudad de los tinajones me quedé deslumbrada al ver como uno de los más vivos ejemplos en mi vida una función de Bárbara García en el pas de deux "El corsario". Desde esa noche supe que pertenecer a esta compañía sería como alcanzar o quizás tocar las estrellas del cielo. No dejo de reconocer que el Ballet Santiago me ayudó mucho en mi carrera de servicio social, pero ir para Camagüey era en ese entonces mi mayor anhelo.

Siempre conté con el decisivo apoyo de toda mi familia que ha seguido mi carrera desde mis inicios, también de mis compañeros en general, pero sin la ayuda y orientación de Fernando Alonso cuando mi debut en el segundo acto de "Gisselle" no me hubiese sentido como la bailarina segura que hoy soy. A ese empeño también contribuyeron los maîtres Osvaldo Beiro, Manelyn Rodríguez, Regina Balaguer y Dulce M. Diaz.

Bailar el rol de Swanilda en el ballet "Coppelia" no deja de ser uno de mis próximos sueños, temporalmente frustrado tras una temporada alejada de los escenarios luego de llegar la maternidad a mi vida. Bailar lo clásico y lo moderno….

Creo que tanto uno como el otro le aporta muchas experiencias y alternativas a cualquier bailarín en lo artístico y en lo técnico. En cuanto al público considero que verdaderamente ese es el que te crea o te destruye, es la razón por la cual todo artista sale a escena cada dia. Si considero tener amigos en el ballet, pero no por ello dejo de estar siempre atenta a los demás. A fin de cuentas cada uno de nosotros siempre quiere alcanzar determinadas metas en la vida: nunca estaré complacida con la última función, siempre pensaré que hay otra que puede ser mejor, eso lo merece toda persona que como yo ame el ballet.

Luego de estas cuatro visiones de willis que desde 1967 han pasado por los amplios salones y jardines del Ballet de Camagüey llego a la conclusión que una nueva generación. Gracias entonces a Vicentina, a Joaquín, a Fernando, a Vede, a Regina y sobre todo al principal inspirador de la obra de la revolución cultural en nuestra Cuba, a nuestro Fidel por permitir que una ciudad como la nuestra, Camagüey, haya sido y siga siendo sede de una compañía de ballet.

Autor: José Manuel Cordero Hernández

Fuente: Internet

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