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Los techos de armadura de las edificaciones coloniales en Camagüey

Los techos de armadura, foto del autor

Si a la casa de la colonia se le despojara de su techumbre y solo los muros quedaran en pie, aun sin alterar sus unidades espaciales y todos los demás elementos arquitectónicos que la conforman, se priva a estas construcciones de uno de sus valores fundamentales y por lo tanto dañaría gravemente y de forma irreversible el patrimonio inmueble.

Con frecuencia se observa en la ciudad el desmonte de estos valiosos techos, los que aun todavía son salvables a pesar del deterioro que puedan tener, todo basado en el culto al uso del hormigón armado por la falsa creencia de su dureza y durabilidad. Craso error en fundamentar esta idea, ya que existen techos del siglo XIX y aun del XVIII diseminados por la ciudad, la región y la nación que perduran en perfecto estado, guarnecen de la lluvia, el sol y los elementos agresivos de la naturaleza, como los huracanes, tornados, entre otros.

Aun así, el tiempo y las contingencias no han podido desaparecer estos techos. Se aboga por los techos de hormigón armado por los motivos antes dichos, sin embargo, se observa en las placas de hormigón de variadas viviendas y edificaciones de la reciente pasada década del 50 del siglo XX, y aun de finales del propio siglo, eclosiones de las cabillas por oxidación lo que ha causado la caída del material de recubrimiento con apenas 50 o 60 años de existencia.

Se podría aducir que no hay maderas para sustituirlas cuando el deterioro es por humedad o por la acción de insectos xilófagos, pero es importante preguntarse antes qué no se hizo y qué se puede hacer para evitar esto. La respuesta se dará más adelante.   

Para comprender el significado que poseen como un factor de identidad cultural de la ciudad o del país de estos complejos sistemas estructurales de los techos de armadura de pares de los inmuebles del periodo colonial, habría que remontarse a las primera etapas de la colonización de la isla, cuando comenzaron a penetrar los inmigrantes de origen español dado su condición de país conquistador. 

Algunos documentos constatan la entrada de mudéjares por el puerto de La Habana, a pesar de la prohibición de emigrar de este grupo étnico de origen moro, asentados siglos antes tras la conquista de la península por los árabes.

Son precisamente así llamados los moros no conversos que a la caída del califato a finales del siglo XV continuaron con sus tradiciones y sus expresiones culturales de origen, aunque no hay “base científica ni técnica en que sustentarse”, de que ellos crearan estos tipos de techos, según especialistas españoles ya desde la España visigoda se elaboraban estas estructuras, “en cambio su parentesco con la carpintería europea es muy sólida”.

En Alemania el techo de armadura “se mantiene como la solución estándar empleada para cubrir el mayor porcentaje de sus viviendas unifamiliares”. Lo cierto es que los españoles trasladaron a Cuba estas tradiciones constructivas denominadas techos de armadura de pares, y fue La Habana el foco de difusión que irradió esta práctica de la carpintería en blanco hacia el interior de la isla. 

Por diversos factores climáticos y abundante recursos forestales de la isla, estas techumbres se convirtieron en uso común de las viviendas y construcciones de diversa índole tanto civiles, religiosas como militares. Semejantes condiciones permeaban la vasta región de Andalucía, área geográfica por donde fundamentalmente vino la mayor influencia. 

Así, en la antigua villa de Puerto Príncipe (hoy Camagüey) tras la desaparición paulatina de los iniciales techos de guano o paja, comenzó la práctica de elaboración de los primitivos techos de armadura que podrían calificarse en dos tipos fundamentales: la armadura de parhileras y la armadura de par y nudillo.  

Cada una de estas techumbres están presentes en abundancia por casi todo el Centro Histórico, y sus sistemas estructurales cubren  tal vez alrededor del 80 % de estas casas por sí solo, es decir uno de los más valiosos componentes patrimoniales de la urbe está constituida por estas estructuras, de ahí su importancia para el patrimonio urbano arquitectónico. 

El sistema comenzó por la armadura de par e hilera que se considera de precario equilibrio y que llegaría a consolidarse con la rigidez que le dota el nudillo a cada pareja de pares, situado a dos tercios de la altura total de la armadura. En los techos de par e hilera su uso quedó relegado para modestas armaduras de escasa luz fundamentalmente en viviendas o locales de moderadas dimensiones. 

La armadura de par y nudillo impuso su empleo para las edificaciones con locales y aposentos de grandes dimensiones y en la ciudad, se muestra fundamentalmente en las iglesias aunque en menor frecuencia aparecen en viviendas. Un elemento importante de este sistema de armadura es el tirante, que no es imprescindible en casos de escasa luz. Se puede añadir que “su necesidad es la verdadera característica de este tipo de armadura”. 

Es evidente que tanto la armadura de par e hilera como las de par y nudillo producen importantes empujes horizontales en sus apoyos tanto mayores cuanto menor sea la pendiente de sus faldones, estos necesariamente absorben los estribos o vigas soleras de la armadura. 

Como se aprecia los tirantes necesariamente deben ser atirantados, de lo que se trata es de comprender el imperativo de equilibrar el empuje de la pareja principal de faldones y la necesidad de introducir el tirante si la longitud de la armadura es tal que no basta con amarrar el estribo por sus extremos que en algunos caso se resuelve la dificultad al colocar en las esquinas cuadrales que son como tirantes dispuestos a 450 . 

Estas armaduras suelen complicarse cuando aumentan el número de los faldones que pueden ser de cuatro y hasta ochavadas. En Cuba son más frecuentes las dos primeras. 

Para comprender mejor el significado del sistema estructural de armadura de par de los techos coloniales, hay que remitirse al concepto de la arquitecta Felicia Chatelón que lo define como un “sistema estructural triarticulado estáticamente determinado”. Con esta breve indicación de los elementos estructurales que conforman las armaduras de pares sería conveniente referirse a sus aspectos decorativos y su evolución de forma general y cómo en su apogeo muchas alcanzaron valores estéticos que constituyen obras de arte artesanal. 

En el siglo XVIII la laceria comienza aparecer entre los tirantes pareados, con dibujos geométricos, volados o no. Las decoraciones florales puntiagudas se utilizaban en vigas. La línea curva aparece en la segunda mitad del siglo XVIII, formas conopiales, rejas curvas, se empieza a romper la geometrizacion de las líneas.
En los techos ocurre lo mismo y surge el tirante celosía, donde la superficie entre los tirantes pareados se cubre por completo con decoraciones florales, muchas afiligranadas de gran belleza. En esta etapa las decoraciones florales no son puntiagudas. Estas armaduras pueden ser de un estribado o de doble estribado cuando la viga solera se apoya sobre ménsulas. 

En Camagüey es casi de uso exclusivo la armadura de par y nudillo en las naves de las iglesias y con doble estribado por la luz de sus naves, aunque el doble estribado se observa también en las viviendas, pero con menos frecuencia. Por lo general a los techos de par y nudillo lo acompañan el harneruelo, un entablado horizontal a la altura de los nudillos dispuesto longitudinalmente en las naves de las iglesias. En arquitecturas como la hispana y en la región centroamericana y suramericana se decoraba los harneruelos con diversos motivos, como florales, geométricos entre otros. 

En Cuba y en Camagüey no era común esta práctica. En el siglo XIX en los techos se siguió el concepto de la armadura, no obstante, se renuncia a los aspectos decorativos. Los siglos XVI – XVII y XVIII es de luces y sombras, el siglo XIX es liso. Son disimiles los elementos estructurales de estos techos que se prestaron a la decoración, como las ménsulas, los cuadrales y las billeterias o solerillas, además de los pares o vigas, algunas incluso, historiadas. 

En las casas coloniales e iglesias se testimonia este rico trabajo artesanal del pasado histórico que no se debe perder, al ser parte sustantiva de la identidad cultural, de una tradición antiquísima que trajeron los primeros inmigrantes de España y fue asumida en Cuba, pero con nuevos matices y características propias, incluso en las diversas regiones, asumen marcados acentos locales como las armaduras de par camagüeyanas, distintiva de otras locaciones.

En estos techos la mayoría de las fallas se producen en los estribos o vigas soleras por deslizamiento horizontal al perderse el vínculo con tirantes y cuadrales o por presencia de humedad se destruye por la acción de microorganismo, también se observa las fallas en las ménsulas o canes al destruirse la solerilla por humedad provocando que el can o ménsula descienda facilitando la entrada de agua y el consiguiente deterioro general.

Dar respuesta al problema de disminuir o evitar el peligro de desaparición de este patrimonio podría resumirse en principios y acciones, como es el reconocimiento de la comunidad que vive en este valioso Centro histórico del valor patrimonial del bien y su significado, algo que se logra mediante la divulgación de estos valores patrimoniales por diferentes medios de comunicación como la prensa, la radio y la televisión.

Otro aspecto fundamental, es retomar la antigua costumbre un tanto olvidada, de retejar todos años las techumbres y eliminar las goteras, causa fundamental del deterioro por pudrición de las maderas.
Asímismo debe fomentarse la creación de tejares para proporcionar las tejas que sustituirán a las que se encuentran en mal estado de los edificios y viviendas de la ciudad. Las hojalaterías para canales  y  medidas de carácter económicas para facilitar la reparación de los techos podrían lograr la conservación y protección de este importante testimonio histórico. De igual manera, otras de carácter legislativos que frenen las indisciplinas que propician su desaparición.  

Si se quiere apreciar las bellezas y riquezas decorativas de este legado de la ciudad bastaría con visitar las construcciones emblemáticas del contexto urbano histórico, como las armaduras de par y nudillo de la iglesia de San Juan de Dios con su derroche de sabia artesanía y riqueza decorativa, plasmados con la presencia de los típicos tirantes celosías geométrica y de sus dobles cuadrales sobres ménsulas y la triple billeterias de su doble estribado, que imprimen al conjunto una singular belleza, similar característica y aspecto se aprecia en las Iglesias de La Soledad , Santa Ana y San Lázaro. 

Sin embargo, las armaduras de par e hilera de simple o doble estribado predominan en las viviendas tales como Cisneros esquina a San Isidro actual sede de la UNEAC, la Academia de Ajedrez, el actual Restaurante 1514 en Maceo esquina General Gómez, la que sobresale por sus vigas historiadas y demás elementos característicos de estas estructuras, la cafetería” Café Ciudad”, asimismo es digno de mencionar el techo de la sala de la segunda planta de la casa natal de Ignacio Agramonte de cuatro faldones y simple estribado con tirantes celosías y dobles cuadrales. El techo de la tienda de equipos electrónicos “On dita” situada en Independencia esquina a General Gómez. El merendero “Oasis” situado en frente de la tienda antes mencionada entre otros de gran valor.

Son innumerables los ejemplos a mencionar con estas estructuras de las edificaciones y viviendas coloniales ubicadas en el Centro histórico de Camagüey, al estar la ciudad permeada de ellas y en ocasiones esconderse tras las estratificaciones de fachadas transformadas en neoclásicas, eclécticas o de otros estilos, empero, perduran en su interior todos los elementos estructurales espaciales y arquitectónicos de aquellas tradiciones constructivas de la colonia.

Según Mario Breceño, “la tradición bien definida da a los pueblos tono, fisonomía, impulso, carácter, perspectiva” También señala que: “Los pueblos que han probado mayor vitalidad tienen mostrado a la vez, dentro de su Identidad, un ardoroso empeño en mirar hacia atrás, en pos de una clara explicación de sí mismos. Del propio modo como el hombre sabe que vive, en cuanto tiene memoria de su ser anterior, así mismo las naciones se proyectan para el futuro sobre el fondo de la tradición ya que, difícilmente un pueblo que carezca de conciencia de sí mismo uniformará sus concepciones en torno al grupo de valores que han de servirle de norma para sus actividades”. 

No solo este examen axiológico del bien es el único factor a tener en cuenta, sino hay también que considerar algo tan importante como su funcionalidad ante los factores climáticos por su condición de aislante térmico, ya que estos materiales de que está compuesta la techumbre como la madera y las tejas,  actúan como aislantes del calor, por lo que proporcionan a estas casas un ambiente fresco y agradable, máxime cuando el puntal es alto lo que disminuye aún más el calor de los aposentos y locales, muy contrario a las placas de hormigón que son trasmisores de las altas temperaturas y por ende proporcionan un calor excesivo en las habitaciones y locales de los hogares y edificios.

Por último los techos de maderas que por su arraigada tradición en Cuba se prolongaron hasta las primeras décadas del siglo XX, con diferencias y similitudes a aquellos coloniales, pero con la misma y persistente cubierta de teja criolla que ha perpetuado hasta la actualidad esa peculiar e imprescindible imagen de la ciudad, a vuelo de pájaro, matizada por el marrón de la teja y el verde profuso de sus patios y parques, un colorido que también forma parte de los valores urbano arquitectónicos del patrimonio inmueble y por lo tanto digno de conservar para las presentes y futuras generaciones.           
* Especialista de la  Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio Cultural.

Autor: Roberto Sánchez Ruiz*

Fuente: Centro Provincial de Patrimonio Cultural en Camagüey

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