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Libro prestado, ¡ NO!

Feria del Libro

Es cierto que las Ferias del Libro han devenido en el acontecimiento cultural más trascendental de la Cultura cubana desde su instauración. Llevamos con esta que se está celebrando en estos días en La Habana, 26 en orden consecutivo, lo que denota que, pese a las dificultades existentes que no es secreto para nadie, las autoridades cubanas han priorizado la realización de tal evento cada vez que comienza el mes de febrero.

En otro orden, la extensión de la Feria por todas las provincias del país en diferentes momento sucesivos después de la efectuada en ciudad de La Habana y, posteriormente, el Festival de Libro en la Montaña llevado a cabo en las zonas comprendidas en esas áreas geográficas de difícil acceso, ha generado un constante estímulo  para la adquisición y, luego, lectura de los libros. Es todo un hecho distintivo en la sociedad el esperar la Feria; y su cuidado y desarrollo habla muy bien de cómo la Revolución busca posibilidades para fomentar la cultura y llevarla a planos inusitados. 

En esta ocasión, la Feria dirigió la mirada para honrar al revolucionario Armando Hart Dávalos y como país invitado a Canadá, pero también mediante las ediciones que se han hecho de sus obras o acerca de él, a rendir homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro. Quizás ese hecho y otros más constituyan los puntos más relevantes de la Feria, que genera, además, entregas de distinciones, reconocimientos, premios nacionales, actividades de presentación de títulos y su consiguiente promoción impulsora; conferencias, debates, presentaciones de filmes y de grupos musicales, juegos para los niños, ventas de libros de última generación y también los raros o conocidos como viejos. En fin la feria es todo un suceso cultural que involucra a todos en el país.

Sería ilógico sugerirles títulos a los lectores que asisten, incluso aquellos textos que, de forma digital, comienzan a cobrar espacio de interés y uso. Sería un error insistir en los públicos para asistan a tal o cual mesa redonda, conversatorio, o  que estén presentes en un  homenaje. En  la  Cabaña,  colosa  construcción   militar de   tiempos  coloniales devenida en centro cultural, o en otros espacios en la urbe capitalina, lo que se respira es el ansia de adquirir un libro, traerlo bajo del brazo y decirle a un amigo o amiga: “Mira, compré este”. 

Ahora bien, lo más simbólico del negocio de obtener el libro deseado, es que cuando pasen unos días, cuando la efervescencia  se haya calmado y se haya leído ese libro adquirido (o quizás varios) con  tanto esfuerzo en conseguirlo, uno se dé cuenta que se ha quedado sin dinero para concluir el mes, y no sepa qué hacer entonces. Ahí comienza “la otra guerra”, como reza el título de un libro de cuentos de Enrique Cirules, escritor cubano fallecido recientemente. Pero el gusto por tener en las manos el libro soñado vale más que eso.

No obstante, lo que más le molesta a uno cuando acaba de obtener el libro que tanto lo ilusionó (o los que tanto le atrajeron previamente) y por los que Ud. hizo un forcejeó de forma  suprema después de una cola, es que venga alguien a decirle frescamente que no pudo conseguir ese mismo texto, y que por favor se lo preste (casi siempre ese que pide un libro prestado, no lo devuelve). Por ende, vacúnese contra ese picador (que no es mosquito, pero hace tanto o más daño que aquel), y dígale sin pena alguna para salvarse de contraer la peligrosa enfermedad de la estafa: “Libro prestado, ¡NO!”

*El autor es un ensayista cubano, con varios libros publicados. Miembro de la UNEAC.

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: UNEAC Camagüey

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