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Las llamas del éxito

La llama de París,Ballet de Camagüey

Asistir a las funciones del Ballet de Camagüey (BC) constituye el honor de ser partícipe de la gloria alcanzada en más de cuatro décadas por una compañía que en cada temporada se renueva con bailarines virtuosos y más conscientes del legado que representan.

La llama de París, título de la versión de la gran maître Hilda “Lila” Martínez a la obra de Vasily Vainonen con la exuberante música de Boris Asafiev, es la reciente propuesta de la compañía, apreciada en el propio París, Camagüey, Santiago de Cuba, La Habana y Santa Clara.

La original, estrenada el 7 de noviembre de 1932 por el Ballet Bolshoi en el Teatro Kirov de Leningrado, actual San Petersburgo, consta de cuatro actos. El BC sintetizó en dos esa recreación del asalto al Palacio de las Tullerías, residencia de la familia real, durante la Revolución Francesa.

Aquí vimos irradiando poesía al consagrado Ledián Soto e interpretaciones de envidiables kilates técnico-artísticos, donde resultó importante la aparición de Yanni García, aunque debe centrarse en su protagónico como Jerónimo.

Leisa Martínez como Juana hizo vibrar de emoción al auditorio del Teatro Mella, junto al espectacular y pirotécnico Oscar Valdés en un memorable y estremecedor pas de deux, pero debe cuidar los deseos y anhelos de grandes saltos e interminables giros, que ponen en riesgo la lograda coreografía cuando se pretende más de lo que se puede.

Los bailarines de generaciones anteriores del BC en sus hermosos 45 años han sido ejemplo ante prestigiosas compañías en el mundo, no por casualidad, sino debido a la tenacidad de grandes maestros como la fundadora Vicentina de la Torre, Fernando Alonso, creador de la Escuela Cubana de Ballet, y la propia Lila quien ha vuelto a los salones para felicidad de directivos y artistas que desde los años '80 la tienen como alguien imprescindible en la compañía.

Durante sus presentaciones en la capital cubana, La llama… acentuó la espectacularidad de un cuerpo de baile masculino, como el de unos veinte años atrás. Derrochó armonía de los movimientos y la música, y arrancó aplausos merecidos.

Sin embargo el uso de imágenes digitales como complemento escenográfico, por instantes no se logra por la interferencia del diseño de luces en la pantalla. Debe pensarse para esto un proyector de más intensidad o rectificar las luces para la escena. En cuanto a los diseños de vestuarios, debe modificarlos con mayor énfasis en los detalles y decorados de la época, y en la entrada de los reyes y la corte.

No obstante, La llama de París descuella en el repertorio del BC como un gran tesoro que inició el mítico Ballet Bolshoi, ahora enriquecido con una singularidad del legendario Camagüey, la nueva plaza donde seguirá viviendo en el tiempo, y a la vuelta de 45 años siga revolucionando la imagen, la fama y el prestigio de la segunda compañía de ballet clásico de Cuba.

Autor: José Manuel Cordero

Fuente: Adelante Digital

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