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La ciudad y su texto

Calle de Camagüey

Para Marcos Tamames Henderson (Jamaica, Guantánamo, 1961) nuestra ciudad se ha convertido en una obsesión. Luego de ambular por varios asentamientos orientales, Marcos encuentra su sitio en la enrevesada villa de Santa María del Puerto del Príncipe; en sus casas, en sus calles, en sus gentes, en su historia que deviene, gracia confabulación de «salto atrás», en la nominalmente indígena ciudad del Camagüey —artículo incluido—.

La tesina presentada en la Universidad de oriente para optar por el título de Licenciado en Historia del Arte, versa sobre el Camagüey; le siguen innúmeros artículos, ensayos, ponencias, investigaciones puntuales relacionadas con su trabajo en la Oficina del Historiador, que abordan perfiles citadinos que van desde una edificación específica y aún viviente hasta la peregrina defensa de una hipótesis sobre la ciudad portuaria. Cuando estas inquietudes, gracias a un nunca bien agradecido consejo de Jesús David Curbelo, cristalizan en un libro, el resultado es De la Plaza de armas al Parque Agramonte (Ácana, 2001, 2003), que al decir de Alicia García Santana es «inteligente, riguroso y hecho con amor», epítetos que se ajustan a los que vendrán después, siempre hurgando en la ciudad: Tras las huellas del patrimonio (Ácana, 2004) y La ciudad como texto cultural. Camagüey: 1514-1837 (Ácana, 2005), este último Premio de Investigación Jorge Enrique Mendoza correspondiente al 2003.

Más allá del elogio trinitario de la Dra. García Santana, caben citar algunas constantes en la obra de investigación  publicada por Marcos —lamentablemente  su otra arista escritural, los cuentos de ficción, esperan aún organizarse en un todo armónico y encuentren la correspondiente casa editora:

a)Su defensa del patrimonio cultural —con largas y hasta airadas disputas en ya olvidadas reuniones— desde una visión que asume diversas disciplinas y complejiza el enfoque, no para convertirlo en un galimatías ininteligible, sino para lograr las más límpidas conclusiones. Arquitectura, humanismo, historia local y comparada, semiótica, sociología, estética, filosofía del arte… se entretejen con sabiduría en su espaciosa y recurrente prosa.

b)Esa defensa del patrimonio cultural, en su más amplia acepción, mucho más allá de lo edificado, aunque parezca solo tratar de eso, tiene siempre en cuenta el entramado de sus implicaciones económicas, tecnológicas, políticas, culturales y, naturalmente, si de Marcos se trata, antológicas.
c)Defensa del patrimonio cultural en tanto organismo vivo —casi orgasmo, y no estaría mal, ¿qué otra cosas es un buen texto?— con un pasado a investigar, un presente a mantener y un futuro a considerar.

d)En la defensa del patrimonio cultural no se establecen estancos, fronteras, muros, entre lo tangible y lo intangible; porque la materialidad fenoménica se comprende como espiritualidad legada por quienes la hicieron posible con sus ambiciones, aspiraciones, intenciones, frustraciones, alegrías y pasiones.
e)Así pues la defensa del patrimonio cultural imbrica lo testimonial, lo funcional y lo simbólico en un todo significante que al hablar al hombre de hoy lo relaciona con el espacio o el monumento conmocionando su espíritu.

f)Para finalmente convertir esa defensa del patrimonio cultural en una memoria estilística lejos de los ladrillos momificantes en que con excesiva frecuencia se irguen los estudios histórico-sociales-culturales de los orígenes citadinos aquí, allá y acullá.

La ciudad se focaliza entonces como fenómeno artístico complejo que involucra a arquitectos, sociólogos, historiadores, estudiosos de arte y a la comunidad que la vive, la recuerda y por ella se preocupa. A la mirada histórica y a la mirada artística se suma, se fusiona, la mirada desde el receptor, importante para la apreciación justa  de los valores socioculturales de los espacios urbanos; la implicación de la comunidad vinculada al entorno público enriquece la memoria histórico-social, potencia su emotividad y la convierte en responsable primera del espacio en cuestión.

En el prólogo La ciudad como texto… el Dr. Roberto Méndez Martínez recuerda unas palabras de Lezama: "Todo lo hemos perdido, desconocemos qué es lo esencial cubano". Quizás el mérito mayor d este último libro publicado de Marcos Tamames —ya está en proceso de edición "Ciudad y memoria", más y lo mismo, pero otro y novedoso a la vez— o sea el establecer una historia peculiar de nuestra ciudad desde su fundación hasta los primeros decenios del siglo xx, aquellos que nos dejan a las puertas de la Ilustración, y hacerlo con rigor investigativo, con inteligente interpretación, con lúcida imaginación y con el fervor emotivo de quien ama lo que hace y respeta lo que dice; sino ofrecemos el vislumbre de lo que somos a partir de lo que concebimos, construimos, transformamos, demolemos o recuperamos a lo largo de nuestra camagüeyanidad y de nuestra parte indispensable a un supuesto "ente cubano", porque la ciudad se convierte en un texto y es leída no solo a partir de su evolución urbanística, desde el estatuto jurídico que justifica los cambios o cristalizaciones en ella, desde el pensamiento sociocultural que anima a quienes la gobiernan en cada época, sino también desde el sentir querencioso de los fantasmas etéreos que la pueblan y de los corpóreos que aún la viven.


Autor: Ramiro Fuentes Álamo

Fuente: Internet

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