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Gerardo Alfonso en concierto: Yo hago canciones sinceras

Gerardo Alfonso

Gerardo Alfonso dice que no llena espacios pero sí desborda corazones como hacedor de una canción necesaria. Lo evidenció la acogida este sábado en la ciudad, del concierto de inicio de la gira nacional de verano con su grupo.

Cerca de dos horas deleitó con clásicos como Sábanas blancas, Paranoico, Giovanna, temas recientes como Odisea perpetua y Comiendo del pastel americano y con muestras del proyecto Té de jazmín, disco que prepara con las tres instrumentistas del grupo.

El público camagüeyano admira a este juglar inquieto que recorre la isla para mostrar lo nuevo y complacer con las creaciones antológicas de su carrera emprendida en los `80.

Con 28 años de vida artística mantiene su fidelidad al pentagrama y al pueblo con las composiciones de profunda raíz humanista, de contenido social inexcusable y defensoras de la identidad porque encontró en la música "la prolongación de mis deseos y la mejor de las formas de expresarme, más perfecta que mi propio lenguaje y mis actos".

—Pertenece a una generación de cultores de una canción ineludible, ¿cuáles son las claves de esa permanencia?

—La honestidad, el amor a la música, el respeto a la canción que significa renovarse estudiando, preparándose mejor, hurgando en todos los rincones de la vida para sacar nuevos materiales que puedan aportar algo a la canción y enriquecer un poco a la gente. Pienso que por ahí te mantienes en una especie de línea de ferrocarril infinita.

"Después, las referencias de mis coterráneos, de mi generación, son muy fuertes. Han sido sobre todo en los primeros años de nuestra carrera, las personas que más han influido en mi formación artística, independientemente de la otra música que escucho. Donde quiera que estén, siguen en la misma lucha, trabajando durísimo. Todo eso te hace permanecer. Saber que no hay otra alternativa que avanzar porque cuando te sientas, como dice Silvio, que tengas un camino enterrado en sillas peligrosas que lo inviten a parar, cuando te detengas, empiezas a envejecer, a retroceder. Te vuelves retrógrado e innecesario. Entonces no hay otra opción que renovarse.

"En el trayecto vas deslindando entre la urgencia de lo comercial, de la venta, y la trascendencia del arte. Llevo dos o tres días pensando una idea relacionada con la canción de Serrat, La mujer que yo quiero y pienso que podrán existir las canciones más lindas al amor, que podrán componer las mejores, pero nunca sustituirán esa porque es para siempre y es trascendente porque está hecha con la materia prima del arte. Esto es lo que uno persigue una vez que sintoniza la brújula."

—En la música cubana ha aflorado mucha banalidad, ¿qué hacer?

—Lo que está permeado con mucha banalidad son los medios de difusión y lo que ellos divulgan, pero la música cubana no es banal. Pienso en todas las formaciones, desde la sinfónica, de concierto, la folclórica, la tradicional, el jazz, la popular. Pienso en los cantautores y me doy cuenta de que la música cubana es muy buena, poderosa y lo que distorsiona su imagen es la banalidad de los medios en la divulgación de lo generalmente fácil, superficial y de mal gusto.

"Hay que tener cuidado con la política cultural de la música popular porque puede ser un arma de doble filo. El hecho de que tú hagas música para las masas para que disfruten de algo que les da derecho a bailar, porque la danza es tan vieja como la música, implica respetar la música popular de un pueblo y defenderla, para no caer en el estigma de que somos calientes, alegres, que bailamos… y entonces vamos involucionando. Es un alud que lentamente lleva a la gente, tanto a los artistas como al público, a niveles bajos y de pronto caen en una ignorancia terrible. Eso mismo se puede hacer elevando el espíritu de la gente y de la propia obra, que es en definitiva el papel del arte."

—Su espíritu de juglar complace a muchos cubanos, ¿por qué estar tan cerca de la gente?

—Las giras las hago por un problema de comunicarme con el público. Es el contacto con los de abajo lo que te sube e importa nutrirme de eso. Me asombra muchísimo cuando encuentro a una persona en la calle que dice "ay, mi mamá, una persona mayor, es fan a ti y cuando te oye en la televisión sale corriendo y deja lo que está haciendo para ir a verte". A mí me sorprende favorablemente porque no sé qué ofrezco para que se de esa actitud; pero lo que sí te puedo decir es que yo hago canciones sinceras. A lo mejor soy un poco romántico y eso gusta.

"Sin embargo, no aglutino mucho público en espacios grandes donde vengan miles de personas a escucharme, por lo menos esos no sucede en esta época, de unos ocho años para acá, lo cual me hace pensar que tampoco el aglutinamiento de mucho público es un índice de nada, porque el más vulgar de los reguetoneros es el que más llena. Entonces, no son índices de valores verdaderos."

—Hábleme de las características de esta gira

—Estoy consolidando un trabajo con el grupo en este segundo año que vengo, con el sonido que estoy proponiendo con este formato musical. Dentro de ese sonido estoy renovando conceptos orquestales míos, nuevas canciones y estoy llegando a nuevas conclusiones de mi propio trabajo. Todo eso lo debo poner en práctica para que la gente sepa por dónde voy porque una cosa es lo que los medios divulgan, aunque la culpa es de la distribución de la programación de la obra y el ritmo con que uno graba y edita un disco. Como no tengo paciencia para esperar a que lo divulguen adecuadamente, yo voy a los lugares.

— ¿A qué discos se refiere en este caso?

—A las Leyendas camagüeyanas, que no voy a tocar porque es un proyecto específicamente con la Orquesta Sinfónica de Camagüey. Ya tiene grabada la voz pero falta masterizarlo. Es uno de los cinco discos que quiero tener listo antes de julio del año que viene. En septiembre voy a grabar con Bis Music, La Cima, que es de guayasones, un género mío. El otro se llama La ruta del esclavo, un disco ecléctico con música afrocubana con elementos de la música contemporánea y el eje temático es el proyecto homónimo de la UNESCO, donde hablo de los problemas raciales y sociales de la región.

"El otro disco es La Luna que iba a realizar en 1998 y es una multimedia que funciona como un museo virtual, con información sobre temas relacionados con la Luna desde la música, la literatura, las artes plásticas, cronologías, la ciencia, la superstición, la astrología, datos curiosos. Acompañan 14 canciones de música sinfónica, con arreglos de Roberto Sánchez Ferrer, Guido López Gavilán y Emilio Vega, y participa mi grupo. Será un aporte a los clubes de computación cubanos y al proyecto cultural del Alba de América Latina. Tanto La ruta del esclavo como La Luna son de un uso social garantizado, van a tenerlo dondequiera.

"El quinto disco es Té de jazmín, con las tres instrumentistas de mi grupo. Una toca saxofón y flauta, otra, guitarra, y la tercera, bajo, pero también cantan. Ahí no pinto nada, tan solo como autor de las canciones y en los arreglos. Las que van a salir alante son tres nuevas estrellas."

— ¿Qué opinión le merece el público camagüeyano?

—Es muy fiel, a mi me encantaría venir con más frecuencia, la verdad, porque me siento súper bien. Aquí en Camagüey he hecho de los mejores espectáculos en mi vida, sin demagogia, porque he podido darme el lujo de tocar con la Orquesta Sinfónica camagüeyana, las dos suite sinfónicas que tengo, Leyendas camagüeyanas y Sábanas blancas. He hecho conciertos con el grupo, con la guitarra y me han querido muchísimo. Me dicen cosas lindas, por ejemplo, cuando hice el concierto de las Leyendas…, recuerdo que cuando salí muchísimas personas me bendecían. Eso para mí es muy reconfortante.

— ¿Son sueños todavía los proyectos que tenía de cine, literatura… para celebrar sus 50 años de vida?

—Son los sueños todavía. En realidad el año pasado dije, "me voy a dedicar a celebrar mi 50 aniversario", pero de pronto pensé, no me puedo detener este año preparando mi celebración porque todavía me quedan muchas cosas por hacer y lo voy a celebrar modestamente el día primero de noviembre cuando cumpliré los 50 años. Ojalá esté aquí para celebrarlo con mi familia. Lo que he hecho es consagrarme para llevar adelante una serie de proyectos que tengo que sacar como estos discos, un futuro estudio de grabación que quiero hacer, proyectos de televisión como un programa que se llama La isla de la rumba, ahora que hay cobertura y necesidades por mejorar el panorama cultural. A partir del Congreso de la UNEAC me surgieron muchas ideas que he ido colegiando con las instituciones.

"Aquí quiero hacer algo muy exclusivo de Camagüey para el mundo, ligado a las leyendas camagüeyanas. Quiero hacer un dvd de 43 minutos con actores de grupos de teatro de acá, también de la danza, como un largo video clip. Esta idea que vengo madurando hace unos meses afortunadamente coincide con que la UNESCO declara a una parte del centro histórico de Camagüey, Patrimonio Cultural de la Humanidad, por tanto, todo lo que se haga en estos momentos a favor de Camagüey eleva a la ciudad, a la cultura del pueblo y favorece a todos.

"Así que celebrarme mi cumpleaños, lo voy a hacer tranquilo diciendo, bueno, he logrado esto y esto, voy a brindar por esto. Me falta lograr esto y esto, que lo celebraré en el 51 aniversario y brindaré.

— ¿Entonces la música no es suficiente para las inquietudes de Gerardo Alfonso?

—No. Tengo algunos guiones que ahora los quiero convertir en novelas y después, si a alguien les interesa, se vuelven a convertir en guiones. Me hubiera gustado filmar pero es una profesión que hay que meterse profundo. Uno se llama La bata roja, otro Memorias de secundaria y el otro Dreadlocks. También tengo dos libros de poesía El sudor y La noche cae que los dejé de escribir hace unos ocho o nueve meses porque yo quería pasar del verso libre, lo que escribí, hasta la forma métrica. Quiero hacer décimas, sonetos, todas las formas métricas, de manera que para terminar un libro con esas características tengo que estar en función de eso al ciento por ciento. No puedo estar pensando en las producciones musicales mientras escribo poesía, porque me desconcentro, no sale.

"De las novelas, La bata roja, hace como cinco años que no escribo nada. La que recomencé el año pasado fue Dreadlocks, relacionada con la historia de los pelos de los negros, desde que mi mamá era niña hasta que yo me pelé. Es muy simpática. Sé que los voy terminar un día porque no son libros coyunturales. Como no envejecen los tengo ahí para adelantar las cosas que sí son urgentes como La Luna, que no puede esperar más tiempo porque cuando se me ocurrió hacer eso era en homenaje al 30 aniversario del primer hombre que puso el pie en la Luna, Neil Armstrong. El año que viene vamos a celebrar el 40. No se me puede ir ese tren.

"Lo que no se puede es renunciar a las cosas en las que uno cree. En primera, creer en eso profundamente y quererlo. No se renuncia. Te pueden dar un golpe, te caes y te levantas, te caes y te levantas… hasta que lo haces."

Autor: Yanetsy León González

Fuente: Adelante Digital

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