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Ernesto Piña: del entretenimiento a la reflexión

Ernesto Piña. Foto: Leandro Perez

Si algo quería Ernesto Piña, cuando pequeño, era ser tan fuerte como Voltus V e igualar la inteligencia de Elpidio Valdés. Quizás, en el presente, su físico no lo acompañe para salvar al mundo como el protagonista del popular filme japonés, pero su capacidad le ha permitido materializar, en la pantalla, sus propios dibujos animados, con un característico estilo de realización.

A los 38 años reconoce que su idilio con el mundo del audiovisual tiene antecedentes: “desde niño dibujaba palitos y bolitas en los libros y comenzaba a pasarlos rápido para ver cómo se movían. También creé varias historietas inspiradas en las revistas Zunzún, Cómicos, Pionero…”.

No fue hasta el ‘96 que su creatividad se comenzó a encaminar aquí, en Camagüey, al ingresar en la Escuela Profesional de Ballet y Artes Plásticas, actual Vicentina de la Torre. “En ese lugar descubrí que el arte era mi camino y aprendí mucho sobre el universo de las líneas, los colores y las composiciones para producir imágenes que acomodé según mis intereses”.

Piña cuenta que la escultura fue un dolor de cabeza para él y en especial el barro: “intenté dominar esa práctica, muy camagüeyana, pero qué va… era malísimo”. Hasta el momento no se avizoraba un futuro muy cierto como profesional. No obstante, cualquiera que fuera su destino, debía conectarse con el mundo gráfico.

“Continué mis estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde encontré un discurso artístico para pensar en la realización de animación. En medio de ese contexto, llegó a mi casa una computadora”. De inmediato, con la ayuda de su hermano, un informático “volaísimo”, comenzó a explorar los softwares de animación. Al final, lo que parecía una locura experimental, se transformó en una ocupación seria: el grupo creativo Erpiro Studio.

“En mis obras se aprecia la influencia de los grandes clásicos de la animación internacionales como Mazinger Z, Voltus V, El gato con botas en el oeste, Lupin III, y de los nacionales como Elpidio Valdés, Vampiros en La Habana. Me identifico mucho, sobre todo, con el humor perspicaz de Juan Padrón”.

Los materiales del joven realizador han obtenido diversos galardones como el Premio a la mejor animación a Todo por Carlitos, en la 5ta. Muestra Nacional de Nuevos Realizadores Icaic, en el 2006 y el Premio Caracol de la Uneac a la Mejor animación, Wajiros, en el 2011.

“Mi línea siempre será la de mezclar, en mayor o menor medida, el entretenimiento con reflexión. Ahora trabajo en una serie más refrescante, llamada Zodiacales y en La Súper Jeva, una historieta que tratará sobre la violencia de género”.

A propósito de la celebración de la 28 edición del Almacén de la Imagen, Piña comentó: “Estos eventos dan la oportunidad de promocionar el quehacer de los jóvenes que incursionan en la animación, les brinda un nuevo espacio para compartir ideas y los motiva a generar más propuestas dentro de ese género que, por lo general, es subvalorado”.

Autor: Yang Fernández Madruga

Fuente: Adelante Digital

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