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En Camagüey se cosen muñecas con hilos de amor

Carmen Soto, foto de archivo

En una de las plazoletas del mismísimo centro histórico de Camagüey, hay una casa repleta de sueños; una casa a la que todos somos invitados si, a pesar de la edad, nos gustan las muñecas.

Cuando uno llega siempre la puerta está abierta y su dueña te desborda de dulzura el alma con el solo hecho de decirte: entra. Carmen Soto González es esa mujer que a modo de hada se plantea cada día realizar sus fantasías soñadas para otros.

Ella, con Carsueños, nos regaló a la gigantesca Leonor, inspirada en la muñeca negra de Piedad, la niña del cuento martiano que nos enseñó que se ama con el corazón. Ahora, junto a los 137 integrantes del proyecto, Carmen está enfocada en la juguetería terapéutica.

“Nosotros en este momento estamos haciendo un trabajo muy hermoso: la muñequería terapéutica. La materia prima fundamental que usamos para hacerla es el amor”, comenta, y deja escapar un suspiro. “Está dedicado a los niños con enfermedades crónicas que tienen una larga estancia en las salas de Oncología y Hematología del Pediátrico Eduardo Agramonte Piña, en la ciudad Camagüey.

“Como todos sabemos, lo más importante para los niños es el juego de roles, que muchas veces los pequeños con ese tipo de padecimientos no pueden hacer por estar encamados. Descubrí entonces que podíamos hacer cojines, almohaditas, cualquier cosa que ellos pudieran abrazar y comunicarse; un juguete con sabiduría que les brindara toda la ternura del mundo”. 

Sentadas a la orilla de una máquina de coser, fiel testigo de las madrugadas de trabajo, me contó Carmen cómo esos almohadones tomaron forma de animales, de niños y de la primera vez que hizo una donación al Hospital Pediátrico.

“Se realizó de conjunto con unos franceses que llevaban una muñecas muy lindas, pero para mi sorpresa, cuando llegó la señora de las muñecas –que es como ellos me dicen-, soltaron aquellos juguetes y se abrazaron a las muñequitas terapéuticas. Respiré profundo y una vez más me percaté de que vale la pena el esfuerzo”.

Mientras la entrevistaba, me extasié con la cadencia de su hablar. Cerca de nosotras, el ventilador jugaba con los retazos de tela que colonizaban el suelo; me pidió disculpas, “mas son gajes del oficio”, me dijo.

“Esta muñequería se hace con mucha delicadeza y sobredosis de amor. Le aplicamos técnicas de alta costura y pensamos detenidamente en los diseños, pues no pueden tener rostros tristes, colores opacos o mucho brillo; deben ser suaves, simples y con tonos tenues para que transmitan ternura, alegría, seguridad y confianza”.

Le pregunto sobre otras experiencias que la muñequería terapéutica le haya brindado y sonríe.

“Tuve la oportunidad de que me invitaran a Francia y se quedaron impactados con lo que hacemos. Yo, una cubana en París, disertando sobre la importancia de este tipo de juguetería dentro de los hospitales. ¡Imagínate!” Hizo una pausa y agregó: “Más allá de las muestras de cariño que me han dado los niños, me ha impactado la ternura con la que médicos y enfermeras reciben  esta muñequería, muchos incluso, con lágrimas en los ojos”. 

Autor: Dione Ramos González

Fuente: Radio Cadena Agramonte

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