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Emilia, directora del Coro de Camagüey y de Desandann

Grupo Vocal Desandann

Emilia Díaz Chávez, directora del Coro de Camagüey y de Desandann, no puede precisar con exactitud cuándo escuchó música por primera vez, de lo que sí está segura es de que le resultó más familiar el creole --dialecto haitiano derivado del francés-- que el español. "Mis abuelos eran haitianos y no hablaban otra lengua, él chapurreaba el español, ella ni eso", me dice.

Nació en San Luis, Oriente, pero eso fue un mero accidente, la inscribieron a los seis meses en el juzgado de Santa Cruz del Sur y se ha sentido siempre camagüeyana. Su infancia transcurrió en La Jagua, una colonia cañera camino de Santa Cruz del Sur. Sus latifundios se desgajaban en la neocolonia identificándose por números, comenzando desde el uno: ella vivió en el cinco.

Allí habían echado sus raíces los abuelos --se crió con ellos, y su madre, Concepción, se asentó en la Los Raúles--. Rita Mensú, su abuela, era una mujer fuerte, dada al trabajo desde que nació, y al recordarla hoy día calcula que por aquellos tiempos de su primera infancia, tendría unos cuarenta años, contrastaba con su abuelo Loló, de unos sesenta bien llevados y vigorosos (en realidad no era su abuelo carnal sino el marido de Rita, pero ella lo quiso como tal). "Nunca usó otro nombre, lo conocí siempre por Loló, los haitianos perdían su identidad, de él me queda el recuerdo".

Loló y Rita vivían de la estancia, sembraban de todo. Loló, además, tenía reputación en toda la comarca y más allá de esas tierras también como curandero, practicaba el vudú como todo haitiano que se respetaba, conocía sus secretos, sus enigmáticos ritos y los caminos de sus deidades, guardaba sus ofrendas en el misterioso cuarto dedicado a sus consultas y ritos.

--Estoy seguro que todo aquello te marcó. ¿Qué vivencias guardas? ¿Cómo lo veías con tu ingenua mirada de niña?

"Las noches de una comunidad de haitianos son de cuentos y música. La música es parte de la idiosincrasia de ellos, surgen las historias de su país, los haitianos que llegaban a Cuba pensaban siempre en el regreso y morían aquí, desvinculados de sus familiares, así le sucedió a mi abuela, por ejemplo. Aquí perdían hasta sus nombres, los mayorales y capataces los bautizaban con otros, despectivos siempre, así conocí yo de niña a "Puesí", "Kaguach" (en español lagarto), "Mojón de Lindero", cualquier nombre, que ellos repetían sin tener conciencia que los ridiculizaban. Suanis, que con sus 60 años lavaba sentada en un banquito. Guataquita, un mulato que se creía de nivel superior, porque era el dueño de una tiendecita. ¿Sus comidas? Muchas viandas y el "donplín" (bolitas de harina).

--¿Tus primeras visitas a la ciudad?

"Un deslumbramiento. Por primera vez visité Santa Cruz del Sur, a la ONDI, a verme con el médico, me sorprendía aquello, desde luego, pero nada se puede comparar con mi llegada a Camagüey, fuimos al reparto Vista Hermosa, mi tía estaba colocada como criada, era un suntuoso chalet. Fue inenarrable. ¡Esa calle! ¡Seme salía la baba al ver a la niña de la casa con una muñeca de cuerda! Cuando mi abuela me decía que al otro día íbamos a Camagüey, no podía dormir."

--¿ Cómo llegó la música?

"Con las fiestas haitianas. Podían ser rituales, dedicados a los santos, o las que se celebraban en el mes de diciembre, también los festejos profanos, esas reuniones en las noches con la finalidad de divertirse. Esos fueron los primeros contactos con la música."

--¿Desde esos años aparecen ya algunas melodías que luego incorporaste al repertorio de Desandann?

"Desde entonces y mucho antes, de toda una vida pudiéramos decir, desde que abrí los ojos casi, son infinidad los ejemplos, puedo enumerarte Sinbi (Un Santo) o Haití cherie (Haití querido), son melodías muy populares entre los haitianos y que escuché cantar en mi casa desde chiquita."

--¿ Cómo pudiste estudiar?. Supongo que no sería nada fácil.

"Los primeros grados de la primaria los cursé en una escuela rural que estaba situada en un batey conocido como Corea, era el más cercano al nuestro, pero había que atravesar intrincados caminos, íbamos varios niños de esos contornos a pie. El sexto grado ya lo pasé en Camagüey, cuando vine a vivir con mi mamá. Estuve en las escuelas Joaquín de Agüero y Ana Betancourt, mi maestra se nombraba Caridad Carmenates."

--¿ Cómo se inicia tu vinculación con la música?

"En esos años, década de los sesenta, comencé a aprender música en la Casa de la Cultura de la calle Ignacio Agramonte. Allí recibí la ayuda y orientación de Papito García y de Simón Roberto, entre otros compañeros. Ya en 1966 ganamos un Gran Premio en Cienfuegos y actuamos en La Habana, en el Chaplín, hoy Carlos Marx, y regresamos también premiados. Cuando se inauguró la Escuela de Arte, con aquellos primeros pioneros: Guillermo Cortina, Esteban Horta y tantos otros, empecé a estudiar violín, pero por la edad --tenía 14 años—cambié para saxo. Ingresé en la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, en el curso 69-70, yo me sentí siempre incómoda con el saxo por diversas razones y por fin me incorporé a Dirección Coral con el instrumento de piano adjunto y me gradué en 1978, tres años más tarde de lo debido a causa de los cambios de instrumento.

DESANDANN…

--Supongo que estos antecedentes contribuyeron al surgimiento de Desandann.

"Sí. Siempre tuve la idea de hacer algo por la cultura de mis antepasados, a lo que contribuyó notablemente la insistencia de Teresita Romero, integrante del Coro de Camagüey y hoy día también de Desandann, además de recibir un gran apoyo de Consuelo Daus, entonces vicepresidenta de la Comunidad Haitiana en La Habana."

--¿Cómo definirías a Desandann? He escuchado diversas opiniones.

"Es un grupo vocal. Lo que confunde es que a veces incorporamos ciertos movimientos corporales, pero no llegan a ser danzarios, para nosotros esto es importante porque con ellos transmitimos la esencia haitiana. Tampoco es una agrupación netamente folklórica, no es nuestro interés hacer al pie de la letra pasos de bailes haitianos. Son movimientos esenciales que tienen influencia cubana, es una fusión que nos identifica, todo eso está estudiado, lo hacemos conscientemente. El noventa por ciento de nuestro repertorio proviene del folklore haitiano con diversos ritmos y géneros: yambalú, merengue, vudú, entre otros."

--¿Todos sus integrantes están unidos a Haití por sus ancestros?

"Sí. Los hijos de haitianos son Marcelo Andrés Luis, un formidable bajo que es además nuestro arreglista y compositor, también Dalio Arce Vital; éstos, como yo, hablan perfectamente el creole. Ángel Suárez Pérez es nieto, con sus cuatro abuelos haitianos. Marina Collazo, Irian Rondón Montejo, Fidel Romero Miranda, Rogelio Rodríguez Torriente, Yordanka Sánchez Fajardo y Teresita Romero Miranda son bisnietos."

--Países visitados. ¿Qué receptividad han tenido los diversos públicos con ustedes?

"Los viajes a Haití han sido varios, conocemos todo el país y tenemos allí gran acogida. Nos hemos presentado en Canadá, Francia, Martinica, México. El segundo país más visitado ha sido Estados Unidos, se han realizado tres giras y hemos actuado en diecisiete estados. La Comunidad Haitiana residente en Miami obligó, con sus presiones, a que cantáramos allí, bueno, tú conoces todo el embrollo que se formó con eso. En todas estas naciones hay presencia haitiana, pero es un público heterogéneo el que va a vernos, asisten no sólo haitianos, también los naturales de cada lugar y, por supuesto, cubanos si los hay. Hemos sido muy bien acogidos en universidades norteamericanas, entre ellas la de Columbia."

--Premios recibidos.

"Empecemos por los conferidos en nuestro patio. La Televisión Camagüey nos ha otorgado cinco premios Príncipe correspondientes a música. Recibimos el Premio Mainly-A capella, entregado por la Sociedad A capella de San Francisco, California, por nuestras interpretaciones en un álbum considerado como el mejor de música folklórica. En Miami, en el año 2000, nos entregaron la Llave de la Ciudad y la Placa del Condado. El Jazz Award, premio que concede la Sociedad de Jazz Latino, nos fue conferido el año pasado por nuestra grabación, junto a la flautista canadiense Jarle Bunnett. Fuimos nominados al Grammy, también junto a ella, con el número "Non Fon Bua" (Al centro del monte). Por nuestros diez años de trabajo hemos recibido reconocimientos de la UNEAC, el Centro de la Música, el Proyecto Sociocultural EJO, el Sindicato de la Cultura y la Dirección de Cultura, entre otros."

--¿Entre las mayores satisfacciones de la agrupación en estos diez años, cuáles podrías señalar?

"Haber tenido la oportunidad de actuar en eventos y escenarios muy prestigiosos en el país y en el extranjero. Algo inolvidable, en diciembre del 2002, con motivo del 30 aniversario de las relaciones de Cuba con los países del Caribe, fuimos invitados a la Gala ofrecida en el Comité Central del Partido, a las hermanas naciones caribeñas. Tuvimos el privilegio de ser escuchados por Fidel, nos dijo que él no quería morir sin ver multiplicado ese trabajo, pero con los niños, que eran la cantera. Cumpliendo su encomienda surgió la Cantoría Marta Jean Claude, integrada por niños de 6 a 16 años de edad. Están asesorados por nosotros y la dirección a cargo de Teresita Romero, integrante de Desandann. ¡Este es nuestro mayor logro, cumplir con lo prometido al Comandante en Jefe!

Autor: Tomado de Internet

Fuente: Internet

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