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El videoperformance y la utopía de inclusión

Foto: Rogelio Loret de Mola (FIVAC)

El mexicano Pancho López, artista de performance, encuentra en el Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC) lecciones esenciales para el arte y para la vida, y este año acudió para propiciar una experiencia de aprendizaje e inclusión, a su manera.

En las tardes del 6 y el 7 de abril impartió el taller de creación “Repensar el cuerpo. Videoperformance y acciones para la cámara”, donde aglutinó a decenas de participantes de este evento único en Cuba, que se consolida como plataforma para el arte experimental en América Latina y múltiples naciones.

“Vine a la tercera edición del FIVAC, cuando aún no contaban con esta sede. Recuerdo que cerraron la Plaza de los Trabajadores con una pantalla y coches convertibles como un auto-cinema, desde donde vimos las obras y personas en patines nos repartían palomitas de maíz. No había vuelto. Estoy gratamente sorprendido. Esta iniciativa es muy querida, y me he reencontrado con Diana (productora) y Teresa (curadora), con quienes he trabajado en México”.

— ¿Cómo describe este regreso?

—En el 2010 participé en La Próxima Resistencia con una muestra del Festival Eject, de videoperformance, se hizo dos años en México, el primero con unos 30 videos de varios países, de hasta 8 minutos. He vuelto con un taller para hablar del cuerpo en la cámara, de la acción hecha para la lente. Fue divertido e interesante por las dudas e inquietudes que me gusta resolver, porque el videoperformance es una disciplina compleja, tecnológica y rica.

— ¿Logró el objetivo principal del taller?

—Me faltó tiempo. Siempre me falta tiempo, aunque dure una semana o dos…, porque hay cosas que exponer, comentar, compartir. Conseguí la participación, la curiosidad, que volvieran. Eran muchos y solo la cuarta parte hizo la tarea. Sin embargo, los siete que la hicieron se presentaron a través del dispositivo móvil, y fue muy enriquecedor. Aunque no en su totalidad se cumplió el objetivo de develar cómo el cuerpo se puede traducir en tecnología, en imágenes, se aclaró la performatividad a través de un acto tan sencillo como presentarte al otro. Pasa cuando el término de videoperformance deja de ser teórico para volverse acción.

—¿Por qué insiste tanto con el cuerpo?

—Cada vez es más difícil encontrar posibilidades de contacto. Ahora todo es virtual. Aquí es todavía reducido por la Internet cara y escasa, pero en otras latitudes de más impacto tecnológico he percibido que se está más dado a no contactarse. La gente platica por WhatsApp, por Skype, por Facebook Messenger, por  FaceTime. Ya no liga como antes que se iba al cine. La gente se conoce por aplicaciones y redes sociales. Este cambio va por la imagen, porque en estos tiempos todo es apariencia: el Adobe Photoshop, las aplicaciones para adelgazarte o cambiarte el color de la piel… Por eso, ver un festival de video como este, con tanta diversidad y posibilidades, es rico.

—Como sujeto cultural, ¿qué es lo que más le duele y cuál es tu utopía?

—En mi país hay demasiada violencia, muerte, deshumanización, pérdida de valores. El capitalismo lo único que ha traído es la competencia. Duele ver cómo de repente los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Hay una desigualdad absoluta. En términos del arte me duelen los guetos, los amiguismos y los compadrazgos, porque los beneficios se los dan siempre a los mismos.

“Me gustaría que no se fijaran en el currículo solamente sino en la propuesta. Hay jóvenes con buenas ideas pero como no tienen un currículo, no se les toma en cuenta, entonces, ¿cómo van a hacer un currículo si no se les toma en cuenta? Me gusta hacer este tipo de taller donde quienquiera puede aportar y cada quien se lleve el aprendizaje. Mi utopía es que haya lugar para todos”.

— ¿Qué se lleva del séptimo Festival de Videoarte de Camagüey?

—Cada vez que vengo a Cuba, no solo al Festival, me llevo la capacidad de crear, porque con poco se genera mucho. Viendo a los organizadores entiendo que hay un esfuerzo sobrehumano de relaciones, de organización, de comunicación y de que FIVAC se hace con el corazón. En países con desarrollo no somos capaces de organizarnos así ni de hacer que las cosas crezcan. Allá es un círculo vicioso: estamos esperando que el gobierno lo haga, que otro lo haga, que la empresa lo haga, y nos quejamos de que nadie lo hace. Yo me llevo de aquí ese ejemplo.

Autor: Yanetsy León González

Fuente: Adelante Digital

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