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El recuerdo de la Revista Resonancias

Revista Resonancias

Hace pocos días, leyendo materiales de archivo, quedé sorprendido al tropezar con la colección de la revista Resonancias de Arte y Literatura, de la Universidad de Camagüey, que hacíamos por la década de los años noventa.

Yo había  vinculado a ella después de alejarme del periódico Adelante, y comencé a  comprender no solo la diferencia entre un periódico   -entonces ese órgano de prensa salía diariamente-  y una publicación como la realizada por unos jóvenes estudiantes de ese centro docente agramontino, que fue “invadido” además, si cabe el término, por un grupo de escritores, críticos, periodistas y profesores que buscaban un medio donde canalizar sus ideas. 

Aquello devino en una experiencia extraordinaria para los que interveníamos en su confección e, inclusive, la revista promovió la integración y participación de jurados en los Festivales Nacionales de Teatro que se llevaban a cabo en el territorio; también se evaluaban las exposiciones de artes plásticas, las películas exhibidas en el circuito de Camagüey, se publicaban textos de ficción, monólogos teatrales, poemas, crónicas; y, a decir verdad, era una fiesta la aparición de  cada número pese a las innumerables dificultades afrontadas  - la revista hacía toda a máquina de escribir, no en computadora; se emplanaba artesanalmente y  algunos materiales se fotocopiaban cuando no eran hechos por creadores del patio, y no había tiempo para revisarla, pues hasta de correctores carecíamos-. 

Hoy, para cualquiera involucrado en esos menesteres sería una locura hacer una revista como aquella, pero pese a los avances tecnológicos y a la experiencia editorial acumulada, los libros y revistas continúan saliendo con erratas, y con otros problemas a veces de más gravedad que las aparecidas en nuestra querida Resonancias, cuyo título era ya, de por sí, un homenaje a José Lezama Lima. 

Pero como todo lo que comienza como un sueño casi siempre concluye con una pesadilla, la Revista se fue eclipsando después que algunos de sus integrantes partieran al exterior por diferentes motivos, o que otros que se quedaron en el territorio nacional comenzaron con otras perspectivas y otras dificultades propias de los seres humanos, amén del poco apoyo que para esa fecha recibíamos. 

Pero de lo que no cabe dudas es el recuerdo de una etapa que está por escribirse, que no merece olvidarse, y que urge una revalorización. A veces me sorprende la  preparación de tesis de grado para que se gradúen universitarios, o de maestrías, sobre los aspectos más insólitos del Camagüey y su cultura, muchos de ellos no tan relevantes como el que he citado; o ese otro olvido involuntario o no de no haber estudiado a escritores, artistas de la plástica, músicos, o de otras manifestaciones artísticas del territorio. Es decir, se fabrican  historias a partir de los gustos o las pasiones de quienes guían esos comités académicos, y se están olvidando hechos culturales y personajes que merecen mayor respeto y urgencia de tener presentes.   

*El autor es un escritor cubano, con varios libros publicados. Miembro de la UNEAC

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: UNEAC Camagüey

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