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Edesio, la música para cine y sus muchas vidas

Edesio Alejandro, foto: Damaris Hernández Marí

Su visita a la tierra principeña en ocasión del XXII Taller Nacional de Crítica Cinematográfica devino oportunidad premiada para conocerlo de cerca y descifrar, quizás, algunos enigmas de una de las voces más autorizadas para hablar de música para cine. Y es que Edesio Alejandro Rodríguez Salva, o simplemente Edesio, como cariñosamente llama el pueblo cubano al músico de las ropas blancas, ha puesto su firma autoral en más de 60 producciones fílmicas entre las que sobresalen Hello Hemingway, Suite Habana, Bailando Chachachá y Kangamba.

Al conversar con él comprendo que es un hombre sencillo, que dedica cada minuto al trabajo incansable en una búsqueda perenne de nuevas sonoridades y de reinventarse así mismo en cada tema. Atento y sin formalidades accede a responder mis preguntas quien confiesa que fue Clandestinos “su primera novia del cine”.

— ¿Cómo Edesio Alejandro entró en el mundo de la musicalización para cine?

— No fue casual, fue buscando. Desde muy joven empecé a escribir y componer música en diversos formatos y de casualidad me topé con el teatro. Empecé a hacer este tipo de música que es bien complicada, porque el teatro es una magia y una fantasía que tú tienes que crear. Siendo muy jovencito ya era un degustador del cine, siempre vi muchas películas porque me fascinaba el séptimo arte y, por supuesto, desde que comencé a escribir quise llegar a él.

“Eso fue algo muy difícil, hacer música para cine no depende de uno sino de un director que se comprometa contigo, que le guste lo que haces y que te dé la posibilidad de trabajar. Y eso llegó después de muchísimos intentos con directores a los que se les había propuesto que yo hiciera la música de sus producciones, pero ya tenían seleccionado su equipo y el músico con el que iban a trabajar.

“Eso me ocurrió hasta que llegó Fernando Pérez con su primera película, y no tenía todavía un equipo creado. Fue una anécdota curiosa. Una amiga mía, que era quien estaba haciendo la dramaturgia del filme de Fernando, y el primer asistente de dirección, amigo mío también, le hablan de mí, pero él dice que es imposible, que ya tenía pensado un músico para su filme. Cuando los tres terminan el trabajo de dramaturgia dice Fernando: «Bueno, vamos a casa del músico a ver si quiere participar porque él no sabe todavía que va a ser el musicalizador de mi película». “Llegan justamente a mi casa y dice mi amiga María Elena «Oye, pero si este mismo es el que nosotros te proponíamos» y él responde: «Es que nadie me había dicho el nombre». 

“Así fue que llegué al cine: con mucho trabajo y queriéndolo muchísimo”.

— En entrevistas anteriores confesó que se mete tanto en las historias que casi se hace parte de ellas cuando las está musicalizando. ¿Cómo usted realiza ese proceso? ¿Tiene algún ritual?

— Sí, veo muchas veces las películas. Y las veo sin juzgarlas, sin ser crítico, las veo hasta la saciedad, hasta que ellas mismas empiezan a producir la música. Siempre digo que hay como una conexión: la música sale de la propia película y yo soy simplemente un canal para interpretarla. La imagen entra por mis ojos, mi cerebro la procesa y les dice a las manos mías lo que tienen que escribir.

— Ha confesado que si no pudiera hacer música para cine moriría. ¿Qué es para usted, entonces ese tipo de música? 

― Es la vida. Es precisamente una manera de vivir muchas vidas. Me imagino que algo similar les debe suceder a los actores, que se tienen que meter dentro de la historia para interpretar el personaje, y yo siento que la música es un personaje más y hay que producirla totalmente desde adentro.

― Me gustaría que me hablara de su faceta como realizador. ¿Qué temas lo inquietan que lo llevaron a buscar el discurso audiovisual?

― A mí me gusta mucho la música y siempre busco que los proyectos que hago sean proyectos de música. Lo primero que hice fue un documental contando la historia del son, pero una historia a partir de los propios protagonistas de este ritmo. Buscamos los grupos donde está la raíz de este género, en el Oriente de Cuba, y trabajamos con aquellos que tienen más de 150 años de tradición familiar haciendo son. 

“Hicimos también entrevistas a la gente en la calle y les preguntamos que el día que se fueran de este mundo qué son les gustaría que le pusieran en el velorio. La gente nos empezó a decir cosas simpatiquísimas y empezamos a filmar todo eso.

“La idea surge como una necesidad espiritual. Yo llevo muchos años haciendo una mezcla rara en mi música, vamos a decir que la parte más comercial que hago como cantante, algo sin lo cual tampoco puedo vivir. Digo que tengo dos vidas: la vida del vampiro y la vida del tipo normal. El tipo normal hace música para cine y el vampiro hace una música más comercial.

“Llevo muchos años utilizando el son, la conga, la rumba… dentro de toda esta fusión extraña que hago y de pronto necesité pararme y buscar el porqué de lo que estaba haciendo, buscar la raíz del son y de las congas. De hecho estamos haciendo un documental de la rumba. Estas eran deudas que tenía con la música cubana que me dio una personalidad a la hora de crear mis propios proyectos.

“El documental Los cien sones de Cuba tuvo tremendo éxito, estuvo nominado a los Grammy Latinos del 2010 y a los Grammy Americanos del 2011, ganó el Premio de la Popularidad en el Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez In Memoriam y estuvo en muchos festivales de cine donde fue muy bien acogido. Esa fue la motivación. 

“Luego empecé a hacer el documental contando la historia de Adriano Rodríguez, mi compañero de escenario de los últimos 25 años, quien desgraciadamente falleció en el 2015. Estoy contando la historia de su vida, sobre todo cantando, porque murió de 92 años pero cantando.

“En el documental él interpreta 16 canciones con grandes figuras y agrupaciones como Silvio Rodríguez, Pancho Céspedes, Eliades Ochoa, Frank Fernández, Clave y Guaguancó, Cristian Alejandro y también conmigo. Con Danny Rivera canta una canción acompañado de la Orquesta Sinfónica. Lindísima. Ese documental lo vamos a estrenar en septiembre, el día del natalicio de Adriano. Debe proyectarse en todos los cines del país.

“Empecé a hacer un musical, un largometraje de ficción. Como ves todo es música. Siento que generalmente la música que se ha hecho para los musicales en Cuba es vieja, no habla los códigos actuales que tienen la gente joven y la gente de mi época. Creo que todos vamos evolucionando y siempre que se habla de un musical se piensa en el musical clásico de Hollywood a la cubana. La sonoridad es anticuada. Hace mucho tiempo yo quería hacer un musical, la música de un musical moderno, pero como nunca me han dado la oportunidad, me hice yo mismo la película. Cristian Alejandro será el protagonista. La música es fundamentalmente de él, aunque hay canciones mías, pero yo estoy fundamentalmente dirigiendo la película y haciendo la banda sonora. Es un musical, no se habla, se canta todo el tiempo, pero tampoco es al estilo de la ópera. Todas estas eran cosas que tenía adentro y quería sacarme”.

― Usted huye de la repetición, siempre anda buscando nuevas sonoridades y tomando riesgos. ¿Cómo logra no parecerse a sus obras anteriores sin perder ese sello que mezcla lo electroacústico y lo tradicional?

― Justamente ahí es donde está la respuesta. Busco la manera de mezclar las cosas para que una música no se me parezca a otra y lograr así un sello. Es muy complicado. Hay momentos en los que me he sentado y he dicho: «Estoy repitiéndome», y he botado un tema de una canción porque me doy cuenta que esa canción existía, que ya la había hecho antes de una u otra manera. Son muchas horas de trabajo, de análisis.

“Y mira que contradicción: yo amo lo que hago, pero tengo que ser frío y a la vez no tener a amor por lo que estoy haciendo, porque aunque me gusta muchísimo comprendo que es una reiteración o no es lo que quiero. Es un amor severo, exigente.

“De hecho, ahora estoy en una crisis creativa porque mi compañero de tanto tiempo, Adriano Rodríguez, murió hace unos meses y los dos habíamos encontrado una manera distinta de hacer la música, que es la que llevo haciendo estos últimos años. Ahora mismo no sé que voy a hacer porque no lo tengo a él, que es parte importantísima del sonido de esa música”. 

— Desde su experiencia, ¿en qué estado cree que se encuentra la musicalización para cine?

— Es muy complicado, me pones en la posición de juzgar. Creo que hay un grupo de compositores que llevamos ya tiempo trabajando para el cine y que hemos impuesto una manera de hacer. 

“La crítica ha dicho que desde la primera película que musicalicé,  Clandestinos, logré cambiar la sonoridad del cine cubano. Fue algo que hice con toda intención. Sentía que el cine cubano sonaba literalmente viejo a pesar de las obras maravillosas de los compositores que trabajaron antes que yo. Hacía falta una nueva era en la música, pues esta va variando, van entrando nuevos estilos, y se hacía necesario que sonara de otra manera. Yo mezclé la orquesta con sintetizadores y esa mezcla me dio una personalidad a la hora de hacer música.

“Yo trato, aunque me esté poniendo viejo, de no ser reiterativo, de siempre ser fresco en lo que hago. Fresco en los dos sentidos: que suene fresco y ser atrevido y no tener miedo.

“En los últimos tiempos han salido músicos nuevos, excelentes, pero que no han sabido meterse detrás de las películas. Creo que es lo que está pasando en muchos filmes cubanos actuales, donde han llegado nuevos músicos a entrar en el mercado, algo lógico, pero que no se han dado cuenta que el músico de una película tiene que tener una humildad extrema y tiene que meterse detrás del filme. No hay otra manera, inclusive aunque sacrifiques la música.

“Yo no tengo muchos discos de banda sonora porque sacrifico la música para que esté detrás de la película. No es lo mismo hacer música para un baile, hacer música para escuchar o hacer música para un filme. Hay reglas que cumplir en la musicalización”.

— ¿Es Camagüey una ciudad que lo inspira? ¿Podría ser el escenario de alguna de sus producciones audiovisuales?

— ¡Cómo no! Camagüey es una ciudad que es para mí una de las más lindas de Cuba, incluso, es una ciudad donde hace muchos, muchos años estuve a punto de quedarme a vivir, porque me enamoré aquí y estuve varios meses trabajando en la provincia.
“De hecho estábamos hablando de la posibilidad de hacer una producción con la historia de El Mayor que cuente su amor por todo. Ya lo hemos hablado con la UNEAC del territorio. Eso está en planes”.

— ¿Qué opinión le merece el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica?

—  Me parece fantástico. Que ustedes tengan en Camagüey este evento es un lujo que se han ganado trabajando duro con todas las personas que conforman el Taller. Lo que me parece más impresionante es lo que han hecho en la ciudad con respecto al cine y el apoyo que tienen del gobierno de la provincia. Estoy como si estuviera viviendo un sueño.

Autor: Damaris Hernández Marí

Fuente: Portal Cultural Príncipe

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