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Cultura y Nuevas Tecnologías

Cultura y Nuevas Tecnologías

Es normal considerar a las Nuevas Tecnologías como la moda actual y, por demás, ellas no se quedan a la expectativa, sino que sus impulsores buscan imponer a toda costa su eficacia. En ese sentido, ha hecho gala por tanto de cuanta retórica informativa le haya sido posible para que se considere imprescindible; y se llega a utilizar semánticas expresivas de cierta preponderancia con vistas a reactualizar la forma más general del valor y ganar adeptos.

De esa forma, y con la posibilidad de una “sinergia intercultural”, como apuntara  Peter Lamborn Wilson,1 lo que se busca mediante esas tecnologías de punta es una comunicación más interesante en cuanto a la apreciación de la información, y lograr por esa vía inducir más a los posibles consumidores hasta convertirlos en dependientes de ellas.

La heterogeneidad de sus expresiones de marketing da prioridad a su uso a costa de lo que sea y, por ende, persigue que los usuarios consideren como el único camino en la vida para tener valor en estos tiempos. El método de persuasión está diseñado para ello y ganar así partidarios, y se ha generalizado con el propósito de obtener beneficios económicos.

Esto no es tan sencillo, han creado un código cuyos sintagmas introducen en los clientes una “casi única forma de elegir” en cómo vivir en estos tiempos gracias al uso de las nuevas tecnologías. El que no se adapta, lo han declarado ya víctima irremisible.

Pero si recordamos, la historia casi siempre se repite, aunque a diferentes formas de comprensión desde luego. Cuando apareció el cine, parecía que el teatro languidecía primero y, luego, fallecería. Sin embargo, vale recordar que el teatro pervive aún, y no hay actor o actriz que se respete que no lo considere como la forma genuina de hacer una verdadera dramatización y de forjar a un actor.

No sabemos cuáles son las razones por las que un grupo  -a los que algunos denominan jocosamente “fundamentalistas de las nuevas tecnologías”- han considerado oportuno ridiculizar a los que no desean comprometerse con la nueva aventura  -por cierto, válida y necesaria, pero no la única forma de existencia y de obtener cultura-. 

La preocupación de quienes se han hecho eco de considerar a las nuevas tecnologías como algo más allá de lo necesario, hablan mucho de democratizar el diálogo en ese y otros aspectos, pero cuando alguien los combate, entonces no toleran la discusión, sino que se tratan de imponer sus puntos de vista burlándose de los demás, de aquellos que no saben utilizar las nuevas tectologías, o no tiene acceso a ellas, y de esa manera van creando unos ghettos de afines para distinguirse de los que no saben o no pueden conocer esas herramientas. 

Y hay más, resultaría interesante conocer cómo esos mal denominados fundamentalistas  introducen en su medio las alternativas que se han creado en el país, como es el caso del Proyecto Mochila, que cada semana actualizan los Joven Club. No se puede construir una idea de algo, si se desconoce al otro, si no se toma en cuenta. Las Nuevas tecnologías han llegado para quedarse, pero no para ser utilizadas en ideas supuestamente progresistas que, por alguna razón, son cuestionables. 

Por otro lado, esas nuevas tecnologías deben insertarse en el ambiente cultural cubano de hoy. Deben servir para resaltar nuestros valores, dinamizar las potencialidades de los mismos a partir de que reconozcamos que vivimos en un país bloqueado, y no caer en triunfalismos y apologías. Urge que los que aluden a estas nuevas tecnologías se inserten en el ámbito de la sociedad cubana, no para a veces convertirse en francotiradores de esa misma sociedad.

Es cierto que las nuevas tecnologías nos darán una manera más rápida para acceder a la información y a la cultura, que facilitarán la búsqueda de esa información, que permite por tanto una accesibilidad mayor en cuanto a contactos y a redes sociales, que posibilita la detección sistemática de propuestas relacionadas con las proyecciones de uno, que nos dota de nuevos servicios como usuarios que acudimos a la utilización de esas herramientas necesarias, pero no es el todo poderoso que todo lo resuelve.

Eso es lo que confunde a muchos, y hay inclusive los que subvierten esos objetivos con ideas y sueños de restablecer nuevas políticas, de trazar políticas culturales. Quizás estén errados en sus sueños solamente en ese sentido, y no vayan más lejos en sus intenciones. 

La cultura se sedimentará en la medida en que los hacedores de la misma sean cada vez más capaces, pero no porque tengan que acudir a toda hora a las herramientas de las nuevas tecnologías para que se abran las entendederas. 

No rechazamos ni estamos cuestionando a quien se involucre en esos menesteres como adalides, antes bien, los consideramos unos pioneros en ese quehacer, porque las nuevas tecnologías son esenciales su utilización en el mundo moderno -aunque crean adicciones en muchos niños y jóvenes, como está demostrado-. Nos referimos a los que se aferran a exacerbar las nuevas tecnologías en un país en el que no todo el mundo ha podido adquirir una computadora, y le urge más resolver las necesidades vitales de su familia ante todo. Es necesario se sensato en los sueños.   

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: Sede de la UNEAC

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