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Cirules, el gran fabulador

Enrique Cirules, foto de internet

La noticia, como siempre ocurre en estos casos, me sorprendió. La muerte de Enrique Cirules (Nuevitas, 1938-La Habana, 2016), pone fin a la existencia a un escritor cubano de honda repercusión, a un hombre bueno, a un incansable investigador, al hacedor de planes sin otra pretensión que exaltar la cultura por encima de todo -y la cubana, en particular-, y al amigo incondicional.

Ese fue Enrique Cirules, con quien me unió una sólida amistad, que provenía de la sostenida por él con mi padre; y por un profundo respeto mutuo que nos invadía. De extensa obra literaria, en la que se advierten textos de narración, testimonio e investigación; fue acreedor, además, de importantes Premios como el 26 de Julio, Casa de las Américas y el de la Crítica Literaria; pero, sobre todo, lo que más sobresalió en él fue su dimensión humana y el dejar un sedimento de afecto y compromiso extraordinario.

Con una vida que comenzó como trabajador simple en su natal Nuevitas, se armó de una vasta cultura y de una capacidad para captar amigos. Fue, sin dudas, un reflejo de su época, de las premisas de un hombre de su tiempo, con los mismos conflictos, contradicciones, sueños y esperanzas que cualquier cubano. Eso sí, difícilmente haya un nuevitero tan amante de ese litoral y bahía, y de los recovecos en la zona de Guincho, como él.

Estudioso de Ernest Hemingway, se acercó al gran escritor estadounidense, no desde la óptica intimista o turística, sino que lo hizo con el ánimo de escrutar en las peripecias de un creador genuino y, como tal, así lo plasmó en sus textos “Hemingway en la cayería de Romano” –que tuve el privilegio de editar para Ácana en el 2004- y “Hemingway, ese desconocido”, amén de las charlas y conferencias que brindó en los Coloquios que, en honor al Dios de Bronce de la Literatura, se llevan a cabo en nuestro país cada dos años.

Enrique Cirules será siempre recordado, porque es un claro exponente la literatura cubana de los últimos cincuenta años, y un digno representante de la misma. Habría mucho que decir sobre su quehacer autoral, pero no es nuestro interés estar hoy haciendo una sumatoria de su ejecución. He querido, solamente, hacer este pequeño homenaje a un amigo al que siempre recordaré, y al que no escuché pronunciarse en contra de una persona aun sabiendo que le había tratado de hacer daño. Así de bueno era mi estimado Cirules. Gracias, hermano, por haberme dado la posibilidad de conocerte, de leer tus obras, de apreciar tu talento y la bondad que emanaba de ti.

*El autor es un ensayista cubano, con varios libros publicados. Miembro de la UNEAC. 

Autor: Jorge Santos Caballero

Fuente: UNEAC Camagüey

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