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Casino Campestre de Camagüey, naturaleza, tradición y vida

Casino Campestre de Camagüey, foto: Prensa Latina

Cuando en la madrugada del día 9 de septiembre la furia del huracán Irma azotaba el norte de la centro-oriental provincia de Camagüey, unos kilómetros al sur el mayor parque urbano de Cuba no sufría graves estragos.

A pesar de los fuertes vientos, el Casino Campestre hoy se mantiene entre las principales opciones recreativas y de esparcimiento en una ciudad habitada por más de 320 mil personas, que acceden a sus instalaciones.

Con una extensión de 132 mil metros cuadrados de senderos, césped y bancos entre cientos de tupidos árboles, el parque es de gran trascendencia para esta localidad con medio milenio de vida, tras su fundación por los españoles en 1514.

La historia del Casino Campestre se remonta a mediados del siglo XIX, cuando se erigió un edificio para los certámenes agrícolas, pecuarios e industriales, según apuntes de la investigadora local Lilian Aróstegui.

Con el paso del tiempo se hizo notable la relevancia del espacio, aprovechado por diversas sociedades de la época, entre ellas la Sporting Club.

Estas desarrollaron en dichas áreas juegos de pelota, carreras de bicicletas y bailes públicos, característicos de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

Ubicado a pocos kilómetros del área que en el año 2008 la Unesco declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, el parque también incorporó, hace más de una centuria, un hipódromo para carreras de caballos en días feriados y festivos.

A inicios del siglo XX, el 1 de julio de 1909, la prensa de la época reflejaba la inauguración de la glorieta de estilo Art Nouveau, en un material perdurable, la que acogió por décadas a la Banda de Concierto, aunque su sede alternó con el histórico Parque Agramonte, colindante con el antiguo Ayuntamiento.

Su auge y su esplendor hicieron del Casino Campestre un escenario perfecto para diversas actividades deportivas encabezadas por la sociedad Camagüey Sporting Club, responsable también de espectáculos públicos destinados a los socios en las distintas pistas y campos de béisbol, fútbol, tenis y baloncesto.

Con el triunfo de la Revolución en 1959, el vínculo entre el deporte y el Casino Campestre se extendió como práctica masiva. Nuevas instalaciones surgieron al alcance de toda la población, entre ellas el estadio de beisbol Cándido González y la Sala Polivalente Rafael Fortún Chacón.

Otro atributo resulta la extensión y la variedad de sus áreas verdes; paisaje natural en medio de la ciudad, que acciona como pulmón por la belleza de decenas de especies de árboles, cuya armonía contrasta con importantes esculturas dedicadas a personalidades que sobresalieron en el ámbito de la política, la educación y el progreso.

Sobresalen el Monumento al Libertador Desconocido, representativo del sentir patriótico del pueblo camagüeyano, integrado en noviembre de 1868 a las gestas libertarias contra el colonialismo de España; y las acciones independentistas lideradas por Ignacio Agramonte y Loynaz, conocido por la historiografía cubana como El Mayor.

Dentro del extenso conjunto escultórico también sobresalen las de insignes íconos del Camagüey, como Salvador Cisneros Betancourt; el monumento a Barberán y Collar, sobre la hazaña de los aviadores españoles que en 1933 establecieron una marca al cruzar el océano Atlántico entre Sevilla y Camagüey.

Reservado para el contacto directo con la naturaleza, al Casino Campestre lo atraviesa el Río Hatibonico, uno de los principales de la urbe, y también existe un pequeño zoológico con más de medio centenar de ejemplares.

La instalación, perteneciente a la Empresa Cubana de Zoológicos, posibilita ampliar la conservación de la flora y la fauna y fomentar la educación ambiental, a través de círculos especializados, orientados a diversos centros educativos.

Sitio especial para actividades deportivas, la creación musical, la plástica y otras, el Casino Campestre reúne características que propician la celebración de eventos socioculturales como la Feria Internacional del Libro, en un parque incorporado a la vida de los camagüeyanos.

Autor: Fidel Alejandro Manzanares

Fuente: Prensa Latina

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