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Camagüey: tierra del constitucionalismo

Asamblea de Guáimaro, foto de Internet

Solo habían transcurrido unos pocos meses y los cubanos, inmersos en la gesta revolucionaria de 1868, ya pensaban con sentido civilista. El cansancio de la manigua les había exacerbado el deseo de hacer valer leyes democráticas, de hacerse sentir como ciudadanos de Cuba y, aun dando los primeros pasos, desarrollaron la primera Constitución de la República en Armas.

La sede escogida fue Camagüey, punto estratégico para el encuentro, y que luego acunó otras Asambleas Constituyentes y pasó a conocerse así como territorio esencial de la historia jurídica de Cuba.

Grabado que refleja la Constitución de Guáimaro (1869), primera de la República en Armas.

El primer gran paso

Era 10 de abril de 1869, temprano en la mañana, y los principales protagonistas de la insurrección se encontraban frente a frente en tierras guaimareñas. Los tres ejes de combates, Camagüey, Las Villas y Oriente, necesitaban unirse y encontrar o definir una concepción de dirección.

Guáimaro, como era lógico esperar, estuvo permeado del enfrentamiento de tendencias, mayoritariamente entre Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte; pero se quería ganar la guerra y era necesaria la unidad. Uno apostaba por el mando único, donde las funciones civiles y militares fuesen controladas por la misma persona, mientras el otro abogaba por separarlos, con una división interna del mando civil.

Pero se llegó al consenso y la Patria tuvo ley y el Ejército Libertador orden. Y se dictó la Ley de leyes, un documento pensado mayoritariamente para regir durante la guerra, que reconoció la libertad como derecho esencial, diseñó una organización estatal integrada por la Cámara de representantes como poder legislativo, el Presidente como poder ejecutivo y el poder judicial que era independiente y organizado por ley.

Guáimaro no solo dio voz a la mujer con Ana Betancourt, sino que estableció al Estado cubano y marcó un hito en la formación de la nacionalidad cubana.

La nación continúa

En 1895 se reinicia la gesta revolucionaria y los líderes aún mantienen una vocación legalista y republicana por lo que se vuelve a pensar en conformar una estructura de dirección para la insurgencia. Nuevamente la ubicación geográfica del Camagüey servía de escenario para el encuentro; esta vez Jimaguayú.

Iniciada un 13 de septiembre, la asamblea estableció un Consejo de Gobierno integrado por seis personas que aunaban los poderes ejecutivo y legislativo, sin interferir en el aparato militar; quizás para garantizar el éxito de la campaña y no detenerse mucho en la rivalidad de pensamiento entre camagüeyanos y orientales, unos querían un gobierno civilista y otros apostaban por un mando único, de tipo militar.

Los presentes definieron el nombre del país como República de Cuba, plasmaron los principios fundamentales de unidad, de vigencia de las ideas independentistas, de soberanía.

Mas la misión de este encuentro era organizar internamente la Revolución de 1895 y en aras de ser coherentes, en su artículo 24 establecía la obligatoriedad de que si en dos años la guerra no estaba ganada, debía convocarse a otra asamblea. Renovar mando y pensar en terminar una Revolución que buscaba la independencia.

Una vez más

Cumpliendo lo pactado en Jimaguayú y siguiendo las normativas, los frentes de lucha se reúnen, esta vez en la Yaya. El proceso fue más extenso que los anteriores; el constitucionalismo mambí estaba madurando, a tal punto que hasta el documento final marcaba ese desarrollo.

Ahora el documento se encontraba dividido por títulos y secciones incluyendo preámbulo. Separa las jurisdicciones criminal y civil, regula las circunstancias en las que debía de reunirse el poder constituyente, a través de una asamblea de representantes,  y además presenta mejor regulación de los derechos individuales, incluyendo el de defensa.

Igual que en las anteriores el debate fue intenso, pero triunfó la fórmula del Consejo de Gobierno con similares secretarías; pero no se estableció el cargo de General en Jefe y una vez más se subordinaba el mando militar, elemento que al decir de investigadores, fue expresión de la hegemonía civilista.

El último intento

La cuarta Asamblea de Representantes no fue del todo exitosa. Se reunieron esta vez en el municipio de Santa Cruz del Sur, para responder a lo que señalaba la Constitución de la Yaya de que en caso de que los españoles abandonen la Isla o los mambises ocupen una parte sustancial del territorio, había que elaborar una nueva Carta Magna correspondiente al nuevo escenario.

En octubre de 1898 fue el encuentro luego de firmado el armisticio entre España y los Estados Unidos, sin la presencia de los cubanos. Era una misión difícil. El país estaba intervenido y no podría ser sencillo lograr que el gobierno norteamericano reconociera a la Asamblea como la representación legítima del pueblo cubano y le entregara la administración del naciente Estado. No se pudo.

De esta forma Camagüey sirvió de cuna para el constitucionalismo mambí, el cual fue creciendo y apoyando el naciente sentido de ciudadano cubano que debe defender la nación.
 
*Para la realización del texto se consultó el libro Hitos constitucionales del siglo XIX cubano, compilador Carlos  Manuel Villabella Armengol.                       

Autor: Gretel Díaz Montalvo

Fuente: Periódico Trabajadores

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