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Blanca Felipe y los tabúes del teatro para niños

Blanca y La Andariega, foto: Orlando Durán Hernández

Blanca Felipe Rivero se sabe “una mujer que habla desde la escena”, y esa autodefinición se confirma en el privilegio como la dramaturga más montada en la escena cubana actual, por la intensidad y la irreverencia de tantas historias suyas que vuelan dentro y fuera del teatro para niños.

A Camagüey viene con frecuencia por su relación profesional con la compañía La Andariega, que ha ayudado a crecer y que también la ha ayudado a condensar en la práctica ideas, problemáticas y propuestas acerca del universo infantil. Ahora regresa con el pretexto del Festival Teatrino.

“La Andariega ha llevado a escena mis últimos textos, que componen una trilogía de temas tabú, una inquietud que vengo desarrollando desde hace tiempo, reflejada en textos como Beatriz y los papás malva (2004); también un traslado de Cenicienta, con esa mirada diferente o cuestionadora del universo infantil, con temas difíciles, poco o nunca tratados en la dramaturgia cubana, que llegaron primero a la literatura, pero nunca al teatro”.

Esa trilogía la integran Ventana de estrellas —que La Andariega montó como Jardín de estrellas—, ¡A las tres de una vez! e Historias que vuelan dentro, aglutinadas en un volumen con el sello de Ediciones Alarcos, en el 2016, y presentado ese mismo año en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

“En Ventana… el tema del abandono. En ¡A las tres…! la sobreprotección familiar y el abuso sexual. En Historias… el bullying —como se identifica el fenómeno del acoso escolar, a toda forma de maltrato físico, verbal, psicológico —el dilema del niño amanerado dentro del marco escolar. Todo eso tiene que ver con los espacios fundamentales del ser humano como el hogar, el barrio, otros entornos y la escuela”.

Blanca Felipe estimula un teatro diferente, que no excluye el sentido del humor ni las ternuras infantiles: “En eso traté de ser lo más cuidadosa, con temas que duelen, que existen dondequiera que esté el niño, y que a veces se silencian. El dolor silenciado es más duro”.

HISTORIAS CON LA ANDARIEGA

La Andariega cumple 21 años como proyecto con y para niños, adolescentes y jóvenes, de gran impacto con su teatro callejero, sus iniciativas como el Teatrino y múltiples valores que le hacen merecer exclusivas de Blanca Felipe.

“La Andariega es una academia, con características únicas en el país. Allí empiezan desde pequeños, por lo que la comprensión, la capacidad y las habilidades en progreso facilitan un producto artístico profesional de mucha calidad. Por eso espectáculos como Jardín de estrellas han estado en la muestra del Festival Nacional de Teatro de Camagüey. Ha tenido mucha presencia en el país, en encuentros de la Asociación Hermanos Saíz y de otros espacios de profesionales”.

Ella valora cada lugar a donde llegan por la mutua visibilidad de sus textos con óptica de género, desde la labor teatrológica que además despliega con ensayos de teatro para niños, con el ejercicio de la crítica y a través de la docencia.

“He tenido la gran suerte de que los niños se sepan mis textos. Hay niños que se me han acercado porque escribieron una escena inspirados en las mías. Me he ocupado de trabajar desde su lenguaje. Fabular situaciones resulta fácil para ellos. Que se identifiquen con mis voces y con lo que sale de mi cabeza es una gran suerte”.

Ventana de estrellas y ¡A las tres de una vez! fueron pensados para un niño y una niña. La Andariega hizo Jardín… con dos varones, desde el marco de la amistad, pero en la tercera obra, Blanca asumió el reto dramatúrgico de descartar el lugar fijo para pasar a muchas acciones de traslado.

“En Historias… me atrevía a trabajar con más niños, pero de alguna manera cierra mis ganas de mostrar al niño con mucha transparencia, lo que desea, lo que quiere hacer, qué le pasa en su casa, en su entorno, cuál es la vida que tiene, qué quisiera ser cuando grande, que casi siempre se relaciona con la vida que tiene desde que nace. Historias… la escribí pensando en La Andariega, por eso tiene insertado momentos coreográficos”.

Su conocimiento del universo infantil evidencia un trabajo acucioso de búsqueda. Para tratar el niño amanerado investigó durante dos años, observó juegos en la escuela, conversó con maestros, con vecinos, con adultos gay que de su infancia “me contaron de rechazo, de maltratos, pero también de cercanías, de apoyos, de protecciones”.

ANÉCDOTAS DE BAMBALINAS 

En una de las sesiones de trabajo con La Andariega, para el montaje de Historias que vuelan dentro, le sucedió algo que adora: justo cuando siente el mayor acompañamiento a las interrogantes de los niños.

“El encargado del personaje de Yuslier me pregunta: '¿Pero los niños son gay o no?' Le dije: Los niños no son gay. Gay es una orientación sexual de cuando la persona se descubre más adelante, pero los niños sí tienen amaneramientos, incluso condiciones psicofísicas y biológicas por naturaleza. Yo pongo el niño amanerado porque es una manera de ser maltratado”.

Realmente el bullying constituye el centro de una problemática en los centros escolares, y el maltrato viene por muchas razones, por la burla al “bruto”, al delgado o enfermizo, al de espejuelos, al demasiado sobreprotegido...

“Los niños comprenden muchas veces por intuición antes de saber de qué se trata, y es interesante porque también a nosotros los adultos nos pasa, que a veces comprendemos cosas de manera inconsciente, sin ponerle razón”.

Blanca Felipe cuenta además de la enseñanza a partir del diálogo de lenguajes y textos.

“Una niña de seis años, hija de intelectuales que le leen teatro, porque todavía no puede leer, es fan de mis textos. Eso me fascina. Cuando le pregunté por qué de la trilogía prefería ¡A las tres de una vez!, contestó: 'Porque me gusta cuando los niños se ayudan'. Hay un misterio que se descubre poco a poco, pero el descubrimiento total está en ese mundo del misterio, hermoso; y en el de la observación. En la medida que observas, descubres más, y lo que se te queda por descubrir sigue siendo sutil, solo entonces entras en ese entramado maravilloso de los universos humanos”.

Con los adultos le ha pasado diferente: “Muchos profesionales dicen que lo que trato es muy cruel para niños, porque empiezan a meter sus tabúes de adultos antes de tiempo, los parabanes de adultos pensando que el teatro para niños tiene que ser bonito, colorido, divertid... y todos esos patrones que le han puesto y que a veces desestructuran de algo tan importante como emocionarse, para ese trasiego intersubjetivo que se supone que es el arte”.

Concibió sus primeros textos para el objeto títere, y luego pensó en adultos haciendo de niños.

“Los actores han tenido cierta resistencia porque hacer de niño es difícil, un trabajo interpretativo de mucha artesanía. Aun así, ¡Alas tres…! está estrenado por el grupo Paquelé, de Sancti Spíritus. Teatro del Silencio hizo Ventana… También es un placer para mí”.

LA CLAVE DE SU DRAMATURGIA

Blanca Felipe egresó del Teatrología y Dramaturgia, en la especialidad de Crítica, por el Instituto Superior de Arte en 1985.

“No soy de los dramaturgos que dicen que quieren que le sostengan esta coma, tal palabra. No, porque la dramaturgia es más que las palabras. A veces ese universo detrás de las palabras se convierte en imágenes escénicas, en el contenido de un actor para trabajar un sentimiento”.

Tenía ganas de escribir pero no se atrevió hasta el 2003 con Romelio y Juliana, una versión de Romeo y Julieta en la línea de trabajo del humor criollo, expresión de la cultura de la ruralidad.

“Lo escribí pensando en Los Cuenteros, el grupo donde trabajo. Logré el dilema de las familias con adivinanzas y refranes campesinos, y una fabulación de tradición que tiene que ver conmigo. Pasé mi infancia en la finca de mis abuelos guajiros, y sorprendentemente el texto se ha convertido en un clásico”.

Inmediatamente escribió Beatriz y los papás malva, acerca de una niña de nueve años, de padres divorciados, que vive con su mamá, una mujer la deja sola con la llave colgada al cuello para irse a la calles con los hombres.

“La escritura para mí es otra manera de ser teatrista. Yo siento el mismo placer escribiendo un texto que haciendo una labor de asesora teatral, que escribiendo una crítica de un espectáculo que no sea mío, que pensando y tratando de hacer teoría a través de un ensayo. La palabra es pronunciarme a partir de mis pensamientos, mis sentimientos y mis emociones”.

En ese despliegue considera vital su labor como asesora, la participación en el proceso creativo desde la selección, el análisis de los textos y el montaje.

“Como asesor tienes la posibilidad de estar desde la génesis hasta el final. Eres un tipo de espectador que se inmiscuye, con opiniones que se convierten en recursos expresivos, y que lo puedes “vender” al público. Es muy intenso y esa intensidad me ha permitido explorar, y tener la suerte de que todo lo que escribo llega a escena”.

UNA INFANCIA DE PELÍCULA 

Blanca Felipe nació en Quivicán, asentamiento de la entonces conocida como “Habana campo”, actual Mayabeque, y se forjó como profesional admirada, actual profesora de Metodología de Investigación y Análisis Teatral en la Universidad de las Artes, donde dirige la Cátedra Freddy Artiles.

—¿Cuánto has logrado a través de la Cátedra?

—Un archivo de textos para todo el país, porque hay muy poco publicado. Lo hice al comienzo de la cátedra en el 2010. Desde allí dirijo la parte teórica de la Bacanal de Teatro Títeres para Adultos, paneles, talleres. En el 2013 inicié el proyecto “Eso no se toca”, de temas tabú, donde inserto la literatura, a sociólogos, psicólogos, cosas de cine y donde está sumada La Andariega.

—En más de una ocasión he escuchado echarle la culpa al dramaturgo de los problemas del teatro cubano. ¿Qué opinas de la manera en que se escribe le escena hoy?

—No creo que la culpa sea de los dramaturgos. La sensación de crisis es la manera natural de existir del teatro. Hay muy buenos dramaturgos de teatro para niños en Cuba y muchos textos, pero no se investigan ni se exploran. A veces los dramaturgos llegan primero a los recursos expresivos que los directores. Como la escritura está a mano en un librito, te lo llevas para cualquier lado y puedes decir: “mira, tiene este problema, esto no me gusta”.

—Entonces, ¿qué pasa con los directores?

—Hay directores que no se hallan por un problema de conocimiento, porque el gusto tiene que ver con lo que eliges y provocas. Si no lees teatro, si no indagas, no puedes por intuición propia encontrar, porque un teatrista es un intelectual, una gente que tiene que explorar su zona.

—Pero sigue el dilema con los textos dramáticos…

—Aun cuando son propuestas para la escena y pueden ser más cercanos a la escena o no, son puntos de partida. Hay dramaturgos demasiado exigentes, imponen que se haga exactamente lo que fabularon. Un texto teatral es un punto generador, un genotexto fundamental, importante porque te propone un orden, te regala personajes y recursos expresivos, y el director lo sigue escribiendo con su manera de ver la escena, le incluye música, sonido.

—Blanca, sé que eres de Quivicán, ¿cómo “encontraste” tu carrera?

—Soy natural de Quivicán, aunque hace tiempo en Boyeros, ciudad de La Habana. Siempre tuve inclinaciones artísticas. En la Casa de Cultura cantaba, pintaba, pero nunca se me ocurrió hacer teatro. Al ISA me presenté para el examen de canto, sin embargo me dijeron “afinas muy bien pero no tienes voz de lírico”, entonces intenté con teatrología y aprobé sin haber escrito nunca, sin apenas haber visto teatro.

—¿Y de dónde salió tu componente dramático?

—Vi mucho cine desde que tenía 10 años. Mi mamá era proyeccionista en Quivicán. Veía una película hasta tres veces, lo mismo desde arriba de las proyecciones, que desde abajo. En aquellos tiempos del cine de barrio cambiaban las películas dos veces a la semana, se ponía mucho y variado. Después comprendí que mi componente dramático y mi contacto fundamental con el arte tenía que ver con el cine.

Autor: Yanetsy León González

Fuente: Adelante Digital

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