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A pie por Camagüey

Iglesia de San Juan de Dios

Un paseo a pie por las adoquinadas calles que entretejen el añejo paisaje colonial de Camagüey es una experiencia inolvidable para quienes visitan hoy esta oriental ciudad cubana.

Disfrutar del apacible ambiente del centro histórico, Monumento Nacional, parece ejercer una mágica atracción para los turistas que buscan atrapar en sus cámaras el sueño de viajar al pasado.

El alto grado de conservación de plazas, iglesias, residencias y edificios públicos señala un presente con los ingredientes de siglos atrás, que les confirma el alto sentido de pertenencia de quienes han sabido mantener vigente su patrimonio.

Y es que a la par con el cuidado del entorno arquitectónico es posible apreciar vivas entre los actuales residentes, centenarias tradiciones, costumbres ancestrales, deliciosas leyendas, y en general una cultura que los identifica.

Nacida en 1514 a 533 kilómetros de La Habana, Camagüey es una de las primeras siete villas fundadas por el Adelantado Diego Velázquez en América, y posee un caprichoso tejido de "callejones", vetustas iglesias y casas de mampuesto con amplios ventanales, que ofrecen un boleto para emprender un insospechable recorrido por épocas pasadas

Qué, si no, le sucede al caminante en la plaza de San Juan de Dios, un conjunto arquitectónico que debe su nombre al convento-hospital concluido en 1728, donde estuvo preso en 1822, el filibustero Jean Laffite y que además se vincula con el fraile José Olallo Valdés (1820-1889), cuya obra benéfica de medio siglo permanece en la memoria colectiva.

Meticulosamente restaurado, el antiguo hospital es hoy un importante centro cultural, y la plaza donde el 12 de mayo de 1873 fue expuesto por las autoridades militares españolas, el cadáver del mayor general Ignacio Agramonte Loynaz (1841-1873), una de las más relevantes figuras de las guerras independentistas cubanas del siglo XIX, es un lugar de cita obligada de locales y foráneos.

Muy cerca de allí están las "Las Cinco Esquinas del Ángel", un pintoresco rincón donde se entrecruzan tres tortuosas callejuelas que ilustran el peculiar trazado de la ciudad, y reafirman la hipótesis de que los lugareños lo concibieron así para desorientar a los piratas.

A pocos minutos de grato caminar, donde estuvo la plaza fundacional o Mayor de la Villa en 1528, se encuentra el Parque Ignacio Agramonte cuya estatua ecuestre de ese prócer, obra del escultor italiano Salvatore Buemi, es espacio de celebraciones patrióticas y corazón de la ciudad.

Múltiples son las opciones para quien llega a este parque que se hace rodear por importantes edificios, entre ellos la Catedral Metropolitana, la sede del Gobierno Municipal, la Casa de la Trova, la galería de arte del afamado pintor Joel Jover y la Biblioteca Provincial, entre otros.

Avanzando por el céntrico boulevard de la calle Maceo es difícil sustraerse a los encantos de la Plaza de La Soledad, que data del siglo XVII, es otro de los originarios espacios públicos de esta ciudad y cuya iglesia de igual nombre nació escoltada por una leyenda y que en el breve callejón aledaño puede encontrarse un restaurante típico llamado El Bodegón de San Cayetano.

A unos metros de allí se yergue una casona de amplio patio colonial y tejada estampa que sirve de sede a un complejo que incluye restaurante, bar, centro nocturno, tienda y otros servicios que se ofrecen en una atmósfera de clásico criollismo cubano.

Más adelante el pasado sigue latiendo en antigua plaza "de la Merced", hoy "De los Trabajadores", que tomó su aspecto presente en el XVIII y en donde resalta una mansión de esa época, la casa natal de Ignacio Agramonte, actualmente museo que en su hermoso patio interior muestra las típicas vasijas de barro cocido, llamadas tinajones, el símbolo de Camagüey.

La inmediata iglesia de la Merced (1748), de notable arquitectura, exhibe una de las torres más bellas de Cuba y guarda el Santo Sepulcro, joya del arte religioso de plata laminada, que fue elaborada en 1762 por el artífice mexicano Juan Benítez Alfonso y es única en la Isla.

Un soleado día no bastaría para este imaginario paseo, porque el asombrado viajero se perdería los exquisitos detalles de la plazoleta de Bedoya, que se forma al entrecruzarse tres calles, tiene seis esquinas y fuera conocida como "el Pozo de Gracia" porque allí existía un manantial que nunca se agotaba.

Tampoco disfrutaría de la Plaza del Carmen, cuya iglesia de similar nombre, es la única de dos torres en la ciudad, y combina elementos barrocos y neoclásicos, junto al antiguo convento de las Ursulinas (1829), recientemente restaurado y sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Habría que prescindir del Parque Martí, denominado actualmente Plaza de la Juventud, circundado con edificios de diversas épocas y estilos arquitectónicos: barroco colonial, neoclásico, ecléctico, art-noveau y racionalista, entre los que se destaca la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (1920), de estilo neogótico catalán.

Claro que si el visitante contara con más tiempo, podría conocer el Callejón de la Funda del Catre, considerado el más estrecho del país, porque en su limitada geografía apenas pueden transitar los ciclos y desde donde sería fácil acceder a la plazoleta de Triana, cuyo entorno se relaciona con las tradiciones afrocubanas de raíz conga.

No menos interesante resultaría al caminante foráneo visitar el Casino Campestre, el parque más grande del interior cubano que ofrece su amplio espacio para la reflexión y el esparcimiento espiritual y cuenta con numerosas opciones de entretenimiento para niños adultos como el minizoo, el Palacio de la Juventud y el parque infantil.

A lo anterior habría que sumar su exuberante vegetación, sus notables estatuas que honran a personalidades de la historia nacional, e incluso la que se dedica a los españoles Mariano Barberán y Joaquín Collar, protagonistas en 1933 del vuelo Sevilla-Camagüey.

Y como para que la contemporaneidad no fuera menos en la imagen que se lleva un turista, la Plaza de la Revolución Mayor General "Ignacio Agramonte", bordeada por altos edificios, el palacio de los deportes y la sede del Gobierno provincial, hace constar su protagonismo en las citas de masivas concentraciones populares.

La aventura hacia el pasado que suscita un recorrido por Camagüey no se limita a los lugares mencionados, porque esta es cuna de grandes poetas, ilustres científicos y relevantes patriotas y más allá de su arquitectura, tradiciones, historia y leyendas que resisten al tiempo, el quehacer creativo de su gente no se detiene.

Quizás fue por eso que el Poeta Nacional, Nicolás Guillén, hijo de esta tierra dijo: "Las calles camagüeyanas confluyen como los ríos... tanto en la realidad como en la memoria", y aseguraba que de sus andanzas por estas calles nacieron sus más puras emociones.

Y fue así que Camagüey le llevó a decir en nostálgicos versos: "Vengo de andar, y aquí me quedo, / Con mi pueblo/ Vengo con mis recuerdos, / Vengo con mis heridas... / Y mis versos.", texto que seguramente suscriben muchos de los que tienen el privilegio de conocer a Camagüey.

Autor: Sergio Morales Vera

Fuente: Prensa Latina

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